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Las Comunidades de Base en Corpus Christi
Guiados por su fundador y párroco, José Luis Menéndez, las
Comunidades de Base cumplen diez años de obra fecunda, siguiendo
fielmente las palabras de Jesús: “Id por todo el mundo y
predicad el Evangelio a toda criatura”
(San Marcos 16: 14-18).
Max Barbosa
Especial para La Voz Católica
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El Padre José Luis Menéndez inicia el retiro de evangelización
de las Comunidades de Base.
Max Barbosa |
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El P. José Luis Menéndez llega a la iglesia Corpus Christi (3220
NW 7ª. Ave.) en 1987, compartiendo, sin pérdida de tiempo, el
fervor de los sacerdotes Oscar Castañeda y Pedro Corces en
cuanto a vincular a la parroquia con la comunidad.
“Comenzamos a peinar el barrio”, rememora el P. Menéndez,
párroco de la iglesia, “para conocer las necesidades, y
descubrimos que el barrio, realmente, no es un barrio, sino
muchos barrios, un racimo de barrios, divididos por barreras
como la I-95, que corta la parroquia en dos”.
Porque la mencionada autopista contribuyó a dificultar la
asistencia de los feligreses, alejándolos irremediablemente,
aunque también hubo que vencer otros obstáculos materiales. La
línea del ferrocarril divide la parte del este de Corpus
Christi, formando dos áreas: Biscayne Blvd. y Windwood. “Muy
diferentes entre sí ”, asevera el P. Menéndez.
La parroquia cubre desde la calle 20 hasta la 39, pero los
fieles que viven en Windwood, por ejemplo, sólo pueden arribar a
ella a través de las calles 29 y la 36; además, muchos de ellos
no poseen medios de transporte propios. Hacia el norte la
situación tampoco es favorable para el fluir de la comunicación,
debido a las autopistas I-95 y 112. En el sur abundan los
centros hospitalarios y gubernamentales.
“No es una zona residencial”, dice el P. Menéndez. Corpus
Christi se encuentra al oeste, entre el cruce de la autopista
I-95 y la 395, “atendiendo un territorio sumamente fragmentado,
donde la gente que vive en el sur de Allapatah, no tiene nada
que ver con la que vive al norte de Allapatah”, afirma el P.
Menéndez con el convencimiento que brota del trabajo cotidiano.
Evangelizar mediante misiones
Entonces, ante tal dispersión, surgió, inspirado en el ejemplo
de Jesús, el procedimiento más adecuado para expandir la Palabra:
evangelizar mediante las misiones. “Son misiones, no capillas”,
define el P. José Luis, basándose en la relación del concepto de
misión con las acciones de enviar, de ofrecer;
ofrecimientos hechos realidad con la creación de cuatro misiones:
Nuestra Señora de Altagracia, La Milagrosa, San Francisco y
Santa Clara, y San Juan Bautista, auxiliadas por la iglesia
madre, Corpus Christi.
Riqueza de nacionalidades
Cada misión refleja la riqueza de nacionalidades que caracteriza
a Miami, con la particularidad de que sus integrantes no poseen
las posibilidades económicas para solucionar muchas necesidades
de índole material, como el auto para asistir a Misa, porque un
miembro de la familia lo necesita para ir a trabajar; pero, con
la apertura de las misiones en los barrios, cubanos, dominicanos,
puertorriqueños, hondureños, salvadoreños, guatemaltecos,
nicaragüenses, argentinos y venezolanos, entre otros, caminan
hacia ellas. La feligresía está conformada por 95% de hispanos,
y 5% entre anglos y haitianos.
“Dios, que siempre provee, nos hizo llegar la idea por mediación
de Luis Simán”, dice el P. Menéndez. Simán labora en Center for
Peace, y le hizo saber al P. Menéndez que el P. Esquivel, en El
Salvador, estaba al tanto de su inquietud por reorganizar la
familia de Corpus Christi, por lo cual le enviaba varios libros
relacionados con la constitución de las comunidades de base o
Sistema Integral de Nueva Evangelización (SINE), desarrollado
por el P. Navarro en México.
“El Señor escribió recto, pero a través de El Salvador, lo que
yo necesitaba”, dice el P. Menéndez. Aún más: Simán propició que
uno de los delegados del SINE en los Estados Unidos expusiera en
la iglesia madre el funcionamiento del sistema. “Esto sucedió en
1994, hace diez años”, recuerda el P. Menéndez.
Las comunidades de base pertenecen a los laicos; su misión es
propagar la buena noticia, evangelizar a los miembros en
general, sin omisiones. Se preocupan no sólo de las personas que
asisten con regularidad a las actividades, sino – y muy
especialmente– de las que no lo hacen, yendo a su encuentro –independientemente
de las visitas a los vecinos del barrio– como manera de
incorporarlos.
La reforma agraria de la viña
Los que asisten por primera vez se congregan en las casas de
reunión antes de integrarse a una de las misiones; allí reciben
la preparación adecuada para acudir al “retiro de evangelización”,
donde se relacionan con otras personas, intercambian
experiencias y escuchan la palabra del Señor. Posteriormente,
participarán en la etapa de “permanecer y perseverar”; doce
semanas, en las que se les estimulará a continuar el camino de
la evangelización para después constituir otras comunidades de
base, con un coordinador y sus respectivos miembros. Rezan en
conjunto semanalmente, van a la catequesis dirigida por la
iglesia madre y comparten sus vicisitudes cotidianas. “Yo digo
que en la parroquia hemos realizado la reforma agraria de la
viña, porque la dividimos en parcelas que son las misiones”,
señala el P. Menéndez.
Además del P. José Luis Menéndez, comparten la dirección de la
parroquia el Rev. Jorge Sáenz, y el Rev. Luis Benavides como
Diácono Permanente. Los sacerdotes Oscar Castañeda y Pedro
Corces laboran en otras entidades; Castañeda en La Ermita de La
Caridad, y Corces en Saint Vincent de Paul, ministerio que
desempeña además de asumir la Dirección de Vocaciones de la
Arquidiócesis de Miami.
El retiro
El esfuerzo y la dedicación de los sacerdotes mencionados se
hizo evidente en el retiro que celebraron las misiones, entre el
21 y el 22 de agosto, con el fin de celebrar sus primeros 10
años de existencia.
Luis Benavides coordina el trabajo de cada una de ellas;
considera que el retiro “culmina e inicia una etapa que siempre
traerá frutos, porque vivir en comunidad –y lo digo por
experiencia propia– nos acerca al Señor”.
Panchita García es de las misioneras más activas. “Desde el
primer retiro, en 1994, vivo en comunidad, evangelizando en la
iglesia madre”, explica. “Las misiones son la respuesta al plan
de Dios en nuestro barrio”.
El retiro fue una fiesta del espíritu protagonizada por personas
humildes, sinceras y devotas; entre ellas, Áurea Torres expuso
su testimonio sobre la conversión lograda sin necesidad de
palabras rebuscadas para impresionar al auditorio.
“Desde que el P. José Luis me propuso hablar ante ustedes, estoy
temblando, porque es la primera vez que lo hago”. Y temblaba
todavía cuando dijo: “La conversión hay que vivirla y hacerla
realidad en nuestras vidas; es una exigencia para entrar en el
reino de Dios”.
Es cierto: “gente del este y el oeste, del norte y del sur se
sentará a la mesa del reino de Dios”. (San Lucas 13: 22-30.)
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