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Las experiencias de un obispo “en remisión total”
Jesús Vega
Especial para La Voz Católica
Conocí al P. Agostino Marchetto hace treinta años, cuando el
sacerdote formaba parte de la misión diplomática de la Santa
Sede en La Habana, Cuba, y fui ungido con la gracia de tenerlo
como mi consejero espiritual.
Lamentablemente, dejamos de vernos de forma abrupta, por azares
del destino que me llevaron a pasar de adolescente despreocupado
e inquieto a prisionero político. Sin embargo, en aquellos
momentos decisivos, su ejemplo vivo de fe y entrega cristiana me
ayudaron a afrontar aquella prueba.
Tuvieron que transcurrir varios años antes de recuperar el
contacto con mi antiguo consejero espiritual, y a la alegría de
tener noticias de él y enterarme de que ya era obispo, se sumó
el dolor de saber que él mismo pasaba por su propia prueba.
Estaba gravemente enfermo de cáncer linfático. Tan avanzado
estaba el mal, que se vio totalmente imposibilitado de proseguir
su labor diplomática y pastoral, la misma que le hizo recorrer “obedientemente”,
como acostumbra a decir, medio mundo en representación del
Vaticano, y como digno siervo de Cristo.
Luego de un período de desapariciones y resurgimientos, de
inquietudes y preocupación de mi parte (de él no salía ni una
queja, ni un lamento) un día llegó la noticia de su recuperación,
y la consecuente reanudación de sus cartas, en ocasiones
verdaderas pastorales para sus amigos en todo el mundo. Y con
ellas, otro mensaje aún más relevante: el recuento en un libro
de sus días de sufrimiento, de dolor, de su viaje por “el túnel
de la esperanza”.
Precisamente El túnel de la esperanza es el título del
volumen, breve en paginación, pero extenso en profundidad y
riqueza teológica y filosófica. Es una narración inspirada más
por el deseo de ayudar a los pacientes de cáncer que por ansia
de publicidad (quienes lo conocen me darán la razón). Y no hay
dudas de que el “obispo en remisión total” cumple su objetivo de
dar un mensaje universal de esperanza, valioso para creyentes y
ateos por igual, pues la estructura y la forma de relatar sus
experiencias poseen conscientemente un amplio perfil, donde el
lector tiene toda la libertad para obviar los comentarios
religiosos, si así lo desea, aunque creo firmemente que las
palabras del autor tienen tal fuerza de penetración, que a casi
nadie se le ocurriría “saltar” ciertos pasajes de escritura
inspirada por el Espíritu Santo.
Por
las páginas del libro desfilan todo tipo de sensaciones que
revelan nuestra esencia humana: dolor, frustración, pena, hasta
desesperación. Pero a todas ellas se sobrepone este hombre
valeroso que, en medio de su sufrimiento, saca fuerzas para
ayudar a los que le acompañan en el mismo infortunio,
olvidándose de sus propias penurias, y dedicarse al prójimo que,
como él, sufre en silencio y aislamiento.
El
Señor ha querido dar un final “feliz” a esta historia, pero,
sobre todo, supo nutrir sabiamente con el Espíritu a este
religioso, para que contara al mundo su calvario, para hallar el
sentido de utilidad a este recuento de padecimientos, y que
todos, como él, podamos hallar el camino, sacando bien del mal,
del mala bona mencionado por San Agustín. Y así nos lo
asegura este valiente, que pasó de “obispo en la enfermedad” a
“obispo en remisión total”: “Por esta senda segura también yo me
puse en camino. También mi enfermedad, incluso mi muerte, el
Señor podrá transformarlas en bien para mí, para los demás, para
su Iglesia. Si El las permite, lo hace con toda certeza en el
designio de un mayor provecho espiritual, de una llamada al
seguimiento, a semejanza de Pedro, en un contexto de martirio
después de la triple protesta de amor sobre el fondo de la
también triple negación: ‘Tú sígueme’ (Jn 21,18-19)”. (p. 78).
Por
supuesto, les estoy hablando de un libro que ya no tengo en mis
manos, porque ha pasado a otras más necesitadas; un preciado
tesoro que ya voló en pos de su destino, de su misión conductora
del dolor y la desesperación a la confianza en los designios
divinos, en el tránsito por “el túnel de la esperanza” hacia el
amor de Dios que no conoce fronteras.
Agostino Marchetto. En el túnel de la esperanza. Un obispo
lucha contra el cáncer. (Traducción: Mons. Jordi Gayá
Estelrich). Colección Fondo Humano. EDICEP. C.B. 93 pp.
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