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¿Por
qué la “Nueva Era” es un desafío
para el cristianismo?
Zenit
Una consulta internacional convocada del 14 al 16 de junio por
la Santa Sede sobre la “Nueva Era” subrayó la necesidad de
conocer mejor este fenómeno para ofrecer respuestas cristianas
más adecuadas.
Dicha Consulta fue convocada por una comisión de diferentes
organismos vaticanos sobre “Sectas y nuevos movimientos
religiosos” en la que participaron representantes de la
Congregación para la Evangelización de los Pueblos, del Consejo
Pontificio para la Promoción de las Unidad de los Cristianos,
del Consejo Pontificio de la Cultura y del Consejo Pontificio
para el Diálogo Interreligioso.
Participaron igualmente en el encuentro delegados designados por
las Conferencias Episcopales de 22 países de los cinco
continentes y un representante de la Unión de Superiores
Generales.
Objeto de la reunión fue analizar las respuestas de los
episcopados a algunas preguntas de profundización enviadas a las
Conferencias Episcopales, junto al documento Jesucristo,
portador de agua viva. Una reflexión cristiana sobre la Nueva
Era, publicado el año pasado por los Consejos Pontificios
para la Cultura y para el Diálogo Interreligioso, con la
participación de la Congregación vaticana para la Evangelización
de los Pueblos y del Consejo Pontificio para la Unidad de los
Cristianos.
Para profundizar en los temas tratados, las acciones pastorales
indicadas y las razones del encuentro, Zenit entrevistó a uno de
sus participantes, el padre Alessandro Olivieri Pennesi.
¿Por qué la difusión del New Age representa un “desafío”
para los cristianos?
El New Age constituye un gran desafío para el
cristianismo. No sólo porque se está difundiendo a nivel
planetario, sino sobre todo porque incorpora elementos del
cristianismo, modificando su significado originario; por ejemplo,
Jesucristo ya no es considerado como Hijo de Dios y único
Salvador del mundo.
Existe la pérdida del concepto de “verdad”, estamos en pleno
subjetivismo. Dios tiene mil facetas (energía cósmica, extra-cósmica,
una Mente, el Todo, somos nosotros mismos, etc.).
Si Jesucristo ya no es el Salvador, se va en busca de otras
salvaciones que se convierten en “auto-salvaciones” a través de
métodos, meditaciones, prácticas varias, incluso mágicas. Se
vacía el sentido de la espera escatológica en cuanto que a la
salvación se llegará en cualquier caso tras una serie, tal vez
larguísima, de reencarnaciones.
Tal vez el mayor escollo a enfrentar sea indudablemente el de la
pérdida de la conciencia de verdad que hace vano todo intento de
usar los paradigmas de la razón.
¿Es cierto que el pensamiento débil y una aproximación
particularmente emotiva a la espiritualidad New Age son
fenómenos bastante difundidos en el mundo católico?
Algunos han afirmado que el New Age “es un fenómeno
típico de la cultura postmoderna, basada en el pensamiento débil,
en el relativismo ético y en el consumismo”; no puedo sino
compartir esta afirmación.
El pensamiento del New Age se difunde sutil y casi
imperceptiblemente de muchas formas y por muchas vías, según
afirma el secretariado para el ecumenismo y el diálogo de los
obispos italianos, y es presentado señalándose con los rasgos
del amor universal y de la defensa de la naturaleza.
Esta propuesta puede llevar a engaño en cuanto presenta algunas
metas sobre las cuales es fácil estar de acuerdo: armonía entre
hombre y naturaleza, toma de conciencia y compromiso para hacer
mejor el mundo, movilización de todas las fuerzas del bien por
un nuevo proyecto unitario de vida.
El New Age vacía de su verdad, singularidad y plenitud el
significado del acontecimiento salvífico de Cristo; de hecho el
hombre, según tal orientación de pensamiento, puede hacerse
capaz, a través de determinadas técnicas, de hacer experiencia
de lo divino sin el auxilio de la gracia divina, llevando a cabo
con sus propias fuerzas su salvación, de la que depende la
armonía universal.
El documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe de
1989, Carta a los obispos de la Iglesia católica sobre algunos
aspectos de la meditación cristiana, es un texto de referencia
sobre la atención que hay que poner en la reactualización de las
antiguas gnosis, donde la salvación sucedería a través de la
conciencia, esotérica, para pocos.
Acerca de las prácticas New Age (o gnósticas, que es
decir más o menos lo mismo) a nivel de base, existen numerosos
ejemplos. Por mencionar uno, el último texto vaticano sobre el
New Age se remite al uso --en alarmante expansión-- del
eneagrama: un símbolo originalmente de carácter de iniciación
desarrollado en contexto esotérico-sincretista, que se ha
transformado sucesivamente en sistema de clasificación de la
personalidad en nueve tipos psicológicos, que sirve para la
búsqueda de una autorrealización por vía esotérica y/o mágica.
Estamos en plena gnosis. En ámbitos cristianos angloamericanos,
tal método tiene espacio en el terreno de la guía y de la
dirección espiritual, por lo que los obispos estadounidenses han
creado una comisión adecuada para discernir el fenómeno.
¿Cuáles son las características conceptuales que definen el
New Age? ¿Y cuáles las principales diferencias que
caracterizan la doctrina cristiana?
Un autor americano, Douglas R. Groothuis, ha reconocido seis
características del pensamiento New Age: todo es uno;
todo es Dios; la humanidad es Dios; debemos transformar nuestra
conciencia; todas las religiones son una; el optimismo hacia la
evolución cósmica. Podemos sintetizar en los siguientes puntos
lo que generalmente los “new agers” afirman:
1. No existe una fuente de autoridad exterior –sólo interior
(“el dios dentro” de nosotros). La verdad como realidad objetiva
no existe, afirma una de las más conocidas portavoces del New
Age: la actriz Shirley McLaine.
2. Se confunden el Creador con Su creación, creyendo que Dios
sea parte de la creación y no separado de ésta. Ellos adoptan de
las religiones orientales el credo del monismo –que “todo es Uno”--,
una sola esencia del universo, todos y todo formando parte de
esta esencia.
3. Cristo es un tipo de energía más que un individuo. Esta idea
de “conciencia crística” afirma que Jesús no fue el único Cristo,
sino que Él predispuso para recibir la “conciencia de Cristo”,
así como probablemente hicieron Buda, Krishna y Mohammed. Esta
es una conocida enseñanza del ocultismo gnóstico que tiene sus
raíces en las religiones mistéricas babilónicas.
4. En cuanto al pecado, mientras que se silencia la referencia
al pecado de Adán, se afirma, como presenta “Un curso en
milagros”, que el problema principal del hombre es la ignorancia
de su divinidad. Toda perceptible falta que el hombre cree tener
es más una ausencia de conocimiento; con ello se elimina la
necesidad de salvación y de un Salvador.
5. El seguidor del New Age toma lo considera su bien
donde lo encuentra. Su moralidad se da sus criterios confiando
en lo que “siente” como bien.
6. El tradicional modo de ver la personificación del mal como
diablo o Satanás está claramente ausente de la literatura New
Age. Más bien Satanás es descrito como poderoso ser de luz y
“soberano de la humanidad”, como afirma Alice Bailey, una de las
principales inspiradoras del movimiento New Age. En
cuanto a la historia y a la tarea de Lucifer, Benjamin Creme,
conocido conferenciante del movimiento, sostiene: “Lucifer vino
del planeta Venus hace 18 millones y medio de años; es el
director de la evolución de nuestro planeta, es el cordero del
sacrificio y el hijo pródigo. Lucifer hizo un sacrificio
increíble, un sacrificio supremo por nuestro planeta”.
7. Los “new agers” retoman la antigua doctrina de las religiones
orientales sobre la reencarnación modificándola sustancialmente
a fin de alcanzar una perfección a través de innumerables ciclos
de muerte y renacimiento. Junto a ello se sitúa la práctica del
llamado channelling (canalización) a través de la cual
entidades desencarnadas guiarían la evolución espiritual de la
humanidad.
8. En el documento redactado por los Consejos Pontificios para
la Cultura y para el Diálogo Interreligioso –”Jesucristo,
portador de agua viva. Una reflexión cristiana sobre la Nueva
Era”– se lee: “El New Age tiene una marcada preferencia
por las religiones orientales y pre-cristianas, porque las
considera incontaminadas de distorsiones judeo-cristianas. Por
lo tanto tributa gran respeto a los antiguos ritos agrícolas y a
los cultos ligados a la fertilidad”. Poco más adelante se
critica “Gaia”, la “Madre Tierra”.
Me parece evidente una denuncia de ciertas ideologías
animalistas y ambientalistas que tienden a reproponer una forma
moderna de panteísmo neopagano.
¿Qué opina al respecto?
La divinización de la naturaleza, conocida también como
“hipótesis Gaia”, en homenaje a la mitología griega, es el fruto
del paso de una justa tutela del ambiente a formas de protección
que me parece que recuerdan la reverencia por las vacas sagradas
de los hindúes.
Esta marca la influencia de las ideas New Age en el
movimiento ecológico a partir de la primera “Jornada de la
Tierra”, en 1970, cuando el planeta fue reconocido como ser
viviente, digno de adoración. La incompatibilidad de esta
veneración con las enseñanzas cristianas resulta evidente y es
subrayada por los propios partidarios de Gaia.
Muchas publicaciones esotéricas ven las enseñanzas bíblicas como
la causa de grandes problemas ecológicos. En un número de la
revista Time relativo a los problemas ambientales, la
Biblia, y en particular el Libro del Génesis, donde al hombre se
le da el dominio sobre la tierra y sus habitantes, es citada
como uno de los motivos para el maltrato de la naturaleza por
parte del hombre. Según algunos ambientalistas, la difusión del
cristianismo habría llevado a un desarrollo negativo de la
tecnología que dañaría la tierra.
En línea con esta atribución de culpa, el culto de la Madre
Tierra y la ideología ambientalista se acompañan también de la
desvalorización del ser humano, situado al mismo nivel que las
otras “especies” y acusado incluso de excesiva y nociva
fecundidad.
Es sintomático de hecho que ninguna de las muchas organizaciones
ambientalistas presentes en el mundo asocien a la defensa de la
naturaleza también la defensa de la vida humana pronunciándose
contra el aborto.
El cardenal Georges-Joseph Marie Martin Cottier ha declarado que
el New Age es “incompatible con la doctrina católica”. ¿Cuáles
son las razones de una condena tan explícita?
Es verdad. El purpurado afirma que “las tesis principales del
New Age son incompatibles con el cristianismo, mucho más,
son opuestas”.
Según el documento vaticano “Jesucristo, portador de agua viva.
Una reflexión cristiana sobre la Nueva Era”: “Resulta difícil
separar los elementos individuales de la religiosidad de la
Nueva Era, por inocentes que puedan parecer, de la
estructura general que penetra todo el mundo conceptual del
movimiento New Age”.
“La naturaleza gnóstica de este movimiento exige que se lo
juzgue en su totalidad. Desde el punto de vista de la fe
cristiana, no es posible aislar algunos elementos de la
religiosidad de la Nueva Era como aceptables por parte de
los cristianos y rechazar otros. Puesto que el movimiento de la
Nueva Era insiste tanto en la comunicación con la
naturaleza, en el conocimiento cósmico de un bien universal –negando
así los contenidos revelados de la fe cristiana–, no puede ser
considerado como algo positivo o inocuo” (n. 4).
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