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El Programa de Ministerios Laicos
forma a líderes comprometidos

Angelique Ruhí-López
La Voz Católica

Cuando se les preguntó a los integrantes de una clase del programa de Ministerios Laicos qué era lo más importante que habían aprendido en sus dos años de estudios, Félix Miguel Santana respondió de inmediato:

Antonio Fernández –quien junto a su esposa, Niní, enseña en la Escuela de Ministros Laicos, en la parroquia de St. Brendan– habló sobre las diversas sectas religiosas en la clase del 4 de mayo.
Fotos: Angelique
Ruhí-López

“El amor de Dios. El reto que tenemos adelante”, dijo este dominicano de la parroquia de St. Agatha, “es ser discípulos de Cristo. Hoy es más difícil ser cristiano, ser católico. Hay que dar gracias por las herramientas que adquirimos en estas clases para poder salir afuera y dar gratis el amor de Cristo”.

Pero, ¿tiene uno que asistir a una clase de ministros laicos por dos años para aprender que Dios nos ama? ¿Cuál es verdaderamente el propósito de este programa?

Según la Oficina de Ministerios Laicos, que comenzó en 1977, la meta es “enriquecer el proceso de la formación cristiana y la vida espiritual del laicado, para que así puedan ser más conscientes de su papel dentro de la Iglesia y de la sociedad”.

Hay dos programas de larga duración: la Escuela de Ministerios y el programa de Ministerios Laicos Eclesiales. Los dos siguen el mismo currículo y son ofrecidos por la arquidiócesis en distintas parroquias. Ambos ofrecen formación y entrenamiento a las personas que deseen crecer en el conocimiento de su fe católica, y en su capacidad de servicio, y están compuestos de tres elementos fundamentales: el desarrollo humano y espiritual, la formación teológica, y el entrenamiento pastoral.

Los 29 integrantes de la clase en español de Ministros Laicos del segundo año, provienen de todas partes de la Arquidiócesis, y dicen sentirse como en una familia.

“Se les ofrece a los laicos los fundamentos sólidos en distintos aspectos de teología, historia, espiritualidad y la formación de una fe adulta”, expresó Martha Caveda, nueva directora adjunta de la Oficina de Ministerios Laicos. “Si desean ejercer un ministerio específico, necesitan una educación en la fe. Aunque algunos fueron a escuelas católicas, hay que actualizar su fe como adultos, porque siempre hay nuevas doctrinas y nuevas cosas en la Iglesia. Muchos lo hacen por su propia formación en la fe, pero otros, después de graduarse, son comisionados para trabajar durante 5 años en algún ministerio o en una parroquia”.

A los candidatos a ser Ministros Laicos Eclesiales se les pide que, durante los últimos seis meses del programa, completen un proyecto pastoral bajo la supervisión de una persona aprobada por la parroquia o por el movimiento apostólico que patrocina al candidato, y por la Oficina de Ministerios Laicos. A los participantes en la Escuela de Ministerios que terminen satisfactoriamente los dos años, se les entrega un diploma.

Aquellos que completen su preparación para el ministerio eclesial, que terminen su proyecto supervisado y que hayan sido recomendados por su párroco, director de movimiento apostólico u oficina arquidiocesana, son comisionados por el arzobispo, y hacen un compromiso para ejercer el ministerio laico por un período de cinco años. Este año, la ceremonia de compromiso será el 5 de junio a las 10:00 am en la Catedral de St. Mary, donde 16 harán su compromiso, 35 renovarán el compromiso por cinco años, y 47 recibirán un diploma. Se espera de ellos un promedio de cinco a siete horas de servicio semanales. Este compromiso puede renovarse cada cinco años.

 

Una necesidad constante

“Hay una necesidad constante de formar a los laicos”, indicó la Hna. Ann McDermott, directora de la Oficina de Ministerios Laicos. “Es muy importante vivir el llamado bautismal al ministerio, no sólo dentro de la Iglesia sino también en la calle. Actualizar y renovar su fe católica, y traerlos a la Iglesia adulta, para garantizar que tengan la correcta información y formación de la Iglesia Católica, de modo que puedan alcanzar una comprensión de la fe. Esto también ayuda a aclarar cualquier concepción errónea que hayan desarrollado con los años”.

Por ejemplo, durante la clase impartida el 4 de mayo en el curso para ministros laicos en español, en St. Brendan, se habló de diversos aspectos de la vida en las diversas fases de su desarrollo, desde el nacimiento hasta la muerte. Se discutió el problema del aborto, el control de la natalidad, la eutanasia, la pobreza, el problema del medio ambiente, el SIDA, la violencia familiar, las células troncales / estaminales, y la homosexualidad, entre otros temas.

“Tenemos que estar claros como ministros laicos. No podemos expresar ninguna opinión que no sea la de la Iglesia”, expuso Niní Fernández, que enseña el curso junto con su esposo, Antonio.

“Cada uno de nosotros tiene una responsabilidad en la Iglesia”, explicó Antonio Fernández. “Nosotros somos la Iglesia. Tenemos la responsabilidad de ofrecer acogida y caridad. No podemos echarles la culpa a los curas ni a los obispos. Nosotros somos guardianes de nuestro hermano”.

Los 29 estudiantes de la clase de los Fernández afirman haberse beneficiado mucho del programa.

“Desde el punto de vista de la formación, [el programa] nos permite tener un conocimiento de lo que es polémico, para no cometer errores. Hay que tener un conocimiento claro”, señaló el español Joaquín Raventós, de la parroquia de St. Brendan.

El panameño Eddie Sasso, de la parroquia de Mother of Christ, estuvo de acuerdo.

“La función central del Programa de Ministerios Laicos es la de conocer nuestra Iglesia Católica”, dijo. “Conlleva un compromiso que uno profesa. Muchos se han ido de nuestra Iglesia porque no conocen su fe”.

“Se enseña lo que dice la Iglesia, lo oficial”, añadió la cubana Ada Cardoso, de la parroquia de St. Timothy. “Nos ayuda a crecer”.

En el curso hubo mucha diversidad, algo que también se encuentra en las otras clases en inglés, español y creole que se ofrecen en los condados de Miami-Dade, Broward y Palm Beach. Los estudiantes del curso en español de St. Brendan son de distintas edades; vienen de países como Costa Rica, Perú, Nicaragua, Honduras, Cuba, México y Colombia. Muchos viajan desde lejos para asistir a la clase. Algunos vienen de Homestead; otros, de Miami Lakes. Y todos se han comprometido a reunirse semanalmente durante dos años para aprender más de su fe.

“Venimos de distintos países, parroquias y ciudades, pero somos una comunidad. Somos una familia”, dijo Raventós.

“Se debe invitar a personas jóvenes. Lo que recibo aquí me ha ayudado en la formación de mis tres hijos”, indicó la nicaragüense Beatriz Andrés, de la parroquia de Mother of our Redeemer.

Algunos de los alumnos están preparando proyectos para ser nombrados Ministros Laicos Eclesiales en la ceremonia del 5 de junio. Beatriz Harriman y Adriana Suao, cubanas, han comenzado retiros y comunidades en inglés de Matrimonios en Victoria en las parroquias de St. Augustine, St. Timothy y St. Thomas. Clara y Raúl Ferreyra, de la parroquia de St. Louis, están reviviendo el ministerio de parejas con familias en St. Louis y en otras parroquias, para ofrecer acompañamiento espiritual y consejería para familias. Clara es de la Republica Dominicana y Raúl es de Argentina.

“Hay un interés creciente dentro de la población hispana en este tipo de programa”, expuso Caveda. “Están entusiasmados para trabajar en la Iglesia y quieren crecer en su fe, especialmente cuando estén ejerciendo el ministerio con otras personas”.

“Mi convicción es que esto es esencial para que los laicos estén al día en su fe; aunque el proceso de profundizar la fe tiene que seguir a lo largo de toda la vida”, expresó Aimee Fiuza, profesora del programa especializada en temas de espiritualidad y oración. “Debería de haber muchísimas más personas involucradas en estos cursos. El hecho de asistir semanalmente a un curso durante dos años, crea ministros muy responsables y bien formados”.

Para más información sobre el Programa de Ministerio Laico, llamar al 305-762-1184.
aruhilopez@miamiarch.org