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 Fe que se profesa, vida que se vive

Dora Amador

En esta edición de La Voz Católica tenemos como tema central los laicos, el “gigante dormido” –como les llamó Su Santidad Juan Pablo II– que comienza a despertar. Signo de los tiempos y manifestación actual del Espíritu Santo son, sin duda, el crecimiento de las comunidades y los movimientos laicales que vemos por todas partes; el surgimiento de nuevos grupos de oración y lecturas bíblicas en casas y parroquias; la búsqueda de una espiritualidad afín que los lleva a asociarse a congregaciones religiosas –la mayoría de ellas carentes de vocaciones desde hace décadas– para como laicos y laicas propagar su espiritualidad, su carisma fundacional. Hay muchos otros que se afanan por una educación religiosa básica que les permita entender mejor su fe, crecer en ella y poder servir mejor a la Iglesia.

Composición hecha con iconos pintados por
Kiko Argüello

Pero la realidad es compleja y engañosa, porque a la vez que se vive este asombroso fenómeno, día a día constatamos cómo aún la mayoría de los católicos “prácticos” –van a misa los domingos, sus tradiciones son católicas, etc.– no sólo carecen de formación sino que viven en una especie de dualidad esquizofrénica por la falta de coherencia entre la fe que profesan y la vida que viven.

El fundamentalismo secular fue arrinconando a los cristianos para que vivieran su religión sólo en el ámbito de lo privado. (No sucede lo mismo con los judíos o los musulmanes). La falta de creencias o la tibieza por un lado y la intimidación antirreligiosa por otro, han calado tan hondo la conciencia, que para vivir cómodamente, sin conflictos, los laicos fueron adoptando un catolicismo “a su manera”, que les permitió vivir seleccionando la parte de la doctrina que les convenía, dejando a un lado otras.

 

Seguir en radicalidad a Cristo

Pero ser cristiano implica seguir en radicalidad a Cristo. En su Exhortación Apostólica Christifideles Laici. Sobre la vocación y la misión de los fieles laicos en la Iglesia y en el mundo, nos dice Su Santidad Juan Pablo II:

“En su existencia, no puede haber dos vidas paralelas: por una parte la denominada vida espiritual, con sus valores y exigencias; y por otra la denominada vida secular, esto es, la vida de familia, del trabajo, de las relaciones sociales, del compromiso político y de la cultura. El sarmiento, arraigado en la vid que es Cristo, da fruto en cada sector de la acción y de la existencia”.

Y la reciente Nota Doctrinal de la Congregación para la Doctrina de la Fe titulada Sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política, dice: “Ya que las verdades de la fe constituyen una unidad inseparable, no es lógico el aislamiento de uno solo de sus contenidos en detrimento de la totalidad de la doctrina católica”. El objetivo de la nota doctrinal es “iluminar uno de los aspectos más importantes de la unidad de vida que caracteriza al cristiano: La coherencia entre fe y vida, entre evangelio y cultura”. Ambos documentos se pueden leer completos en nuestra página en la red: www.vozcatolica.org

En esta edición publicamos un ensayo capital sobre los laicos en Estados Unidos. Es una reflexión profunda y necesaria.  La autora es Mary Ann Glendon, laica estadounidense que el Papa nombró hace poco presidenta de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales en el Vaticano y que fuera hasta hace poco profesora de Derecho de la Universidad de Harvard. El título del ensayo es “La hora de los laicos: Una llamada a dar testimonio”.  Perdonen si insisto: lean ese escrito.

La formación religiosa que con urgencia necesitamos los laicos exige tiempo, donarle tiempo generoso al compromiso serio con la lectura, el estudio, la oración. “Resulta irónico, dada su rica herencia intelectual, que tantos católicos se sientan incapaces de responder incluso a las formas más simplistas de fundamentalismo secular” dice Mary Ann Glendon en su magistral ensayo.

Que el “gigante dormido que comienza a despertar” despierte ya. El sopor, la ignorancia o el miedo de los católicos le ha hecho mucho daño a la Iglesia en Estados Unidos. Si se es católico hay que serlo en todos los ámbitos de nuestra vida y eso requiere hablar y actuar de acuerdo con nuestras convicciones y nuestra fe, estar dispuestos a correr riesgos, pero siempre confiando en Dios. Eso es ser fieles a Cristo, que nos ama y acompaña en el camino.

damador@miamiarch.org