|
El
legado de educación religiosa de la
Hna. Rosa Monique Peña
Angelique Ruhí-López
La Voz Católica
En la Arquidiócesis de Miami, el nombre de la Hna. Rosa Monique
Peña es sinónimo de la educación religiosa. Pero, a finales de
junio, esta dominica adriana se retira de la Oficina de
Educación Religiosa, porque ha sido nombrada consejera vicaria
de su orden, una de las cinco mujeres que supervisará el trabajo
de las dominicas adrianas en el mundo durante los próximos seis
años.
|
 |
|
La Hna. Rosa Monique Peña, junto a un panel que muestra el
alcance del programa de Certificación de Catequistas,
desarrollado en la arquidiócesis.
Fotos:
Angelique
Ruhí-López |
|
|
Como directora de la Oficina de Educación Religiosa, la Hna.
Peña supervisa a 6,000 catequistas y ayudantes, que enseñan
religión a más de 59,000 estudiantes, de kindergarten a 12º
grado. Estos son los estudiantes que asisten a escuelas públicas,
o a escuelas privadas no parroquiales.
Gracias a la Hna. Peña, que se integró al personal de educación
religiosa en 1977, sólo tres años después de haber ingresado en
la orden, los hispanos disponen de muchos recursos en una
arquidiócesis donde, actualmente, alrededor de 40% de parroquias
tienen programas de catequesis en otros idiomas – mayormente en
español, pero también en creole, tagalo, indio, y portugués.
“Cuando empecé, todo el equipo de catecismo estaba dividido en
el cuerpo anglosajón y el cuerpo hispano”, explicó la Hermana,
que ha enseñado en la Arquidiócesis de Miami desde 1964. “Se
empezó por ofrecer talleres y seminarios para el pueblo cubano.
Pero yo le sugerí al siguiente director, el P. Paul Vuturo, que
trabajáramos en conjunto”.
|
 |
|
Un ejemplar del catecismo Una Fe, una Esperanza,
publicado por ella para niños inmigrantes del 5º al 8º grados. |
|
|
Según la Hermana, que asumió el cargo de directora de la Oficina
de Educación Religiosa en 1986, lo que más ha funcionado con los
hispanos son los cursos de certificación.
“A los hispanos les encanta su fe, y donde la puedan entender,
razonar y saborear”, expresó la Hna. Peña. “Los hispanos quieren
enseñar a sus hijos correctamente. Quieren aprender”, puntualizó,
“cómo realizar la transición de lo que aprendieron como niños,
de tenerle miedo a Dios a convertirlo en amor a Dios; una
respuesta de amor, no de miedo”.
La formación, junto con el conocimiento de la pedagogía
catequética, son importantes, dice la Hna. Peña, porque algunas
personas que enseñan cursos de religión “vienen sin formación de
cómo enseñar y perdemos a estas personas en el primer intento,
porque enseñan conceptos arcaicos y no lo que la Iglesia indica”.
Como parte del Instituto de Certificación de Catequistas
desarrollado por ella, todas las personas que enseñan religión
en las parroquias y las escuelas católicas de la arquidiócesis
deben de obtener la certificación en ese campo, lo cual
significa cursar 210 horas de estudios académicos, talleres,
seminarios y retiros. Desde que el programa se inició en 1982,
se han enseñado más de 900 cursos a más de 20,000 catequistas.
Los cursos son enseñados en las propias parroquias de la
arquidiócesis, por maestros que poseen, cuando menos, una
Maestría en religión. Las personas matriculadas pueden obtener
créditos de licenciatura en las universidades de Barry y St.
Thomas. Los cursos también están abiertos para quienes no sean
catequistas, y el pago es nominal.
“El programa de
la certificación de catequistas se inició conjuntamente en
inglés y en español”, indicó la Hermana. “Fue el mismo, y no se
hizo distinción en la calidad ni en los recursos. No bajamos el
nivel, porque sea en español. A los hispanos también se les
ofreció crédito universitario o del departamento. Tuvo las
mismas exigencias del programa en inglés. Mi satisfacción
principal es que se le tenga respeto al ministerio de formación
religiosa para todos. Ése es mi orgullo”.
Otra obra de la cual la Hermana se siente muy satisfecha, es la
de haber creado conciencia –mediante conferencias nacionales
impartidas por líderes catequéticos– de la importancia de la
formación de los hispanos y de la presencia de los hispanos en
los Estados Unidos.
“Los hispanos somos la gran mayoría, y una fuerza muy
religiosa”, señaló la Hna. Peña. “No se puede menospreciar la
riqueza que esta cultura trae a la Iglesia Católica”.
Además de todo
esto, la directora de educación religiosa escribió un manual
para el proceso de certificación de catequistas que es
reconocido como uno de los mejores del país; creó el Congreso de
Educación Religiosa; ayudó a que se introdujera y se difundiera
el Rito de Iniciación Cristiana para Adultos (RCIA) en la
arquidiócesis; y ha comenzado a introducir el concepto de
catequesis sacramental en las parroquias. También publicó un
libro de catecismo para niños inmigrantes, de 5º a 8º grado,
titulado Una fe, una esperanza.
“Es un compendio de la fe, que los inicia en la fe”, dijo. “Se
hizo con la intención de enseñar al catequista cómo enseñar
bien, y fue una colaboración de catequistas hispanos. Es
sencillo, y va al grano del concepto. Todavía ese libro se vende
en los Estados Unidos, y hasta se ha vendido en la República
Dominicana”.
Muchos en la arquidiócesis lamentan que la Hermana se vaya de
Miami. “Como directora, ella nunca nos hizo sentir que era la
superiora. Siempre nos decía que éramos un equipo, y que
necesitábamos de los demás”, comentó Esperanza Ginoris,
directora de educación religiosa en la parroquia de St. Brendan,
que ha trabajado con la Hna. Rosa Monique durante casi 20 años.
“Ella fue mi mentora. Todo lo que yo sé, se lo debo a ella. Con
cierto egoísmo, quisiera que se quedara. Pero hay que darle la
oportunidad para que otras personas también puedan tenerla como
mentora”.
George Briz, director de educación religiosa en la parroquia de
St. Michael, describió a la Hna. Peña como “inteligente,
esforzada, instruida, animadora y trabajadora”.
“En estos 20 años le he visto un amor muy grande a la Iglesia,”
añadió Briz. “Ha sido siempre muy generosa con su tiempo y es
respetada por todos. Va ser una pérdida muy grande para nosotros.
Sólo me consuela saber que va a seguir sirviendo a la iglesia en
su comunidad”.
“El desarrollo del rito de elección para el RCIA en la catedral,
se debió a la Hna. Rosa. Ella le dio auge”, expresó Teresa
Revuelta, directora del catecumenado en la parroquia de Sta.
Bárbara, de Hialeah, que conoció a la Hermana en 1982. “Siempre
está dispuesta a ayudar y a escuchar, aunque no esté de acuerdo.
Ella se va, pero la Iglesia sigue, y la catequesis también
seguirá en pie. Por recordarla a ella, tenemos que seguir
trabajando”.
Y, ¿qué desea y espera la Hermana del futuro de la educación
religiosa en la Arquidiócesis de Miami, ahora que se irá a
Míchigan?
“Estamos pensando en preparar un curso de educación de adultos,
titulado ‘Los fundamentos del Catolicismo’, para enseñar de
dónde viene la fe y por qué creemos lo que creemos”, concluyó la
Hna. Peña. “Me va a dar muchísima pena dejar Miami. El sabor de
Miami es único. Aquí, todos somos distintos pero a la vez
iguales”.
aruhilopez@miamiarch.org
|