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¿Quién es la querida “Madre Lupita”?

Jason Lange
Catholic News Service / Ciudad México

Bien avanzada en los 80 años, y confinada a una silla de ruedas, la Madre María Guadalupe García Zavala trabajaba largas horas en el hospital que ella misma ayudó a fundar.

Los que la conocieron, recuerdan a esta religiosa, recién beatificada, como una persona de dedicación incansable y estricta.

“Incluso, ya de grande, iba de aquí para allá en su silla de ruedas todo el día, para supervisar que todo marchara bien en el hospital”, dijo la Madre María del Rosario Plácito, amiga durante 15 años de la Madre García, conocida en México como la Madre Lupita.

Los que no conocieron a la Madre Lupita, escuchan historias de su devoción acompañadas de relatos de milagros que se van acumulando. Todos los días, en un salón del hospital Santa Margarita, en Guadalajara –que la Madre Lupita ayudó a fundar, y en donde vivió hasta su muerte que ocurrió en 1963– la gente deja recordatorios, fotografías y hasta mechones de cabello en acción de gracias por los muchos milagros que se le atribuyen.

El papa Juan Pablo II beatificó a la Madre Lupita el 25 de abril, después de reconocer la curación milagrosa de un chofer de camión de Chicago, que sufría de grave inflamación del páncreas y que había pedido su curación por intercesión de la Madre Lupita.

La beatificación de la Madre Lupita la consagra como una de las dos mujeres mexicanas beatificadas.

Nacida en 1878 en Zapopán, la Madre Lupita fue la cofundadora de la congregación de las Siervas de Santa Margarita María y de los Pobres, a la edad de 23 años. Su orden religiosa, que fue fundada para brindarle asistencia a las personas hospitalizadas, pero que ha evolucionado y se ha extendido en una red de hospitales, clínicas y grupos de educación de salubridad, tiene 22 fundaciones en México, Perú, Islandia, Grecia e Italia.

En el Centro de Salud Esperanza de Tijuana, México, que pertenece a la orden de la Madre Lupita, el personal ofrece ayuda para la gente que vive en las colonias empobrecidas que rodean el basurero de la ciudad.

La hermana Mary Alaniz, que ayuda a dirigir la clínica, dijo que el ejemplo diligente de la Madre Lupita continúa inspirando a las religiosas que trabajan como enfermeras y administradoras en el centro.

“Somos sus hijas”, dijo la Hna. Alaniz.