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 Testigos de la Resurrección

Hna. Ondina Cortés, RMI

Siempre me ha llamado la atención que para los primeros discípulos, no fue la pasión y muerte del Señor lo que transformó sus vidas, sino la experiencia de Cristo resucitado. A pesar de las lágrimas de arrepentimiento de Pedro, no lo encontramos al pie de la cruz. La única reacción que vemos en los apóstoles, ante la injusta y horrenda muerte de su Maestro, es el miedo. Sin embargo, tras las apariciones de Jesús los apóstoles son hombres nuevos.

En los Hechos de los Apóstoles podemos notar dos claras repercusiones de la resurrección en la primitiva comunidad: Seguían dando un poderoso testimonio de la resurrección y no había entre ellos ningún necesitado porque todos compartían lo que tenían (Hch. 4, 32-35). La Iglesia que nace de la resurrección es una Iglesia misionera, dispuesta a ir hasta los confines de la tierra para anunciarle; es una comunidad solidaria, dispuesta a compartir los bienes porque ha descubierto lo relativo de las cosas de este mundo y el misterio de la fraternidad que se funda en la nueva vida en Cristo.

Participantes del último curso de liderazgo ofrecido anualmente en el Centro Juvenil, que prepara a los jóvenes para la evangelización en las parroquias y en la sociedad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Si la película de la Pasión del Cristo, el recuerdo de su entrega por nosotros en la cruz, llenó tantos corazones de sentimientos de arrepentimiento, hasta el punto de que en Texas un hombre confesó el asesinato que había cometido, cuanto más no debería movernos la resurrección. Ya no por sentimientos de culpabilidad o agradecimiento, sino como dicen los Hechos de los Apóstoles, “por el poder de la resurrección.” Es que si Cristo está vivo, se tiene que notar. ¿Cómo? En la misión y en el compartir.

Jóvenes de la parroquia San Agustín participan en el Via Crucis arquidiocesano celebrado el 3 de abril de 2004. Los jóvenes dieron testimonio de su fe a lo largo de la US1 hasta la Ermita de la Caridad, donde terminaron con la adoración del Santísimo.

Seremos verdaderos testigos de la resurrección, si en esta Pascua sentimos deseos de anunciar su Buena Nueva. Si la fuerza de la resurrección nos mueve a cruzar fronteras...no necesariamente geográficas, sino a salir de nosotros mismos y atravesar esos muros que nos han separado de las personas. Es muy interesante que Jesús al aparecerse a los apóstoles atraviesa las paredes físicas y las paredes de miedo que ellos se habían construido. En todas las apariciones, Jesús les envía en misión: a pescar y apacentar (simbólicamente), a anunciar y proclamar.

Finalmente, la resurrección nos tiene que hacer más solidarios. Nuestra alegría no nos puede hacer olvidarnos de los que no tienen lo necesario. Jesús nos dice que lo que hagamos por cualquier necesitado lo hacemos por Él (Mt. 25). Hemos de descubrirle como hermano en el pobre y estar dispuestos a compartir lo que somos y tenemos con alegría.

Cada verano en la Oficina de Jóvenes ofrecemos un programa (Y.E.S.=Youth Enjoying Service) para que los jóvenes tengan la experiencia de vivir estas dos dimensiones del discipulado: la misión y la solidaridad. Por una semana los jóvenes comparten en diferentes contextos su fe y se entregan a los más necesitados. Es una pequeña manera de formar “testigos de la resurrección.” Para dar ese testimonio, tenemos que tener experiencia de Jesús, vivo entre nosotros. Por eso, durante esa semana les enseñamos a “ver a Jesús” en el hermano, en el silencio de la oración y el compartir fraterno. En su mensaje a los Jóvenes, el Domingo de Ramos, el Papa les indicó este mismo camino para ver a Jesús:

“Poned todos los medios a vuestro alcance para hacer posible este encuentro, mirando a Jesús que os busca apasionadamente. Buscadlo con los ojos de la carne a través de los acontecimientos de la vida y en el rostro de los demás; pero buscadlo también con los ojos del alma por medio de la oración y la meditación de la Palabra de Dios”.

En esta Pascua, dejemos que el poder de la resurrección opere en nosotros esta novedad de vida que nace de haber “visto” a Jesús, que nos dejemos transformar en personas dispuestas a la misión y la solidaridad.

ondina@claretiansisters.org