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Misionera
en Machu-Picchu, muy cerca de Dios
Testimonio de una de las integrantes del grupo misionero de
Miami que, guiado por el Padre Pedro Corces, visitaron Perú de
junio 13 al 29.
Siempre había tenido la curiosidad de visitar Machu Picchu, pues
había leído que al encontrarse uno en su cima nos parecía estar
más cerca de Dios.
Le pedí al Padre Pedro Corces que me incluyera para participar
en uno de sus viajes al Perú. El Padre y varios amigos llevan
cinco años viajando a la misión en Lima, visitando el barrio
Villa el Salvador. Siempre, antes de llegar a la misión, el
Padre Corces recorre la ciudad de Cuzco y viaja hasta Machu
Picchu, para que las personas que lo acompañan tengan la
oportunidad de conocer este hermoso lugar.
El primer día en Cuzco me fue mal, pues me dio el tan mencionado
mal de altura o “soroche”, como se llama en Perú. Pero, gracias
a la asistencia de una muchacha del lugar, al otro día amanecí
bien y partimos rumbo a Machu Picchu. Al llegar me quedé
maravillada ante la majestuosidad que se elevaba frente a mi
vista. Le di gracias a Dios por haberme permitido llegar, y por
poder llevar conmigo a mi madre. En efecto, uno se siente allí
más cerca de Dios. Al regresar a Cuzco, el P. Corces nos ofreció
la oportunidad de conocer la misión en el Barrio Villa El
Salvador.
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El padre Pedro Corces, al centro, saluda a los amigos del barrio
de Villa El Salvador. De espaldas, abrazado por un niño, está el
seminarista Harry Loubriel. |
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Al llegar, el P. Corces y el seminarista Harry Loubriel nos
llevaron a recorrer el barrio. Cuando vi la alegría y el cariño
desbordantes que aquellos niños y adultos mostraban al recibir
al Padre y a Harry, tuve que contener mis lágrimas de emoción.
Estas personas humildes, muy pobres de cosas materiales, pero
muy ricas en agradecimiento y en amor, corrían a recibirlos, con
muestras de un agradecimiento que no estamos acostumbrados a
presenciar.
Me vino a la mente la tan escuchada pregunta: “¿Qué hubiera
hecho Jesús?” Tuve la respuesta de inmediato: Jesús hubiera
hecho lo mismo que está haciendo este grupo de misioneros. Esto
es, convivir con ellos, amar y dejarse amar. El solo hecho de ir
allí, los llena de alegría, porque alguien ha ido a visitarlos.
Alguien se ha in-teresado por ellos y por sus vidas.
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Una calle de barro de Villa El
Salvador, donde la niebla y la lluvia parecen perennes, lo que
empeora las condiciones de vida. |
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Primeramente, visitamos la nueva parroquia construida gracias a
la misión que se está realizando allí, con la ayuda de muchas
personas comprometidas en Miami y un amigo del Perú.
También visitamos a dos o tres familias, ya que no había tiempo
para más, pero me fue suficiente. Fuimos a casa de Javier y su
familia, una casita humilde, pero donde se respiraba mucha
armonía, amor y paz. Detrás se escontraba su pequeño taller,
donde Javier tranforma las piedras en peces que realmente
parecen sacados del mar. Lo hace sin molde, cada figura es única
y diferente, obra de un verdadero artista.
Seguimos a conocer un taller de costura. Con orgullo, Manuel nos
mostraba una máquina de coser que habían comprado con la ayuda
de la misión. Ya podían coser con más rapidez y facilidad.
Continuamos a casa de Lali, una muchacha con su niña, que
insistían para que el Padre viera el cuarto de ladrillos que
había construido con la ayuda que se les envió gracias a la
venta de unas postales que ellos mismos cofeccionan. Aunque el
techo todavía no era seguro, lo cubrían unos pedazos de cinc. Al
recorrer aquel cuarto, a todos se nos ocurrió la pregunta que el
P. Corces formuló: “Lali, ¿dónde esta el baño?” Ella,señalando
hacia un espacio de tierra al aire libre, a un costado del
cuarto, nos mostró el lugar que utilizan como baño.
No todos tenemos el alma misionera de estas personas que dan
parte de su tiempo generosamente cada año, o quizás, por alguna
otra circunstancia ajena a nuestra voluntad, no podamos llegar a
Villa el Salvador, pero sé que desde aquí tambíén yo puedo ser
parte de esa misión. Puedo sentirme como ese día, cerca, muy
cerca de Dios.
Es verdad que Machu Picchu nos deslumbra con su majestuosidad,
pero el barrio de Villa el Salvador nos llena de la presencia
viva de Cristo. Nos remueve las fibras más humanas y sinceras de
nuestro corazón.
Puedo dar gracias a Jesús por haber conocido Machu Picchu, una
de las maravillas del mundo, y también gracias, muchas gracias,
por haber conocido el Barrio Villa El Salvador, realidad de
nuestros pueblos que es también maravilla del mundo y obra
preferida de las manos de Dios.
Tecnóloga de Laboratorios Médicos del Departamento de
Hematología del Hospital Palmetto. Tiene una Maestría en
Ministerios Pastorales del SEPI.Pertenece a la Parroquia de San
Benito.
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