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Reflexiones Católicas sobre la Biblia

1° de agosto de 2004,
18° Domingo del Tiempo Ordinario [Ciclo C]
Evangelio según San Lucas 12:13-21
En aquel tiempo, hallándose Jesús en medio de una multitud, un
hombre le dijo: “Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo
la herencia”. Él le contestó: “Amigo, ¿quién me ha hecho juez o
partidor de herencias entre ustedes?” Después les dijo: “Eviten
con gran cuidado toda clase de codicia, porque aunque uno lo
tenga todo, no son sus pertenencias las que le dan vida”. En
seguida les propuso este ejemplo: “Había un hombre rico al que
sus tierras le habían producido mucho. Se decía a sí mismo:
‘¿Qué haré? Porque ya no tengo dónde guardar mis cosechas’. Y
añadió: ‘Ya sé lo que voy hacer: echaré abajo mis graneros y
construiré otros más grandes, para guardar mi trigo y mis
reservas y me diré: Alma mía, tienes muchas cosas almacenadas
para muchos años: descansa, come, bebe, pásalo bien’. Pero Dios
le dijo: ‘Tonto, esta misma noche te van a pedir tu vida, ¿quién
se quedará con lo que amontonaste?’ Así pasa al que amontona
para sí mismo en vez de trabajar por Dios”.
Comentario breve:
En tiempos bíblicos, era costumbre pedir a los rabinos que
ayudaran en los asuntos de herencias entre hermanos, por lo
tanto, la pregunta del hombre a Jesús es apropiada. Sin embargo,
Jesús no la contesta y aprovecha la ocasión para continuar sus
enseñanzas sobre la codicia. Para esto usa la parábola del “rico
necio,” necio porque pensaba que a mayor riqueza correspondía
una mayor felicidad. El propósito de la parábola no es condenar
las riquezas, sino dejar en evidencia la torpeza de quien pone
toda su confianza en éstas. Por último, la historia nos recuerda
que la vida es un don gratuito de Dios y que sería tonto
planearla como si tuviéramos la certeza de que va a ser larga y
con mucha salud.
Tres ideas importantes de la lectura:
-
El rico de la parábola no es malo. Su pecado no está en ser
rico, sino en no saber ser generoso con su riqueza.
-
El rico necio busca su seguridad en las posesiones
materiales, cuando el verdadero tesoro está en liberarnos de
nuestra avaricia.
-
La parábola usa cierta ironía al recordarnos que aún cuando
podamos controlar nuestra vida con el dinero, no tenemos
control alguno sobre nuestra muerte.
Para la reflexión:
1. ¿En dónde he puesto mi confianza? ¿Qué o quién me da
seguridad? Explica.
2. ¿He dejado alguna vez que la avaricia arruine mis relaciones
familiares? ¿Qué pasó?

8 de agosto de 2004,
19° Domingo del Tiempo Ordinario [Ciclo C]
Evangelio según San Lucas 12:32-48
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “No temas, pequeño
rebaño, porque al Padre le agradó darte el Reino. Vendan lo que
tienen y repártanlo en limosnas. Háganse unas bolsas que no se
destruyan y acumulen en el cielo un tesoro que no se acaba, allá
donde no pueden llegar ni ladrón ni polilla que destruya. Porque
donde está su tesoro, ahí también estará su corazón. Tengan la
ropa puesta y mantengan encendidas sus lámparas. Estén como
hombres que esperan que su patrón regrese de un casamiento para
abrirle apenas llegue y golpee a la puerta. Felices los
sirvientes a los cuales el patrón encuentre despiertos a su
llegada. Yo les digo que él mismo los atenderá, los hará
sentarse a su mesa y los servirá uno por uno. Felices si los
encuentra así aunque venga a la medianoche o de madrugada.
Entiendan bien esto: si el dueño de casa supiera a qué hora va a
venir un ladrón, estaría preparado para no permitirle entrar en
su casa. Ustedes también estén preparados, porque en el momento
menos pensado vendrá el Hijo del Hombre”.
Comentario breve:
Los primeros cristianos creían que el fin del mundo (parousia)
y el regreso de Jesús tendrían lugar pronto. Lucas relata este
evento para alentar a la comunidad cristiana que comenzaba a
frustrarse porque Jesús no regresaba. En este pasaje, el
evangelista agrupa una serie de frases de Jesús que animan a la
comunidad a seguir en vela esperando confiados su venida.
Jesús nos ofrece los criterios precisos para no confundirnos y
escoger como tesoro algo verdaderamente valioso, algo que no
pueden robar los ladrones ni carcomer la polilla.
Tres ideas importantes de la lectura:
-
No permitamos que se adueñe de nuestro corazón algo que no
merece esfuerzos.
-
El éxodo de Egipto y el tiempo en el desierto prepararon a
los israelitas para entrar a la tierra prometida. De igual
forma, la vida nos prepara para el encuentro definitivo con
Dios. Si no tenemos esto en cuenta, moriremos de hambre y de
sed buscando la seguridad en cosas que no la pueden dar.
-
Para llegar al Reino de Dios es necesario estar siempre
preparados.
Para la reflexión:
1. ¿Estoy listo para mi encuentro final con Dios? ¿Qué pienso
acerca de la otra vida?
2. Qué les enseño a mis hijos (nietos, sobrinos) que es lo más
importante en la vida? ¿Qué aprenden ellos de mi comportamiento?

15 de agosto de 2004,
La Asunción de la Virgen María [Misa del día]
Evangelio según San Lucas 1:39-56
Por esos días, María partió apresuradamente a una ciudad ubicada
en los cerros de Judá. Entró a la casa de Zacarías y saludó a
Isabel. Al oír Isabel su saludo el niño dio saltos en su vientre.
Isabel se llenó del Espíritu Santo y exclamó en alta voz:
“Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de
tu vientre. ¿Cómo he merecido yo que venga a mí la madre de mi
Señor? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de
alegría en mis entrañas. Dichosa por haber creído que de
cualquier manera se cumplirán las promesas del Señor!” María
dijo entonces: “Celebra todo mi ser la grandeza del Señor y mi
espíritu se alegra en el Dios que me salva porque quiso mirar la
condición humilde de su esclava, en adelante, pues, todos los
hombres dirán que soy feliz. En verdad el Todopoderoso hizo
grandes cosas para mí, reconozcan que Santo es su nombre, que
sus favores alcanzan a todos los que le temen y prosiguen en sus
hijos. Su brazo llevó a cabo hechos heroicos, arruinó a los
soberbios con sus maquinaciones. Sacó a los poderosos de sus
tronos y puso en su lugar a los humildes, repletó a los
hambrientos de todo lo que es bueno y despidió vacíos a los
ricos; de la mano tomó a Israel, su siervo, demostrándole así su
misericordia. Esta fue la promesa que ofreció a nuestros padres
y que reservaba a Abraham y a sus descendientes para siempre”.
María se quedó cerca de tres meses con Isabel, y después volvió
a su casa.
Comentario breve:
En 1950 el Papa Pío XII proclamó solemnemente el dogma de la
Asunción de María: la Madre de Jesús elevada gloriosamente a la
presencia de Dios. Desde los primeros siglos del cristianismo,
los Padres de la Iglesia ya hablaban de la asunción de María y
también encontramos unos frescos del siglo IX en la basílica
subterránea de San Clemente, en Roma, con este motivo. El
cristianismo se conoce por sus ideas revolucionarias. Decir que
María fue elevada al cielo sin morir no es más revolucionario
que asegurar que Dios “sacó a los poderosos de sus tronos y puso
en su lugar a los humildes”.
La historia de la visita de María a Isabel se lee también en el
4º domingo de adviento, pero hoy incluye el Magnificat,
el cántico de María, llamado así por la traducción en latín de
su primera palabra: “magnifica mi alma…” El canto tiene la
influencia del cántico de Ana, la madre del profeta Samuel, al
nacer éste también por intervención divina (1 Sam 2:1-10).
Tres ideas importantes de la lectura:
-
Destaca el papel de la mujer; esta narrativa lo demuestra
porque las palabras de Ana, Judit y otras mujeres de las
escrituras hebreas están incluidas en el cántico de María.
-
Es la historia de dos mujeres totalmente dispuestas a hacer
la voluntad de Dios.
-
La fiesta de la asunción destaca la predilección de Dios por
los pobres, los humildes y los débiles.
Para la reflexión:
1. ¿Por qué tiene María tanta importancia para los católicos? ¿Cuál
es mi relación con ella?
2. ¿Estoy dispuesto a salir de mi hogar para ir a visitar a un
pariente anciano?

22 de agosto de 2004,
21er Domingo del Tiempo Ordinario [Ciclo C]
Evangelio según san Lucas 12:13-21
En aquel tiempo iba Jesús enseñando por ciudades y pueblos
mientras se dirigía a Jerusalén. Alguien dijo: “Señor, ¿es
verdad que pocos hombres se salvarán?” Jesús respondió:
“Esfuércense por entrar por la puerta angosta, porque yo les
digo que muchos tratarán de entrar y no lo lograrán. Cuando el
dueño de casa se decida a cerrar la puerta, ustedes quedarán
afuera y se pondrán a golpear, diciendo: ‘Señor, ábrenos’. Pero
él les contestará: ‘No sé de dónde son ustedes’. Entonces
ustedes comenzarán a decir: ‘Nosotros comimos y bebimos contigo,
tú enseñaste en nuestras plazas’. Pero él contestará: ‘No sé de
dónde son ustedes. Aléjense de mí todos los malhechores’. Allí
será el llanto y el rechinar de dientes, cuando vean a Abraham,
a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios,
mientras ustedes habrán sido echados fuera. Y vendrán hombres
del oriente y del poniente, del norte y del sur, a tomar parte
del festín, en el Reino de Dios. Pues hay gente que ahora son
últimos y que serán los primeros, y en cambio los que ahora son
primeros serán los últimos”.
Comentario breve:
Jesús no responde la pregunta directamente, sino que aprovecha
el momento para enseñar sobre las exigencias del discipulado; no
dice si sólo unos pocos se salvarán, pero aclara que algunos no
pasarán por la puerta angosta. Entrar por esta puesta es estar
dispuestos a seguir al Maestro en su camino hacia la muerte en
Jerusalén (9:22-23). El Evangelio de Lucas, al igual que los
Hechos de los Apóstoles, también escrito por él, destaca el
papel de los gentiles que acepten a Jesús, y que se sentarán con
Abrahán y los profetas en el banquete celestial.
Cuando Lucas escribe este evangelio, la comunidad cristiana
estaba siendo perseguida por judíos y romanos. Con esta
narrativa, Lucas les recuerda a sus lectores la seriedad del
compromiso cristiano y la necesidad de estar dispuestos a sufrir
con Jesús.
Tres ideas importantes de la lectura:
-
Jesús ofrece la salvación a todos, pero no se puede aceptar
“a medias”. No existe una puerta “ancha” para entrar al
reino de Dios.
-
Nunca es tarde para cambiar y decirle sí al Señor, pero si
dejamos pasar muchas oportunidades de hacerlo, poco a poco
perderemos la capacidad de reconocerlas cuando se nos
presenten.
-
Nadie está excluido de la mesa del Señor excepto aquellos
que se excluyen a sí mismas. Cada persona que viva haciendo
el bien tiene ya la llave de la puerta angosta.
Para la reflexión:
1. ¿Me molesta que otros a quienes no considero dignos tengan la
oportunidad de entrar por la puerta angosta a última hora?
Explica.
2. ¿He sufrido alguna vez por causa de haber escogido esta
puerta? ¿Qué pasó?

29 de agosto de 2004,
19° Domingo del Tiempo Ordinario [Ciclo C]
Evangelio según san Lucas 14:1,7-14
Una vez, Jesús fue a comer a la casa de uno de los fariseos más
importantes. Era sábado, y ellos lo estaban espiando. Al notar
cómo los invitados buscaban los primeros lugares, les dio esta
lección: “Si alguien te invita a una comida de bodas, no ocupes
el primer lugar. Porque puede ser que haya sido invitado alguien
más importante que tú. Entonces el que los invitó a los dos
vendrá a decirte: ‘Deja tu lugar a esta persona’. Y tú, rojo de
vergüenza, tendrás que ir a ocupar el último asiento. Al
contrario, cuando te inviten, ponte en el último lugar, de modo
que cuando llegue el que te invitó te diga: ‘Amigo, acércate más’.
Y será un honor para ti en presencia de todos los que estén
contigo a la mesa. Porque el que se eleva será humillado y el
que se humilla será elevado”. Jesús decía también al que lo
había invitado: “Cuando des un almuerzo o una comida, no invites
a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a
vecinos ricos, porque ellos también te invitarán a su vez y
recibirás de ellos lo mismo que diste. Al contrario, cuando
ofrezcas un banquete, invita a los pobres, a los inválidos, a
los cojos, a los ciegos, y serás feliz porque ellos no tienen
con qué pagarte. Pero tu recompensa la recibirás en la
resurrección de los justos”.
Comentario breve:
Según el Evangelio de Lucas, esta es la tercera vez que Jesús
visita la casa de un líder religioso (fariseo). Jesús aprovecha
la oportunidad para hablar a su anfitrión y a sus huéspedes del
discipulado. Con frecuencia, Jesús usaba la analogía de un
banquete de bodas para hablar del reino de Dios, y hoy nos
recuerda que hemos sido invitados a este banquete por la gracia
de Dios y no por nuestros méritos o clase social. Por lo tanto,
sería ridículo fajarnos por ocupar los primeros puestos.
El mensaje de la segunda parte de esta lectura nos dice que,
cuando hagamos el bien y sirvamos, debemos hacerlo generosamente,
sin esperar recompensa alguna; de la misma forma que Dios nos
ama gratuitamente.
Tres ideas importantes de la lectura:
-
Jesús no muestra favoritismo. Trata a todos con respeto y
amor, porque todos merecen un lugar de honor en el banquete
del reino.
-
Los seguidores de Cristo saben que todo lo que son y hacen
viene de Dios.
-
Dios dará la recompensa a todos los que son generosos sin
esperar nada a cambio.
Para la reflexión:
1. ¿Hay alguna diferencia entre ser humildes y ser tontos?
Explica.
2. ¿He estado alguna vez en una cena en que pasó lo que dice
esta parábola? ¿Cómo me porté?
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