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Y.
E. S.: Jóvenes que sirven con alegría
Adolescentes de la arquidiócesis asisten a retiro donde se
exponen a la fragilidad de los más necesitados y aprenden
sobre compasión y servicio.
Angelique Ruhí-López
La Voz Católica
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Inés González-Llanos ayuda a Marie Tracy con un proyecto de arte
en el Centro para Adultos de la parroquia St. Elizabeth de
Hungría en Pompano Beach.
Fotos:
Angelique Ruhí-López |
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Victor Acosta le
puso una flor en el pelo a Louise Schillaci, y no se separó de
ella en todo el día. Pero no se trataba de una cita amorosa
entre dos jóvenes. Schillaci es una anciana que asiste al Centro
para Adultos de la parroquia St. Elizabeth de Hungría, de
Pompano Beach, y Acosta, de 17 años, fue a visitarla en el
centro como parte del retiro Y.E.S. (Youth Enjoying Service, o
Jóvenes que Sirven con Alegría.)
“Cuidar a alguien
que necesita de mi ayuda me hace sentir feliz por dentro.
Disfruté acompañando a Louise, porque me gusta trabajar con
personas mayores. Me hace recordar a mi bisabuelo de Colombia, y
a mi bisabuela de Nueva York, y me recuerda cuánto los extraño”,
expresó Acosta, estudiante de 11º grado en Pembroke Pines
Charter High School.
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Edward Joseph (der.) y Earl Azille (a su izq.) juegan a las
damas con un voluntario y un participante del programa para
adultos de St. Elizabeth de Hungría. Joseph y Azille visitaron
los adultos a través del retiro Y.E.S. |
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Visitar a
personas mayores fue sólo una de las diversas oportunidades de
servicio que los jóvenes del retiro Y.E.S. tuvieron del 21 al 27
de junio. El retiro Y.E.S., que comenzó en 1995, consiste en una
semana de servicio y oración en el Centro Pastoral Madonna, de
Hollywood, para jóvenes de la enseñanza secundaria.
“Quisimos ofrecer
a los adolescentes de la arquidiócesis una oportunidad de
experimentar la práctica de la justicia y el servicio mediante
este tipo de programa”, indicó Francis McGill, Coordinador de
Ministerios para Jóvenes y Jóvenes Adultos en el Condado de
Broward, que ha sido líder de Y.E.S. durante seis años.
“Ha sido un
programa poderoso y eficaz por tres razones”, añadió McGill.
“Primero, porque los ojos de los jóvenes se abren para
permitirles valorar lo que tienen y sentir compasión por los más
necesitados. Segundo, contribuye a que los jóvenes se den cuenta
de que pueden influir en el mundo de otra persona; y, tercero,
porque aprenden a reconocer sus talentos al aplicarlos a
distintos tipos de servicio”.
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Terry, que participa en el Centro para Adultos, disfruta la
visita de los jovenes.
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Para participar
en el retiro, los jóvenes tienen que responder a tres preguntas
por escrito: ¿por qué desean participar?; ¿qué pueden ofrecer al
retiro?, y ¿qué esperan aprender del retiro? También se les pide
una carta de recomendación escrita por un adulto y, en algunos
casos, pasar una entrevista telefónica. Normalmente, se acepta a
casi 20 participantes de toda la arquidiócesis y de colegios
públicos y privados.
“En general, son
buenos muchachos, que están interesados en servir”, señaló Julia
Suárez, coordinadora de ministerios para jóvenes y jóvenes
adultos en el condado de Miami-Dade. Suárez ha sido líder de
Y.E.S. durante tres años. “Muchas veces, las impresiones y las
percepciones de los jóvenes cambian después de experimentar los
diferentes proyectos de servicio. Y los sitios que seleccionamos
para prestar el servicio fueron muy receptivos a la experiencia”.
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Los jovenes del retiro Y.E.S. hicieron una presentación de
bailes y canciones para entretener a los ancianos del Centro
para Adultos en St. Elizabeth de Hungría.
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Durante cada día
del retiro, los jóvenes visitan distintas organizaciones para
cumplir el servicio. Este año, visitaron Miami Rescue Mission,
donde jugaron con los niños y les prepararon la comida; el
Centro Campesino, donde enseñaron a los niños y jugaron con
ellos; pintaron una casa para Habitat for Humanity, y
organizaron latas de alimentos en el Daily Bread Food Bank.
En el centro para
adultos de St. Elizabeth, los jóvenes entretuvieron a las
personas mayores con juegos de ajedrez y de damas, proyectos de
arte y una presentación de canciones y bailes populares, como la
conga.
“Estos jóvenes
dan el 100%”, expuso Ina Deal, coordinadora de actividades en el
centro de adultos de St. Elizabeth. “Llegan y los adultos se
rejuvenecen. Los muchachos no son retraídos, sino considerados,
y se comportan bien. Es una experiencia muy espiritual”.
“Disfruté de la
presentación y la visita de los jovenes”, comentó Emily Grande,
miembro del centro de adultos de St. Elizabeth. “Me recuerda los
tiempos pasados, cuando era joven”.
En la tarde,
después de cocinar su cena en equipos, los jóvenes se reúnen con
los líderes del programa para compartir sus experiencias de
servicio.
“Me encantó el
día y disfruté escuchando las anécdotas de las personas mayores
sobre sus vidas”, comentó Inés González-Llanos, de 16 años,
sobre sus experiencias en el centro para adultos. La joven, que
estudia en el 11º grado en la escuela secundaria Archbishop
McCarthy, pasó el día con Marie Tracy, una mujer de 96 años que
no tiene familia. “Este retiro es más de lo que yo esperaba”,
afirmó González-Llanos. “Me di cuenta de cuán grande es el deseo
que tienen los ancianos de que los jóvenes compartan con ellos,
y me llevó a preguntarme cómo me gustaría que me trataran cuando
envejezca”.
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