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 Lecciones aprendidas, lecciones compartidas

La arquidiócesis discute la crisis por el abuso sexual
con líderes religiosos de otras confesiones

Ana Rodríguez-Soto
The Florida Catholic

Calificando su experiencia como “parte de nuestro viaje de sanación”, funcionarios de la Arquidiócesis de Miami compartieron lo que han aprendido y lo que están haciendo acerca del escándalo por el abuso sexual de miembros del clero, con líderes religiosos de otras confesiones.

“Si hay algo que podamos hacer para ayudarles a ustedes, o si hay algo que ustedes hayan implementado que nos pueda ayudar a nosotros, por favor, déjennos saberlo”, dijo Mons. William Hennessey, vicario general de la arquidiócesis.

Más de una docena de ministros protestantes y un rabino judío asistieron al almuerzo, el 27 de abril, en el Country Club de Miami Shores. Más de 100 líderes de comunidades religiosas del sur de la Florida habían sido invitados.

Para explicar la política y los procedimientos de la arquidiócesis, estuvieron presentes: Vicki Kaufmann, coordinadora de asistencia a las víctimas; el Hno. Marista Joseph Teston, coordinador del programa Safe Environment (Ambiente Seguro), y Dianne Trillo, especialista en recursos humanos, que coordina las verificaciones de antecedentes de todo el personal y de los voluntarios que trabajan en la arquidiócesis.

“Teníamos implementada una política desde mediados de la década de 1980”, dijo Mary Ross Agosta, directora de comunicaciones de la arquidiócesis.

Esa política se fue reajustando con el transcurso de los años, para adaptarla a las directivas de los obispos estadounidenses y a los cambios en las leyes del estado de la Florida. Mientras que la ley de la Florida exige reportar las sospechas de abuso sexual o físico contra menores de edad, la arquidiócesis también reporta las alegaciones de abusos pasados, hechas por personas que ya no son menores.

“Reportamos todas las alegaciones a los funcionarios policiales”, dijo Ross Agosta, quien añadió que “el 90 por ciento de nuestra política estaba ya implementada antes de Dallas, 2002”, la reunión donde los obispos estadounidenses adoptaron los Estatutos para la Protección de Niños y Jóvenes, por los que tienen que regirse actualmente todas las diócesis de los Estados Unidos.

A principios de los años 90, la arquidiócesis comenzó a tomar las huellas digitales de todos los maestros de sus escuelas. En 1999, la política de tomar las huellas digitales se amplió para cubrir a todos los empleados, incluyendo a los sacerdotes, diáconos y religiosos, y a cualquier voluntario que trabaje más de 20 horas semanales en una instalación de la arquidiócesis, y que disponga de acceso no supervisado a niños.

Esta política también se aplica a quienes trabajan con adultos vulnerables en asilos y hospitales.

Las huellas digitales se envían al Florida Department of Law Enforcement (Departamento de Policía de la Florida), y, en algunos casos, al FBI, que localiza los antecedentes delictivos fuera del estado de la Florida.

“Hemos evaluado el nivel de riesgo, para establecer quién debe someterse a la verificación nacional y quién debe someterse a la verificación estatal”, dijo Trujillo, añadiendo que la verificación nacional de antecedentes es especialmente útil en una región de tránsito como el sur de la Florida.

Mons. Hennessey dijo que la arquidiócesis podría tener hasta 10,000 voluntarios trabajando en parroquias y ministerios.

También explicó que, antes de otorgarle a cualquier sacerdote el permiso para ejercer sus facultades en la arquidiócesis, debe tener, por escrito, la aprobación de su obispo o de su superior religioso.

Kaufmann, la coordinadora de asistencia a las víctimas, dio su número para llamadas gratuitas: 1-866-80-ABUSE.

Ella es el punto de contacto inicial para cualesquiera personas que hayan sufrido algún abuso por parte de un miembro del clero. Kaufmann las refiere a las autoridades civiles y a la arquidiócesis, y las orienta sobre cómo obtener ayuda sicológica y espiritual.

“Considero que esto es, realmente, un ministerio de la Iglesia para tratar de ayudar y de sanar a quienes han sido afectados por abusos sexuales”, dijo Kaufmann.

El Hno. Teston expuso el funcionamiento de Virtus, el programa de Ambiente Seguro adoptado por la arquidiócesis para enseñar a los empleados de la Iglesia y a los padres a percibir las señales de abuso en los niños, así como a identificar a los abusadores potenciales. Ochenta personas han sido capacitadas hasta ahora como “facilitadores”, y se ha designado a un coordinador de área para cada uno de los nueve deanatos, o divisiones geográficas de la arquidiócesis. Su tarea consiste en exponerles el programa a los padres y los maestros en las parroquias y las escuelas.

“El propósito es hacer que la gente empiece a hablar de esto. Desenterrar parte del problema, para que la gente tome conciencia de toda la situación”, dijo el Hno. Teston. “Es increíble lo que sucede cuando la gente empieza a abrirse”.

La arquidiócesis también aspira a desarrollar un programa similar a Virtus, que podría enseñarse a los niños para ayudarlos a evitar situaciones que pudieran ponerlos en peligro. “¿Estamos completamente satisfechos? No. Todavía hay muchísimo por hacer. Pero, paso a paso, se va ganando experiencia para mejorarlo todo”, dijo el Hno. Joseph Teston.

“Quizás fue una suerte para nuestro país que una institución tan grande como la Iglesia Católica fuera golpeada por esto, pues así podemos ayudar a los demás que necesiten ayuda”, dijo Mons. Hennessey. “Les atribuyo un gran crédito por hacer esto”, dijo el Rev. David Rees, ministro principal de Church by the Sea, de Bal Harbor.

“Lamento que más ministros protestantes no hayan respondido. Este problema es de todos”, añadió, aunque señaló que la pedofilia preocupa menos a las iglesias protestantes que la conducta sexual indebida por parte de sus ministros con feligreses adultos. Sin embargo, dijo el Rev. Rees, “hemos rogado por nuestros hermanos y hermanas de la Iglesia Católica mientras se enfrentan a esta situación”.