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Las medidas contra los viajes a Cuba
y la actitud de la Iglesia

Angelique Ruhí-López
La Voz Católica

En 1997, Rosario Bergouignan, directora de casos del Tribunal de la Arquidiócesis de Miami, volvió a Cuba junto con el Arzobispo John C. Favalora, después de 40 años en el exilio, por la visita del Papa Juan Pablo II. Y Bergouignan ha regresado todos los años desde esa primera visita.

“Allí, en la misa del Papa, se estaba desmayando todo el mundo por el calor y por falta de nutrición”, explicó Bergouignan, que no tiene familia en Cuba. “Una señora estaba al lado mío y me pidió una aspirina”. Ya de regreso, añade, “decidí que tenía que volver a Cuba”.

Bergouignan no es la única persona que viaja a Cuba para llevarle al pueblo sufriente medicinas, caridad y esperanza. Pero, debido a las nuevas medidas del gobierno estadounidense efectivas desde el 30 de junio, que restringen los viajes a Cuba de una vez al año a sólo una vez cada tres años para quienes tienen familiares en la isla, esta misión será más difícil de realizar.

Según las medidas, quienes viajen a Cuba en violación de los reglamentos pueden sufrir una multa de hasta $7,500. Las personas con licencias del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos para viajar a Cuba –mayoritariamente, las que viajan con organizaciones humanitarias y religiosas, como Bergouignan– pueden seguir viajando hasta que sus licencias se venzan. Las medidas también limitan la cantidad de dinero que se puede enviar a Cuba.

“Cuando fui a Cuba por primera vez, me di cuenta de la necesidad que tenía el pueblo cubano. Fue un despertar. Me quitaron la venda de los ojos y vi la pobreza, pero también vi la hermandad con que nos trataron”, explicó Bergouignan, que regresó a Cuba en marzo con otras dos voluntarias, por mediación de la arquidiócesis y Fe en Acción. “El trato personal con ellos, el contacto humano, el llevarles tu persona, es lo que verdaderamente influye, para que se den cuenta de cómo están viviendo”, expuso Begouignan.

Fuente de división

Entre la comunidad cubana de Miami, hay quienes apoyan las nuevas medidas y otros que se oponen a ellas, de igual manera que sucede con el embargo económico. Un nuevo estudio de la situación, “Orientaciones de los valores y las opiniones de los cubanos recién llegados a Miami” (Value Orientations and Opinions of Recently Arrived Cubans in Miami), pone de manifiesto las causas de algunas de estas divisiones.

Según el estudio –realizado por el Dr. Andy S. Gómez y el Dr. Eugenio M. Rothe, de la Universidad de Miami–, el 57 % de los cubanos recién llegados se opone al embargo económico. El 63% de éstos se consideraban pobres mientras vivían en Cuba. Estas estadísticas son muy distintas de las que había hace 10 años, dice el P. Fernando Hería, párroco de St. Brendan, a quien al Arzobispo Favalora ha nombrado coordinador de la asistencia a los templos católicos de Cuba. Mediante este programa se recauda un promedio anual de más de un cuarto de millón de dólares, suma procedente de donaciones privadas y de otras actividades para levantar fondos.

“Al considerar este estudio, podemos empezar a entender por qué estamos fragmentados”, dice el P. Hería. “No es el resultado de diferencias ideológicas, sino de las experiencias vividas”.

“Es importante que la Iglesia se dé cuenta de esto, y que abre las puertas a todo el exilio”, añadió el Padre, que también forma parte del equipo de En Comunión, que promueve el diálogo entre la Iglesia de Cuba y la Iglesia de Miami.

“El dinero se manda a los obispos de Cuba, quienes coordinan con los párrocos locales y lo asignan a los templos”, explicó el Padre. “Con las nuevas regulaciones, los trámites se han hecho un poco difíciles, pero el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos ha establecido excepciones para asuntos auténticamente religiosos, y éste lo es”.

“Para que no se cree un sistema paternalista, los feligreses de Cuba realizan un aporte equivalente, de acuerdo con sus medios” dijo. “Las iglesias les dan almuerzo y merienda a las brigadas de trabajadores que están reparando los techos de los templos. Como ellos ayudan con la mano de obra y los fieles están involucrados, se crea nuevamente un sentido de comunidad eclesial. Es un nexo que une a los de aquí con los de allá”.

“Entre los más sufridos está el pueblo cubano sencillo, dentro y fuera de Cuba”, indicó el Obispo Auxiliar Felipe J. Estévez. “Hay que señalar que es muy importante que estas medidas –tanto las del gobierno actual como las de Cuba– no sean un elemento de división ni de fragmentación de nuestra comunidad. Debemos reconocer con serenidad nuestras diferencias, y escuchar, respetándonos”.

Por esto, En Comunión va a iniciar en los próximos meses un programa piloto en la parroquia de St. Brendan, con el formato de un town hall meeting (consejo municipal) para dialogar y discutir las opiniones de todo el exilio cubano.

“Tenemos que poner fin a los ataques personales y dejar un espacio donde el dolor pueda compartirse y discutirse”, dijo el P. Hería.

“Hay dos embargos. El de aquí también hace sufrir, pero existe uno allá también. El embargo de allá es peor, y hace sufrir más”, concluyó el Obispo Auxiliar Agustín Román. “No es tan fácil equilibrar todo esto. Hay que esperar un poquito, que pase el ciclón, para ver cómo quedan las aguas”.