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Que todos los
inmigrantes puedan estudiar
Actualmente se gradúan entre 50,000 y 65,000 jóvenes de la
Escuela Superior que, por su falta de estado legal, no pueden
seguir estudiando o buscar trabajo. Muchos de ellos se gradúan
con honores, con las notas más altas de su clase, como
presidentes o líderes de su clase, pero sus sueños futuros se
ven tronchados por las leyes inmigratorias, que no les permiten
recibir los mismos beneficios que los residentes. No son
elegibles para solicitar becas, y tienen que pagar altos costos
por la educación como alumnos internacionales, a pesar de haber
estudiado cinco años o más en este país.
Existen en estos momentos propuestas de ley en el Congreso para
dar respuesta a esta situación de tantos de nuestros jóvenes. La
ley, conocida en el Senado como el Dream Act y en la Cámara de
Representantes como el Student Adjustment Act, eliminaría los
impedimentos federales existentes que hacen que los estados no
concedan beneficios ni ayuda financiera a los estudiantes que no
son residentes. También permitiría solicitar la residencia
permanente a aquellos que han vivido y estudiado aquí por lo
menos cinco años antes de la aprobación de la ley y han entrado
al país antes de los 16 años.
Dada esta oportunidad de educación, estos jóvenes se
convertirían en contribuyentes de la sociedad y a la larga se
reduciría la criminalidad, que es resultado, en algunos casos,
de la frustración de tantos que no ven cómo salir adelante.
Ellos no tienen la culpa de las decisiones que tomaron sus
padres de venir a este país y por tanto, piden tener las mismas
oportunidades que los otros graduados.
Varios economistas aseguran que lo que estos jóvenes podrán
aportar como miembros de la sociedad y como contribuyentes de
impuestos, superará el apoyo financiero que hayan recibido del
gobierno para los estudios.
Para nosotros, como cristianos, es cuestión de justicia.
Aquellos que tenemos la maravillosa oportunidad de hacer que la
voz de estos jóvenes sea escuchada por nuestros representantes,
no podemos quedar con los brazos cruzados. Los Obispos de
Estados Unidos acaban de publicar un documento recordándonos que
en la tradición católica, la participación política es una
obligación moral (Un llamado a la Responsabilidad Política”;
se puede leer completo en
http://www.vozcatolica.org/).
La Iglesia nos da criterios fundados en el Evangelio para
evaluar las plataformas de cada candidato y ver cuál se acerca
más o menos a los valores de Jesús. A veces es muy difícil,
porque lo que defienden por un lado, lo niegan por otro. Sin
embargo hay leyes, como la que hemos comentado, que sólo pueden
ser para bien de nuestros hermanos sin voz. Que no se quede
ningún joven sin realizar el sueño de la educación por nuestra
apatía y falta de compromiso.
ondina@claretinasisters.org
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