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En Lourdes, “María nos habla: ¡Escuchemos!”

ACI
Lourdes, Francia

 

En la multitudinaria Misa celebrada en la explanada del Santuario de Lourdes, el 15 de agosto, el Papa Juan Pablo II lanzó un urgente llamamiento a hombres y mujeres a defender la vida como “un don sagrado del que nadie puede apropiarse”.

Ante millares de fieles, muchos de ellos peregrinos enfermos que lo alentaban constantemente, el Pontífice  comenzó recordando la ocasión de su visita, el 150° Aniversario de la solemne definición del dogma de la Inmaculada Concepción y dijo que ‘he deseado vivamente cumplir esta peregrinación a Lourdes, para recordar un evento que sigue dando gloria a la Trinidad una e indivisible”. 

Visiblemente cansado, al punto que en un momento en la Misa se le escuchó decir en polaco “pomorzie mi”, es decir, “ayúdenme”, el Santo Padre saludó “con especial afecto a vosotros, queridísimos enfermos, que habéis venido a este lugar bendito a buscar reposo y esperanza.

¡La Virgen Santa les haga sentir su presencia y les dé consuelo en sus corazones!

Al recordar luego la maravillosa oración del Magnificat, que la liturgia propone con ocasión de la Fiesta de la Asunción de María en este día, el Pontífice señaló que “al Magnificat sigue el silencio: sobre los tres meses de permanencia junto a su prima Isabel no se ha dicho nada. O tal vez se nos ha dicho lo más importante: el bien no hace ruido, la fuerza del amor se expresa en la discreta quietud del servicio cotidiano”.

Juan Pablo II señaló luego que los dos dogmas de la Inmaculada Concepción y de la Asunción “están íntimamente ligados”. “Ambos proclaman la gloria de Cristo Redentor y la Santidad de María, cuyo destino humano es ya desde ahora perfecta y definitivamente realizado en Dios”.

Juan Pablo II señaló luego que la Virgen, “desde la gruta de Massabielle, nos habla también a nosotros, cristianos del Tercer Milenio. ¡Escuchemos!”