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V O Z    D E L    A R Z O B I S P O

El sacerdocio es un sí permanente a Dios

Mis queridos amigos:

Arzobispo John C. Favalora

Este fin de semana, nuestra arquidiócesis será bendecida nuevamente, cuando me corresponda ordenar a cuatro nuevos sacerdotes para que ejerzan su ministerio entre nosotros.

Michel García, Charnel Jeanty, Henryk Pawelec y Juan Torres son ejemplos vivos de la diversidad del catolicismo en el sur de la Florida: uno nació en Cuba; otro, en Haití; el tercero, en Polonia, y el cuarto en Puerto Rico. El más joven tiene 30 años de edad; el mayor, 47.

Procedentes de ambientes y de familias diversas, el Señor los ha llamado al sacerdocio. Y lo que es más importante: ellos han escuchado el llamado, y han respondido con un .

Seguir la voluntad de Dios, nunca es fácil; lo mismo si somos llamados a ser sacerdotes, que religiosos o laicos, para vivir a plenitud nuestras creencias cristianas en un mundo secular y algunas veces amoral.

Discernir la voluntad de Dios era quizás más fácil hace años, cuando entré en el seminario. En aquella época, la gente se casaba más joven, y emprendía carreras a una edad más temprana. Hoy, muchos de los jóvenes que vienen a nosotros han terminado sus licenciaturas y hasta han trabajado en una profesión, antes de decidirse a entrar en el seminario.

Varían desde los que viven independientemente –ganando buenos salarios, viviendo por su cuenta, yendo y viniendo según su voluntad– hasta los que dependen de otras personas para casi todo.

Una vez que entran en el seminario, ya no se mantienen a sí mismos. Dependen de la arquidiócesis para pagar sus matrículas, sus libros, su dormitorio y su comida. Se les dice cuándo levantarse, cuándo rezar, cuándo comer. Siguen un riguroso programa de estudios durante no menos de siete años y, las más de las veces, durante nueve si entran en el primer año de la universidad.

Además de enfrentar un conjunto de pruebas sicológicas y de verificaciones de antecedentes antes de ser aceptados en el seminario, quienes estudian para el sacerdocio tienen que evaluarse a sí mismos todos los años, y ser evaluados por sus profesores, consejeros, y por los sacerdotes, religiosos y laicos que supervisan su trabajo en las parroquias.

Esos informes llegan por fin a mí. Habiendo sido rector de un seminario en Nueva Orleans, pueden estar seguros de que los reviso con mucho cuidado.

¿Por qué exige la Iglesia un proceso de estudios y de autoexamen tan riguroso? Porque la decisión de hacerse sacerdote no es sólo una decisión personal. Debe ser una verdadera respuesta a un llamado persistente del Señor. Primero, Él llama; entonces, uno responde.

Y ese debe repetirse cotidianamente, a lo largo del flujo y reflujo de la satisfacción y la decepción, de la alegría y el sufrimiento, de la calma y la ansiedad.

¿Les parece algo conocido? Debería serlo, porque es el mismo que las parejas casadas deben repetir todos los días si desean que sus matrimonios tengan éxito. Un dicho hace largo tiempo no basta.

Al mismo tiempo, les digo a los seminaristas que no se cuestionen su vocación cada día que llega, para que no se sientan ansiosos e inquietos. El Señor les hará saber con certeza si han sido llamados al sacerdocio, o a alguna otra forma de vida. Esta es la razón para que sean observados constantemente por otras personas.

En esta arquidiócesis tenemos la gran fortuna de que el Señor siga llamando hombres al sacerdocio, y de que tantos de ellos respondan al llamado. Actualmente, tenemos a más de 50 seminaristas estudiando en St. John Vianney, en Miami, o en St. Vincent de Paul, en Boynton Beach.

Esto es una bendicón y también una carga. A la arquidiócesis le cuesta alrededor de $1 millón al año financiar sus estudios, y más para mantener los seminarios. Es un gasto que se hace con alegría todos los años.

Lo que les pido a ustedes, al ordenar a estos nuevos sacerdotes, es que recuerden a todos nuestros seminaristas y sacerdotes en sus oraciones cotidianas. Recen también para que haya vocaciones, de modo que otros jóvenes escuchen también el llamado, y que el Señor nos siga bendiciendo con obreros para su viña.

Si usted desea hacer una donación, o dejar un legado en su testamento, tenga en cuenta los fondos del seminario, que nos permiten pagar los estudios de los futuros sacerdotes. Envíe su contribución directamente a mí, al Pastoral Center (Centro Pastoral), 9401 Biscayne Blvd., Miami, FL 33138.