HABLA EL PAPA
 VOZ DEL ARZOBISPO
 ARQUIDIÓCESIS
 CALENDARIO
 MUNDO Y NACIÓN
 AMÉRICA LATINA
 CUBA Y LA DIÁSPORA
 INMIGRACIÓN
 ESPIRITUALIDAD
 ENSEÑAZAS DE
  LA IGLESIA
 REFLEXIONES
 BÍBLICAS
 LETRAS / CINE / ARTE
 ENLACES
 ARCHIVO
 BÚSQUEDA
 PORTADA

 

Misa del Encuentro entre Sacerdotes y Laicos de Cuba y el Exilio

Homilía del Arzobispo el 19 de agosto de 2004,
en la Ermita de la Caridad

Arzobispo John C. Favalora

En las lecturas de hoy, el profeta Ezequiel es el portavoz de Dios a los judíos en el exilio. El les trae el mensaje de esperanza de Dios. A pesar de los largos años y de las penurias en el exilio, el mensaje consolador de Dios siguió siendo el mismo. Los haré volver. Los lavaré con agua pura, los limpiaré de todas sus impurezas y pondré en ustedes un corazón nuevo. Pondré en ustedes mi espíritu. Vivirán en el país que di a sus padres.

Estas palabras son palabras vivas, porque son las palabras de Dios. Ellas también les hablan de esperanza a todos ustedes aquí reunidos, los del exilio y los de la isla. En el buen tiempo de Dios, El quiere que ustedes vivan en libertad en la tierra que El les dio a sus antepasados. La esclavitud del totalitarismo y el cautiverio del exilio se acercan a su fin. La voz de Ezequiel es hoy en día la voz de la Iglesia de Cuba. La voz de En Comunión es la voz de Ezequiel para el pueblo cubano. Esa voz trae esperanza.

El Arzobispo John C. Favalora celebró la misa con el clero de Cuba y de la Diáspora, en la Ermita de la Caridad, el 19 de agosto. De izq. a der., el P. José Antonio Esquivel; Mons. Felipe de J. Estévez, Obispo Auxiliar de Miami; Mons. Pedro Meurice Estiú, Arzobispo de Santiago de Cuba; Mons. Tomás Marín, párroco de Ntra. Señora de Lourdes, el P. Fernando Hería, párroco de St. Brendan; el Arzobispo John C. Favalora; el P. Rolando Cabrera, rector de la Catedral de La Habana; el P. Tony Rodríguez, párroco de Artemisa; Mons. Agustín Román, Obispo Auxiliar de M iami, retirado; el P. Mario Vizcaíno, director del SEPI, y Mons. Dionisio García Ibáñez, Obispo de Bayamo-Manzanillo. Foto: Dora Amador.

Las lecturas de mañana narran la belleza de la visión del campo de los huesos secos. Ezequiel ve huesos secos por todas partes. Entonces Dios le dice: Voy a hacer entrar en ustedes aliento de vida para que revivan. En ese momento los huesos comenzaron a hacer ruido. Sobre ellos aparecían tendones y carne y se cubrían de piel. El aliento de vida vino y entró en ellos y ellos revivieron. Lo he dicho y lo he hecho, dice el Señor. Lo hizo cuando el resto de Israel eventualmente regresó y restauró las ruinas de Jerusalén y del templo santo. Entonces comenzó la gran celebración, con comida suculenta y buen vino.

La parábola en el Evangelio de hoy habla del banquete divino. El deseo de Dios para el pueblo cubano es que pueda compartir el banquete de la restauración. Ustedes, hermanos y hermanas de la isla y de la diáspora, están llamados a prepararse para el banquete de bodas en el evangelio de hoy. Todos están invitados. El banquete siempre está listo, aunque algunos rehúsen venir. El Evangelio nos dice que el rey invitó a los buenos y a los malos. Pero, para poder compartir el banquete, todos deben tener el traje de boda apropiado. ¿Cuál es el traje de boda apropiado? El traje de boda representa la disposición adecuada para asistir a la celebración de la boda. Sin eso, no puede haber un banquete.

Le sugiero a cada uno de ustedes que para vestir el traje de boda apropiado hay que poner a un lado el resentimiento y la ira, el malentendido y la envidia, el odio y la desesperación. Unanse en un espíritu de esperanza y de paz, de compañerismo y de amor. La verdadera reconciliación exige que cada persona vista el traje de boda apropiado.

Doy gracias a Dios por este proyecto que aquí llamamos En Comunión. Oro por su éxito. Pero éste no puede conseguirse solamente con los esfuerzos humanos. El trabajo del Espíritu que revivió aquellos huesos muertos, debe crear un corazón muy limpio, nuevo, y unas relaciones más sólidas. El Espíritu debe sanar las viejas heridas; el Espíritu debe revitalizar las esperanzas perdidas y traer vida dondequiera que respire. Ese proceso comienza con la práctica sincera y frecuente del sacramento de la Confesión. Es necesario que la conversión personal y la reconciliación personal con Dios precedan cualquier esperanza de comunión o solidaridad. No hay lugar para el pecado personal en el banquete del Señor.

Oro para que esta reunión continúe fortaleciendo a cada uno de ustedes en su determinación de llegar a ser como el resto de Israel, que se reconcilia y reforma la tierra natal que, por el favor de Dios, pertenece al buen pueblo de Cuba. Oro para que todos los hermanos y hermanas cubanos que comparten la misma sangre y el mismo anhelo, puedan disfrutar de un banquete familiar aquí, en Miami y, dentro de poco, juntos otra vez en Cuba.

Que Nuestra Señora de la Caridad lleve esta oración a su Amado Hijo.