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Las
familias inmigrantes
entre la esperanza y los peligros
Angelique Ruhí-López
La Voz Católica
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El P. Eduardo Jiménez junto con
Peter Merconchini y Marta Ríos, que presentaron temas de la
familia en el Encuentro Internacional de la Fraternidad del
Clero y Religiosos de Cuba en la Diáspora.
Foto:
Angelique Ruhí-López |
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Un reciente
encuentro de obispos, sacerdotes, diáconos y religiosos cubanos
realizado en el Centro Varela de la Ermita de la Caridad, tuvo
como tema de reflexión los problemas de las familias recién
llegadas a los Estados Unidos.
Cuando las
familias inmigrantes llegan a los Estados Unidos con la
esperanza de empezar una nueva vida, este sueño se termina
muchas veces ante la dura realidad del exceso de trabajo, el
individualismo, la búsqueda de lo material y la falta de
comunicación familiar. Según el documento escrito por los
sacerdotes que participaron en el Trigésimo Encuentro
Internacional de la Fraternidad del Clero y Religiosos de Cuba
en la Diáspora, del 27 al 29 de julio, las falsas esperanzas de
esta sociedad, especialmente para los recién llegados, pueden
crear “situaciones que, sin los valores cristianos, llevan a la
desunión familiar”.
Por esto, el tema
de reflexión de este encuentro de obispos, sacerdotes, diáconos
y religiosos cubanos, que se llevó a cabo en el Centro Varela de
la Ermita de la Caridad, fue la familia, especialmente la
familia cubana recién llegada.
“Los sacerdotes
somos mensajeros de la esperanza de la familia, basados en una
antropología enmarcada en el derecho natural y en el liderazgo
de Juan Pablo II, que ve el futuro de la humanidad esencialmente
ligado a la familia”, explicó el Obispo Auxiliar Felipe de Jesús
Estévez, que ha participado en varios encuentros y que, junto
con el Obispo Auxiliar Agustín Román, cumple funciones de
director espiritual de la Fraternidad. “El Santo Padre habla de
una soberanía de la familia como Iglesia doméstica”, señala Mons.
Estévez, y explica que esto constituye una base de comunión y de
reconciliación con la Iglesia de Cuba.
El propósito del
grupo, que se reúne cada año en distintas ciudades del mundo, es
crear un sentido de fraternidad entre todos los integrantes del
clero y todos los religiosos de origen cubano, y mantener una
comunicación más activa entre ellos. En cada reunión, participan
juntos en un retiro y se comparte un tema diferente, y se
discute cómo el clero puede enfrentarse a estos temas.
Como el tema de
esta reunión fue la familia, varios expertos compartieron sus
experiencias de trabajo con familias recién llegadas, y
ofrecieron sus sugerencias sobre cómo pueden ayudarlas los
sacerdotes.
“A la familia
inmigrante hay que guiarla y ayudarla”, indicó Marta Ríos, que
trabaja en una agencia de las escuelas públicas del condado
Miami-Dade, en Hialeah, donde se prepara a los inmigrantes para
obtener trabajo. “Cuando la familia cubana viene a este país,
está desorientada, porque esperaba llegar al paraíso, pero hay
que trabajar para lograr lo que se quiere”, señaló Ríos. “La
Iglesia tiene que ser la base principal, porque puede llegar a
todos en un grado mayor que cualquier otra organización. Puede
llegar a las personas espiritualmente, emocionalmente, y
económicamente”, explicó. “Los sacerdotes pueden influir en las
actitudes y la formación de la conciencia, y pueden guiar a la
persona hasta el lugar donde pueda adquirir los recursos para
realizar sus sueños”.
Según Ríos, que
también es profesora de paternidad aplicada en Miami-Dade
College, los niños son los que más sufren.
“Para el niño que
es llevado de un país a otro, es muy difícil concentrarse en la
escuela, debido a la gran confusión que sufre”, explicó.
“Algunos han dejado atrás parte de sus familias, y también
añoran la época en que podían correr por las calles. Muchos de
sus padres tienen que trabajar, y casi nunca los ven. Hay que
alcanzar un punto de equilibrio”.
También se
discutió el consumo de alcohol o de drogas como factor que puede
destruir a la familia.
“En las familias
hispanas, el problema del consumo de sustancias nocivas afecta a
todos los niveles de la familia”, expuso Peter Merconchini, que
trabaja en el departamento de servicios humanos del condado de
Miami-Dade, en programas para personas desamparadas o adictas a
las sustancias nocivas. “Hay ciertas cosas que son aceptables en
los países de origen de los inmigrantes, que aquí no se
aceptan”, señaló.
“Los sacerdotes
tienen que lidiar con personas que no quieren recibir terapia
por este problema [de las drogas], porque para ellas eso
representa un estigma cultural. El papel de los sacerdotes es
atenderlos y tratar de que se sientan capaces de buscar ayuda”.
En este sentido,
Merconchini subrayó la importancia de que estas personas estén
bien informadas sobre las mejores soluciones que hoy existen
para enfrentar el problema de la adicción a las sustancias
nocivas.
Los miembros de
la fraternidad también se organizaron en grupos para realizar un
seminario práctico, donde tenían que identificar alguna
situación o evento conflictivo que pudiera afectar a una familia
cubana en los Estados Unidos, para definir cuál sería el método
que emplearían, como guías espirituales, para ayudar a la
familia a reconocer y a solucionar sus problemas.
“Debemos escuchar
y entender a los cubanos que llegan ahora”, señaló el P. Raúl
Comesañas, de la parroquia St. Thomas Aquinas, de Broward.
“Cuando somos más sensibles, se abren más a nosotros. Con el
tiempo, reconocen que hay amistad y familia. Tenemos que
ponernos en el lugar de ellos, y la consecuencia de esto es que
se resuelve el problema y se integran a la comunidad”.
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