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«La belleza de
lo divino» según Kiko Argüello
El Director Adjunto del Museo del Prado explica la magnífica
obra realizada por Kiko Argüello, fundador del Camino
Neocatecumenal, en la Catedral de la Almudena en Madrid. Fue
aquí que el príncipe Felipe de Borbón y Leticia Ortiz
celebraron su boda el 22 de mayo.
Gabriele Finaldi
Arquidiócesis de Madrid
Las pinturas murales que pintó Kiko Argüello, fundador del
Camino Neocatecumenal en la Catedral madrileña de la Almudena se
insertan en la más antigua tradición pictórica cristiana:
símbolos y representaciones, imágenes de carácter narrativo y,
al mismo tiempo, escenas litúrgicas. El arte en las catacumbas
confirmaba la fe de los creyentes, los mosaicos de las basílicas
paleocristianas alababan la majestad de Cristo, y los ciclos
pictóricos de las iglesias medievales transmitían las historias
evangélicas y su contenido salvífico a los fieles. «La belleza y
el color de las imágenes estimulan mi oración para dar gloria a
Dios», decía San Juan Damasceno, el gran apologista del arte
cristiano.
En el ábside de la Almudena los «frescos» –realmente son
pinturas al óleo sobre el llamado «estuco romano»– ilustran y
anuncian los grandes acontecimientos de la fe: a la izquierda,
el Bautismo de Jesucristo en el Jordán, la Transfiguración y la
Crucifixión, y a la derecha, la Resurrección, la Ascensión y
Pentecostés. En el centro, directamente encima del altar mayor y
perfectamente visible desde el fondo de la nave, está el
Pantócrator, el Cristo Todopoderoso, que resplandeciente de
blanco parece salir de los confines físicos del espacio de la
pared en que está pintado, anunciando la segunda venida y el
juicio escatológico. «Amad a vuestros enemigos. Vengo pronto»,
rezan las palabras en el libro abierto que lleva en la mano
izquierda. Es el mismo Cristo de los mosaicos de Rávena y
Monreale, de los ábsides románicos de las iglesias catalanas, y
de las iconostasis rusas y griegas.
En el siglo XX el arte religioso ha experimentado una profunda
crisis. Ninguno de los grandes artistas de la modernidad se ha
dedicado a la decoración de iglesias, salvo alguna rarísima y
muy puntual excepción como Matisse o Chagall. Las vanguardias
abandonaron los temas tradicionales de la pintura religiosa
prefiriendo, en cualquier caso, un misticismo de carácter
abstracto como el que practicaron Mondrian, Kandinsky o Mark
Rothko. Los pintores figurativos han utilizado la iconografía
cristiana con fines alusivos o hasta irónicos como, por ejemplo,
hicieron Otto Dix y Francis Bacon. En el umbral de un nuevo
siglo y en el contexto de un panorama artístico como el actual
que ofrece estilos y lenguajes tan variados ¿qué tipo de
decoración y qué lenguaje pictórico para una catedral tan
importante como la de Madrid?
Argüello se remonta a la iconografía y las formas que estuvieron
vigentes durante mil años de historia del arte europeo
–prácticamente hasta el Renacimiento– buscando en la tradición
pictórica las fuentes de una renovación estética cristiana capaz
de expresar la belleza y la antigüedad de la fe, y los anhelos
ecuménicos –muy actuales– de unión con las iglesias de oriente.
No es en absoluto un arte ajeno a estas tierras. En la tradición
bizantina se formó Doménikos Theotocopoulos, El Greco, y tanto
sus figuras hieráticas, alargadas y de intensos colores, como el
contenido espiritual de sus obras españolas, son deudoras de la
misma tradición milenaria. En estas pinturas murales los
brillantes fondos de pan de oro, como en los retablos de Duccio
di Buoninsegna y los iconos de Andrej Rublyev, atestiguan que
las escenas van más allá de la inmediatez del hecho histórico
para transmitir acontecimientos de divina trascendencia.
¿Pintura neo-bizantina en un contexto arquitectónico neo-gótico?
La Iglesia no nació ayer. Tiene dos mil años de tradición
artística y una de sus grandes virtudes institucionales ha sido
la de renovar dentro de la tradición, sintetizar y yuxtaponer
sin rupturas, como el dueño de una casa «que saca de su arca
cosas nuevas y cosas viejas». Las pinturas de la Almudena, como
los murales que ha ejecutado Argüello en las iglesias de Roma,
Florencia, Piacenza, y Madrid, respiran un aire intemporal pero
también de nuestro tiempo. Las inquietudes por un abstractismo
formal y por el valor intrínseco de los colores, la mezcla de
distintos tipos de acabado, las ansias por una elegancia
geométrica, son la herencia de cierta pintura del siglo XX.
Trasciende, en las pinturas de Kiko, un deseo de hacer puentes
entre lo antiguo y lo moderno, la tradición y la modernidad.
Sobre
las escenas pintadas Argüello ha diseñado siete vidrieras, éstas
de carácter puramente abstracto. En la vidriera del centro se
inscribe el nombre de «María», patrona de la catedral, y en las
otras, «Palabra» en seis idiomas distintos. La combinación de
letras y decoración abstracta también refleja inquietudes
artísticas modernas, desde el Cubismo a Jasper Johns, pero es
también parte de la cultura visual hispano-islámica. Una octava
vidriera en la capilla directamente detrás del altar mayor,
realizada con una novedosa técnica de grabado al ácido sobre
cristal, representa a Cristo resucitado saliendo del sepulcro.
Está concebida como parte integral del conjunto decorativo, de
tal forma que, desde la nave, se establece un eje visual
vertical que va desde el altar del Cristo eucarístico, al Cristo
en la cruz de madera policromada (ya existente), pasando por el
Cristo resucitado de la vidriera hasta llegar al Pantócrator del
Juicio Final en la pintura del ábside.
En la nueva decoración de la Catedral de la Almudena se ofrecen
unos ricos contenidos teológicos y artísticos: para los
creyentes, la posibilidad de reflexionar y profundizar en los
misterios de la fe; para los titubeantes, la ocasión para
cuestionarse nuevamente sobre estos mismos misterios, y para los
muchos otros que visitan la catedral, la oportunidad de ver la «belleza
de lo divino».
Autor de «Viendo la Salvación. La Imagen de Cristo», en el que
Finaldi comenta las pinturas murales y vidrieras realizadas por
un equipo de artistas, dirigido por Kiko Argüello. Ex
Conservador de Pintura en la National Gallery.
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