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Fe que se profesa, vida que se vive
En esta edición de La Voz
Católica tenemos como tema central los laicos, el “gigante
dormido” –como les llamó Su Santidad Juan Pablo II– que comienza
a despertar. Signo de los tiempos y manifestación actual del
Espíritu Santo son, sin duda, el crecimiento de las comunidades
y los movimientos laicales que vemos por todas partes; el
surgimiento de nuevos grupos de oración y lecturas bíblicas en
casas y parroquias; la búsqueda de una espiritualidad afín que
los lleva a asociarse a congregaciones religiosas –la mayoría de
ellas carentes de vocaciones desde hace décadas– para como
laicos y laicas propagar su espiritualidad, su carisma
fundacional. Hay muchos otros que se afanan por una educación
religiosa básica que les permita entender mejor su fe, crecer en
ella y poder servir mejor a la Iglesia.
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Composición hecha con iconos pintados por
Kiko Argüello |
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Pero la realidad es compleja y
engañosa, porque a la vez que se vive este asombroso fenómeno,
día a día constatamos cómo aún la mayoría de los católicos
“prácticos” –van a misa los domingos, sus tradiciones son
católicas, etc.– no sólo carecen de formación sino que viven en
una especie de dualidad esquizofrénica por la falta de
coherencia entre la fe que profesan y la vida que viven.
El fundamentalismo secular fue
arrinconando a los cristianos para que vivieran su religión sólo
en el ámbito de lo privado. (No sucede lo mismo con los judíos o
los musulmanes). La falta de creencias o la tibieza por un lado
y la intimidación antirreligiosa por otro, han calado tan hondo
la conciencia, que para vivir cómodamente, sin conflictos, los
laicos fueron adoptando un catolicismo “a su manera”, que les
permitió vivir seleccionando la parte de la doctrina que les
convenía, dejando a un lado otras.
Seguir en radicalidad a Cristo
Pero ser cristiano implica
seguir en radicalidad a Cristo. En su Exhortación Apostólica
Christifideles Laici. Sobre la vocación y la misión
de los fieles laicos en la Iglesia y en el mundo, nos dice
Su Santidad Juan Pablo II:
“En su existencia, no puede
haber dos vidas paralelas: por una parte la denominada vida
espiritual, con sus valores y exigencias; y por otra la
denominada vida secular, esto es, la vida de familia, del
trabajo, de las relaciones sociales, del compromiso político y
de la cultura. El sarmiento, arraigado en la vid que es Cristo,
da fruto en cada sector de la acción y de la existencia”.
Y la reciente Nota Doctrinal de
la Congregación para la Doctrina de la Fe titulada
Sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta
de los católicos en la vida política, dice: “Ya
que las verdades de la fe constituyen una unidad inseparable, no
es lógico el aislamiento de uno solo de sus contenidos en
detrimento de la totalidad de la doctrina católica”. El objetivo
de la nota doctrinal es “iluminar uno de los aspectos más
importantes de la unidad de vida que caracteriza al cristiano:
La coherencia entre fe y vida, entre evangelio y cultura”. Ambos
documentos se pueden leer completos en nuestra página en la red:
www.vozcatolica.org
En esta edición publicamos un
ensayo capital sobre los laicos en Estados Unidos. Es una
reflexión profunda y necesaria. La autora es Mary Ann Glendon,
laica estadounidense que el Papa nombró hace poco presidenta de
la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales en el Vaticano y
que fuera hasta hace poco profesora de Derecho de la Universidad
de Harvard. El título del ensayo es “La hora de los laicos: Una
llamada a dar testimonio”. Perdonen si insisto: lean ese
escrito.
La formación religiosa que con
urgencia necesitamos los laicos exige tiempo, donarle tiempo
generoso al compromiso serio con la lectura, el estudio, la
oración. “Resulta irónico, dada su rica herencia intelectual,
que tantos católicos se sientan incapaces de responder incluso a
las formas más simplistas de fundamentalismo secular” dice Mary
Ann Glendon en su magistral ensayo.
Que el “gigante dormido que
comienza a despertar” despierte ya. El sopor, la ignorancia o el
miedo de los católicos le ha hecho mucho daño a la Iglesia en
Estados Unidos. Si se es católico hay que serlo en todos los
ámbitos de nuestra vida y eso requiere hablar y actuar de
acuerdo con nuestras convicciones y nuestra fe, estar dispuestos
a correr riesgos, pero siempre confiando en Dios. Eso es ser
fieles a Cristo, que nos ama y acompaña en el camino.
damador@miamiarch.org
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