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Palabras de Mons. José Siro González Bacallao, Obispo de Pinar
del Río, en el X Aniversario de la Revista Vitral. 19 de
Junio de 2004
Sres. Embajadores de Polonia y Chile; P. Alberto García,
director de Vida Cristiana; Sres. del jurado del Concurso
Vitral.
Queridos hermanos y amigos:
El Papa Juan XXIII llamado por el pueblo el Papa Bueno, fue uno
de los grandes profetas de nuestro tiempo y el primero que hace
cuatro décadas habló por primera vez de “los signos de los
tiempos”, es decir, de las señales que se perciben en las etapas
de vida de los hombres.
Ya Jesús nos había señalado que “había que escrutar las señales
de los tiempos” para actuar con certeza y rectitud.
En aquellos tiempos y en los nuestros cuando el hombre mira sólo
hacia lo tierra o se deja deslumbrar por estrellas fugaces o
fuegos fatuos no es capaz de percibir las realidades que vive o
las que se avecinan.
Hace diez años un grupo de hijos de la Iglesia escrutando los
signos de los tiempos y percibiendo la responsabilidad que las
mismas anunciaban, pensamos y decidimos crear un Centro de
Formación Cívica y Religiosa para ayudar, como es nuestro deber,
en la preparación de hombres que miraran al cielo con los pies
bien puestos en la tierra y nació Vitral, una sencilla
revista provinciana que pretendía iluminar con la libertad de la
luz las realidades que nos ha tocado vivir en estos años
difíciles que urgen luz para mejor ver y libertad para
rectamente decidir.
No ha sido fácil la tarea porque el hombre de hoy tiene
dificultades serias en comprender que es muy necesaria la luz
para encontrar la libertad y que es imprescindible la libertar
para valorar la luz.
Hoy, al celebrar el décimo aniversario de nuestra querida
revista hacemos una pausa para dar gracias a Dios por arribar,
con su ayuda, a esta edad, corta en el tiempo de los hombres,
pero larga en su quehacer para los hombres.
Gracias al grupo de hermanos y hermanas que sin temores ni
prejuicios hacen posible algo que es difícil y sienten la
satisfacción de ayudar a que sea realidad algo pequeño que puede
encerrar gran fuerza.
Gracias siempre y de modo especial en esta ocasión al amigo
Gerardo Mosquera, que como buen amigo prueba con su lealtad que
nos aprecia y nos distingue.
Gracias a los componentes del tribunal que ha hecho posible
otorgar premios sin faltar a la justicia y actuando con probada
delicadeza y honestidad.
Felicidades al galardonado con el primer triunfo y a los demás
premiados; una vez más la maestría y el valor son alabados y
congratulados.
Quiero dejar constancia de mi pena y de la tristeza de los
participantes en esta fiesta por la ausencia involuntaria de
nuestro invitado, el amigo Pedro Luis Ferrer quien, muy a pesar
suyo y por motivos de enfermedad no ha podido estar con nosotros.
Gracias a todos, queridos hermanos y amigos por su presencia,
preciosa y muy apreciada por nosotros, que con la libertad de la
luz, queremos valorar estos que son también signos de los
tiempos.
Muchas gracias.
Monseñor José Siro González Bacallao
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