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Las “graves transgresiones” contra la Eucaristía que deben
evitarse
El P. Terence Hogan, director de la Agencia del Culto Divino en
la arquidiócesis, explica la instrucción Redemptionis
Sacramentum
Ana
Rodríguez-Soto
The
Florida Catholic
San Pablo lo hizo
hace 2,000 años. El Papa Juan Pablo II lo está haciendo ahora.
“La Iglesia ha
venido dando estas instrucciones durante casi 2,000 años”, dijo
el P. Terence Hogan, director arquidiocesano de la Agencia del
Culto Divino, sobre la instrucción Redemptionis Sacramentum,
emitida por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina
de los Sacramentos, del Vaticano, “sobre algunas cosas que se
deben observar o evitar acerca de la Santísima Eucaristía”.
Emitida en marzo,
la instrucción menciona una serie de “graves transgresiones”
contra la Eucaristía que deben evitar los sacerdotes, los
obispos y los feligreses católicos.
El documento no contiene nada nuevo, dijo el P. Hogan, que ahora
desempeña también el cargo de capellán del grupo Patronos de las
Artes, dedicado a preservar los tesoros de los Museos Vaticanos,
y que posee un doctorado en liturgia del Instituto Pontificio de
Liturgia, de Roma. La instrucción es simplemente un recordatorio
para no “tropezar” al ocuparnos de la Eucaristía.
“¿Somos
negligentes como sacerdotes al celebrar la Misa? ¿Son
negligentes los laicos en la forma en que se comportan al
ocuparse de la Eucaristía? Esta oportunidad es ideal para que
comencemos a observar lo que se está haciendo en el nivel local
de las parroquias”, dijo el P. Hogan, quien señaló que la
instrucción se dirige no sólo a los católicos de los Estados
Unidos, sino a los 1,000 millones de católicos del mundo.
“Podría haber
alguna iglesia, en algún país en vías de desarrollo, donde la
gente podría estar integrando sus costumbres propias en la
Eucaristía, y esto podría ser algo que comenzara oscurecer o a
negar lo que sucede realmente en la Misa”, explicó el P. Hogan
durante una entrevista en cuatro partes, en el programa radial
del Arzobispo John C. Favalora, “Conversations with the
Archbishop”, que se trasmite por Radio Peace.
El P. Hogan
mencionó un abuso que ocurrió en unas cuantas parroquias de los
Estados Unidos, hace unos 30 años, inmediatamente después que el
Concilio Vaticano Segundo reformó la manera de celebrar la Misa.
Algunos sacerdotes comenzaron a emplear Coca-Cola en vez de vino
para la consagración, argumentando que “es la bebida común de la
gente de hoy”.
“Roma ha sido muy
clara: la tradición ha sido lo que Jesús empleó en la Ultima
Cena”, afirmó el P. Hogan, que también es rector de la Catedral
St. Mary, de Miami.
Clarificar estas
tradiciones, practicadas durante tanto tiempo, es el objetivo
del documento del Vaticano, que se emitió casi exactamente un
año después que el Papa emitiera su encíclica Ecclesia
Eucharistia. La nueva instrucción coincide también,
aproximadamente, con la fecha de publicación, hace un año, de
una nueva Instrucción General sobre el Misal Romano, el
libro que establece cómo deben celebrar la Misa los sacerdotes.
Los tres textos
llegan en un momento apropiado, señaló el P. Hogan, porque se
cumplen 40 años de la aparición del último documento importante
del Vaticano sobre la Eucaristía, la Constitución sobre la
Liturgia Sagrada.
“Han pasado 40
años desde los últimos cambios de importancia, de modo que ya
era hora de comenzar a hablar sobre las cosas que hay que evitar”,
precisó el P. Hogan.
Uno de los temas
clave de la instrucción fue mencionado por el propio Papa en su
encíclica: “La Eucaristía es algo demasiado grande como para que
nadie se permita tratarla a su antojo”.
Esto se refiere a
la creencia de la Iglesia en que el sacerdocio “no es una
práctica privada”, indicó el P. Hogan. “El obispo y el sacerdote
están celebrando siempre en nombre de Cristo y de toda la
Iglesia”.
Aunque hay
momentos durante la liturgia en que el sacerdote puede cambiar o
adaptar las oraciones para adaptarlas a la congregación –especialmente
en las liturgias para los niños–, el problema llega cuando los
sacerdotes “empiezan a improvisar por su propia cuenta. Esto
puede resultar muy confuso”, señaló el P. Hogan.
Sin embargo, esta
instrucción en modo alguno establece que se retorne a la forma
en que se celebraba la Misa antes del Concilio Vaticano Segundo.
De hecho, puntualizó el P. Hogan, otro de los puntos clave de la
instrucción es su insistencia en la participación de los laicos
en la Misa.
“Lo que no
queremos que ocurra, es lo que pasó después del Concilio de
Trento, que fue que el sacerdote lo hacía todo en la Misa.”
Muchas personas,
pensando en los recuerdos de su infancia, se quejan de que la
liturgia postvaticana les parece menos reverente. “Tienden a
olvidar que la gente no participaba entonces en la Misa en grado
alguno”, señala el P. Hogan. “Pero la Misa es una celebración de
toda la Iglesia”.
Algunos graves
abusos que es preciso evitar
-
Que la
Plegaria Eucarística sea recitada por cualquier otra persona
que no sea un sacerdote
-
Que los
laicos se den la comunión a sí mismos, o mutuamente.
-
Referirse a
los laicos que ayudan a distribuir la Comunión como
“ministros eucarísticos”. Se les debe llamar “ministros
extraordinarios de la Sagrada Comunión”.
-
Que los
“ministros extraordinarios” distribuyan la Comunión, siempre
que haya un sacerdote que pueda hacerlo en un tiempo
razonable.
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