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 Que todos sean uno: Movimiento de los Focolares pone en práctica “el arte de amar”

Angelique Ruhí-López
La Voz Católica

En este mundo de desacuerdo y desunión, el Movimiento de los Focolares lucha por la paz, la unidad y la armonía. Este movimiento de unidad y fraternidad universal tuvo sus comienzos en los tiempos de odio y de violencia de la Segunda Guerra Mundial. El nombre oficial del movimiento, fundado por la italiana Chiara Lubich en 1943, es Obra de María.

Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares.
Fotos: Angelique Ruhí-López

Focolare se nos pegó como apodo desde el principio”, explicó Mercedes Mont, coordinadora del movimiento en Miami-Dade y Broward. “Focolare quiere decir hogar y hoguera a la vez, el calor del hogar. Son como focos. La gente sentía este calor de familia”.

Chiara Lubich, con 20 años, enfrentada con la destrucción de la guerra, descubrió a Dios como el único Ideal que permanece. La joven reunió a un grupo de amistades en Trento, Italia, y juntos redescubrieron la importancia de vivir el Evangelio en la vida cotidiana. Aquel primer grupo muy pronto se convirtió en un movimiento difundido, primero en Italia, después en Europa y en el mundo. También se inició una nueva corriente de espiritualidad, centrada en el amor y expresado en el Evangelio, que tiene como su meta actualizar las palabras de Jesús, “que todos sean uno”. Actualmente, el Focolare es un movimiento internacional difundido en más de 182 países.

Mercedes Mont y Martín Alfaro, coordinadores del Movimiento de los Focolares en Miami-Dade
y Broward.

“A Chiara Lubich le preguntaron recientemente que si estaba sorprendida de que el focolar hubiera crecido tan rápido”, comentó Martín Alfaro, que, junto con Mont, es coordinador en Miami-Dade y Broward. “Aunque ella nunca tuvo la intención de fundar nada, dijo que no estaba sorprendida, porque lo que nosotros podemos hacer son las pequeñas cosas, pero Dios las hace grandes. Al vivir el amor, debemos amar, tal como Jesús nos enseñó a amar; como él lo dio, hasta el punto de la muerte”.

A demás de reunirse mensualmente, el Movimiento de los Focolares, que fue aprobado por la Santa Sede en 1962, también se dedica al diálogo interreligioso. En el sur de la Florida, al igual que a través del mundo, miembros de los focolares, siguiendo el ejemplo de Chiara Lubich, se reúnen periódicamente con musulmanes para compartir lo que tienen en común. Algunos focolarinos se han unido con budistas en Japón y en Tailandia, y con hindúes en la India, para promover el diálogo y la paz.

 

La espiritualidad de la unidad

Esta espiritualidad de la unidad fue lo que primero atrajo a Alfaro, hace 24 años, en Costa Rica.

En una reunión especial en octubre de 1999, en Miami, por la visita de Lucía Compostela, focolarina italiana consagrada, que vino desde Nueva York. Foto cortesía de Martín Alfaro

“Siempre he estado en una búsqueda de cómo vivir desde un ángulo espiritual”, expresó Alfaro, que se mudó a Miami con su esposa y sus dos hijas hace 17 años. “En todo lugar en donde he estado, sea en Indiana, en Nueva York, o cuando he viajado por Latinoamérica y el Caribe”, precisó, “he contactado siempre con gente de los focolares. No los conozco sino por alguna referencia; pero, al conocerlos, ya son familia”.

Alfaro no es el único que ha conocido el movimiento en otro país. Joyce Kerkhoff se involucró en los focolares estando en México, en 1980.

“Estaba viviendo en Carolina del Norte y me iba a mudar a Ciudad de México”, indicó Kerkhoff, que tiene dos hijos. “Había estado involucrada en el movimiento carismático, pero estaba buscando algo que incluyera a la familia, algo que integrara algo más que una vida de oración. Antes de mudarme a México, dos de nuestros vecinos en Carolina del Norte nos hablaron de Focolare. Dios trabaja de maneras muy misteriosas. El movimiento me sonaba muy interesante, porque se trataba de vivir las Escrituras diariamente y compartirlas con los demás. Al reunirse con otras familias, uno podía aprender cómo ser mejor discípulo de Cristo, tomando a María como ejemplo”.

Según Mont, que vive con su madre y su hermano, las focolarinas y los focolarinos son laicos comprometidos, que viven junto con sus familias, pero dedican mucho tiempo a la unidad.

“A pesar de que nací en Cuba y me crié en este país, me encontraba en Japón en 1987”, dijo. “Conocí a alguien con una alegría que se le veía en la cara. Me dijo que era una focolarina. Le pregunté lo que quería decir eso, y me dijo que vivía en comunidad como los primeros cristianos. Me pareció maravilloso. Fue una gracia, y me integré”.

El grupo del sur de la Florida, que comprende alrededor de 60 personas – hombres, mujeres y jóvenes – se reúne una vez al mes en la parroquia de la Inmaculada Concepción, en Hialeah. La comunidad local empezó hace unos 25 años con una pareja, que supo del movimiento en Nueva York y lo introdujo aquí.

En la reunión de comunidad, se toma un versículo de las Escrituras y se medita sobre él, guiados por una reflexión escrita mensualmente por Chiara Lubich. Esta “Palabra de Vida” mensual también se prepara en forma de “muñequitos”, para que jóvenes y adolescentes puedan meditar sobre el pasaje durante el mes. Después, se comparten testimonios de vida de cómo el versículo del mes anterior fue implementado en la vida de cada miembro.

“Todo el que tenga una experiencia para compartir, ofrece este testimonio como un regalo de amor para que todo el mundo vaya creciendo”, señaló Mont. “Esto ayuda a que todos aprendan a vivir la unidad mejor, y a vivir fielmente los puntos de la espiritualidad de la unidad. La meta es mantener a Jesús en el centro, y hacer la voluntad de Dios”.

“Es muy común ver en nuestros encuentros a personas de muy diversas culturas, que vienen de todas partes”, añadió Mont. “Esto es una característica del focolar. Con nuestra dinámica de amar, ya muchas barreras se van venciendo y la gente está más dispuesta y abierta. Compartimos la alegría de encontrar una familia, sobre todo en un país extraño”.

Según Alfaro, las reuniones promueven el crecimiento individual y comunitario, y ayudan a que sus miembros generen a Jesús en el mundo.

“Si comparo los eventos que hay en el mundo con la realidad que Dios me ha mostrado a través de focolare, puedo ver que hay esperanza en el mundo y que siento que vamos hacia la unidad”, dijo Alfaro. “Esto me hacer ver que no todo está perdido. Lo que importa es vivir dando la vida. Al amar al otro, ya no estoy pensando en mí mismo. Es un ejercicio en ir apagando nuestro ‘yo’, en tratar de que muera el ego para que sea Jesús quien se haga vida”.

Kerkhoff describe el movimiento en tres palabras.

“La armonía, la paz y la unidad con todos los que te rodean”, dijo. “No me puedo imaginar mejor manera de vivir”.

Las personas interesadas en el Movimiento de los Focolares, pueden dirigirse a la página www.focolare.org, o llamar a Martín Alfaro, a los teléfonos 305-387-9997 y 305-772-1451, o Mercedes Mont al 305-237-8811.
aruhilopez@miamiarch.org