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La Pastoral Juvenil no es opcional

Hna. Ondina Cortés rml

En su “Mensaje a la Juventud” (1995), los Obispos de Estados Unidos dijeron que las parroquias “deben ser un lugar donde los jóvenes son bienvenidos, crecen en Jesucristo, y proclaman el ministerio juntamente con los adultos de la comunidad”. Dos años después, en el documento “Renovando la Visión”, los obispos hicieron un llamado en el que piden que “el ministerio con adolescentes se convierta en una de las prioridades más importantes para toda la comunidad cristiana.” A través de mis contactos con diferentes personas y líderes parroquiales, me doy cuenta de que existe una preocupación real por la juventud. ¿Quién no tiene un hijo o una hija, un nieto o una nieta, un sobrino o una sobrina que le quita el sueño? Pero lo que no está del todo claro es si somos capaces de traducir esa preocupación en una acción comprometida y eficaz que permita, como decía el Vaticano II, “dar a futuras generaciones razones para vivir y razones para esperar.” (Gaudium et Spes, 31)

Una parroquia donde la pastoral juvenil no sea prioridad, es una parroquia sin futuro. Por magníficos que sean los edificios de nuestros templos, no atraerán a la juventud y mañana estarán vacíos, si las comunidades no ofrecen los dos elementos esenciales para conectar a los jóvenes a la parroquia: programas que respondan a sus necesidades y personas que sepan acogerlos y estén preparadas para desarrollar ese ministerio. Lo más difícil es encontrar esas personas que quieran y puedan dedicarse a los jóvenes. Cada día las personas que quisieran prestar ese servicio cuentan con menos tiempo para hacerlo como voluntarios. Las exigencias del trabajo y la familia no les permite dedicarse a los jóvenes como éstos necesitan, ni organizar programas y actividades con la calidad e intensidad que atraigan a una juventud bombardeada por miles de oportunidades de diversión. A pesar de esto, 86% de los grupos juveniles de Miami-Dade tienen asesores voluntarios, ya que sólo en 7 parroquias hay personas empleadas para la pastoral juvenil. En Broward las estadísticas son parecidas.

Hace unos años, la agencia de encuestas George H. Gallup reportaba que, mientras que la Iglesia Católica va a la vanguardia en el ministerio con niños por medio de la catequesis y de la escuela católica, los frutos de esa labor son recogidos por las iglesias protestantes, que centran su atención en la juventud. Como resultado, son muchos más los jóvenes protestantes que van a la Iglesia por propia iniciativa, que los jóvenes católicos (80% y 54%, respectivamente). Un 43% de los jóvenes católicos, según la encuesta, iba a la Iglesia a petición de sus padres. (The Newsletter of the Gallup Youth Survey, Vol. 4, No.3).

¿A qué se debe? Yo me lo pregunto muchas veces. Por un lado, no siempre podemos competir con los recursos financieros con los que cuentan otras denominaciones, pero, dentro de la misma Iglesia Católica, vemos las diferencias. Esto nos hace pensar que en parte es cuestión de mentalidad y prioridades. Las diócesis del llamado Bible Belt, o del sureste protestante, tienden a invertir mucho en la juventud a pesar de sus escasos recursos, quizá porque toman el modelo protestante o porque han descubierto la importancia de la pastoral juvenil.

Pienso que un factor muy importante, a la hora de determinar prioridades, es la comprensión que se tiene del ministerio juvenil. En los últimos diez años se ha dejado de hablar de “grupo juvenil” y se maneja el concepto de “ministerio juvenil comprensivo”, que es mucho más abarcador. Esto equivale a toda la acción parroquial en favor de la juventud. Hay jóvenes a los que les gusta participar en grupos juveniles; otros están en la escuela parroquial; otros, simplemente vienen a misa o van al catecismo. El ministerio abarcador incluye todo esto y además al que está en la cárcel, al que tiene problemas de drogas, al que está enfermo. Se trata de pensar en cada joven dentro de los límites de la parroquia y ver cómo se llega a él para compartir la Buena Noticia. A todos no llegaremos de la misma manera y éste es el reto: ofrecerles múltiples oportunidades grupales e individuales y cubrir los ocho componentes de la pastoral juvenil (Catequesis, Evangelización, Oración, Cuidado Pastoral, Justicia y Servicio, Formación de Líderes, Creación de Comunidad e Intercesión). Por tanto no estamos hablando de una reunión a la semana con 20 jóvenes. El campo es amplio y requiere formación y tiempo, planificación y apoyo de toda la comunidad. Es deber y responsabilidad de la comunidad buscar caminos para traducir su legítima preocupación por la juventud en medios eficaces de evangelización y atención pastoral de nuestros jóvenes. La pastoral juvenil no es opcional. Nuestro mañana y nuestro presente dependen de ello.

Directora de la Pastoral Juvenil de la Arquidiócesis de Miami
ondina@claretiansisters.org