Los franciscanos cumplen un siglo en la Octava Villa
Yoel Prado Rodríguez
UCLAP-Santa Clara
Una Misa Solemne presidida por el Arzobispo de Camagüey, Mons.
Juan García, fue el colofón de las celebraciones con las cuales
se conmemoró el primer siglo de presencia franciscana en la
ciudad de Remedios, en el centro de Cuba.
El oficio religioso se realizó en horas de la noche del 25 de
abril, en la Parroquial Mayor de la localidad, y fue
concelebrado por Mons. Arturo González y Mons. Emilio Aranguren,
Obispos de Santa Clara y Cienfuegos, respectivamente. Se
encontraban presentes, además, el P. Eusebio Unzurrunzaga,
Custodio Provincial de los franciscanos para el área del Caribe,
junto a los frailes de esa Orden que trabajan en Cuba. También
se unieron a la conmemoración sacerdotes del clero secular,
religiosos, religiosas, diáconos y fieles de diversas
comunidades.
Al iniciarse la ceremonia, el Obispo de la Diócesis de Santa
Clara –territorio eclesiástico al cual pertenece Remedios– pidió
a los participantes dar gracias a Dios por la obra de los
franciscanos en una ciudad que se enorgullece de haber sido la
Octava Villa fundada por los colonizadores españoles en suelo
cubano.
Los hijos de San Francisco de Asís desempeñaron un notable papel
en la evangelización de la Mayor de las Antillas, pero sus
conventos desaparecieron a mediados del siglo XIX por voluntad
de las autoridades coloniales, y la Orden religiosa sólo fue
restaurada en la Isla varias décadas más tarde. En 1904, los
frailes aceptaron la parroquia de Remedios y establecieron una
residencia anexa. Desde entonces han permanecido allí, a pesar
de las limitaciones originadas después de 1959 y de la escasez
de personal consagrado.
Su labor recibió elogios del Arzobispo de Camagüey, quien
expresó durante la homilía que “desde hace 100 años, los
franciscanos están construyendo en Remedios monumentos a la
esperanza y a la caridad”. Destacó obras memorables como la
fundación de colegios, el impulso a la enseñanza, el catecismo
infantil y juvenil, la preparación doctrinal de personas adultas
y el apoyo a los laicos, sin olvidar una de las manifestaciones
más importantes de su carisma: la ayuda a los necesitados.
“¡Cuántos pobres han tocado a estas puertas! ¡Cuántos enfermos
auxiliados! ¡Cuántos afligidos consolados! El pueblo viene a
tocar aquí porque sabe que encontrará misericordia, amor,
comprensión”, aseveró Mons. Juan García.
Tras referirse a las difíciles circunstancias que han marcado el
trabajo eclesial en las últimas décadas, el prelado afirmó que a
la Iglesia de Cristo en Remedios aún le queda mucho por hacer.
“Para construir un monumento a la fe –indicó–, es preciso que el
Evangelio llegue a las 50 mil personas que habitan en este
municipio” y también a las comunidades rurales vecinas. “Nos
está esperando una inmensa multitud”, enfatizó, por lo que
exhortó a multiplicar los esfuerzos evangelizadores, dinamizando
el catecismo y sembrando la esperanza en medio de un pueblo que
a menudo se siente desorientado.
El Arzobispo concluyó sus palabras con un agradecimiento
especial al Señor por la presencia de los seguidores del
Poverello de Asís en la Octava Villa, y pronunció esta
hermosa invocación: “¡San Francisco, uno con Cristo, pobre y
humilde, orante, predicador, fundador de una legión de
misioneros, ruega por esta Iglesia en Remedios, para que podamos
remediar tantos males, tantas enfermedades y pecados, mientras
nos encaminamos hacia la Casa del Cielo, donde tú habitas con el
Padre, el Hijo y el Espíritu Santo!”
Además de la Misa Solemne, el programa conmemorativo por el
centenario incluyó una exposición sobre los frutos de la obra
franciscana, la premiación de un concurso de dibujos infantiles,
una misión, una charla sobre la vocación religiosa hoy, el
homenaje póstumo a un fraile inolvidable, Pedro Galdeano (a
quien se declaró Hijo Adoptivo de Remedios en 1953), un taller
literario y un concierto del grupo Emaús, entre otras
iniciativas.
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