Episcopados europeos saludan Constitución pero lamentan
exclusión de cristianismo
ACI
Tras su aprobación por parte de los líderes de los gobiernos de
la Unión Europea, Mons. Noel Treanor, secretario general de la
Comisión de las Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea
(COMECE), dio la bienvenida a la Carta Magna europea aunque
lamentó que en ella no se mencionara explícitamente la herencia
cristiana del Continente.
“Primero y ante todo, debo dar la bienvenida al hecho de que los
líderes de Europa hayan acordado un Tratado Constitucional para
la Unión Europea”, señaló Mons. Treanor, añadiendo que ello
“marca un gran paso hacia delante” en el desarrollo de la Unión.
El secretario general de la COMECE indicó algunos de los aportes
del texto constitucional entre los que mencionó el hecho de que
éste “redefine la misión democrática de la Unión”.
En esta línea, el Prelado apuntó que la Constitución refuerza el
principio de subsidiariedad que la acción política debe llevar,
brinda una oportunidad para contribuir en el proceso democrático,
identifica claramente los valores y objetivos enraizados en su
herencia común y, también, facilita el entendimiento de las
instituciones y tareas de la Unión.
Asimismo, Mons. Treanor acogió con agrado “la forma en la que el
Tratado Constitucional reconoce y abraza la libertad religiosa y
el rol de la comunidades religiosas en la vida pública”, que
según el mismo Prelado, “garantiza el mutuo respeto por la
diversidad y el diálogo entre las instituciones religiosas y las
autoridades políticas”.
El secretario general valoró positivamente la mención a la
“herencia cultural, religiosa y humanista” de Europa en el
preámbulo constitucional que, a su juicio, “enfatiza el rol
formativo de su herencia –de la que el cristianismo es un parte
esencial- para la Europa de hoy”.
Por esta razón, Mons. Treanor lamentó que “los líderes de Estado
y de Gobierno fallaran en encontrar una formulación que hubiese
reconocido explícitamente la contribución del cristianismo y las
otras tradiciones”.
Tras afirmar de que a pesar de este error no se puede alterar el
hecho de que muchos de los valores más altos de Europa –como el
respeto a la dignidad humana- son inspirados por el pensamiento
cristiano, el representante de los Obispos europeos señaló que
esta omisión “representa una oportunidad perdida para construir
sobre nuestra herencia común un futuro que esté abierto e
incluya a todos”.
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