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Abandonarse en las manos de Dios
Santa Teresita y su hermana, Celina, construían barquitos de
papel, les ponían nombre como “Abandono”, “Providencia”, “Amor”,
“Paternidad”, y los lanzaban a la corriente. Cuando un barquito
zozobraba se decían una a otra: “El barquito de la vida debe
abandonarse a Dios”.
Santa Teresita del Niño Jesús nació en una familia cristiana,
donde aprendió a orar y confiar en Dios. Teresita creyó en la
fuerza de la oración y ofreció su oración y su vida por los
otros. De joven, a los 14 años, ora con toda su alma por el
desgraciado Pranzini. Más tarde, de carmelita, ora y ofrece su
vida por los sacerdotes y misioneros, incluso por los anónimos y
desconocidos. Teresita ofrecerá su oración eucarística y su
última comunión, ya en el lecho de muerte por la conversión de
un sacerdote.
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Teresita, a los 22 años,
protagoniza Juana de Arco,
en una obra escrita por ella. |
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La oración de Santa Teresita era de sequedad, no sentía el
consuelo y el amor del Padre. En aridez pasó toda su vida
religiosa. Celina, su confidente desde la infancia, nos ha
dejado este testimonio: “No había un alma menos consolada en la
oración. Me confió que durante siete años su oración había sido
aridísima. Sus ejercicios anuales, sus retiros de mes eran para
ella un suplicio”. Mas no por eso deja la oración, sino que
persevera. “Ese estado de sequedad –cuenta Celina– la espoleaba
a ser todavía más asidua a la oración. No sufría que a ese santo
ejercicio se le restase un sólo instante, y en tal sentido
formaba a sus novicias. Es el tiempo de Dios, no hay que
quitárselo”.
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La última frase de Teresa fue:
“No muero, entro en la vida”. |
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La oración de Santa Teresita es de total confianza y abandono en
el Padre. Repetirá con frecuencia, incluso en voz alta: “Tengo
tal confianza en él, que no podrá abandonarme: ¡lo dejo todo en
sus manos!”. “De un año a esta parte, he hecho más actos de fe,
que en toda mi vida”. “Estoy dispuesta a todo”.
En los últimos momentos de su vida, en el colmo de la asfixia,
exclamará: “Dios no me abandonará, estoy segura. Nunca me ha
abandonado”.
Ella vive con Jesús, él está presente en el fondo de su corazón,
en todos los momentos de su vida. “Comprendo y sé por
experiencia que el reino de Dios está dentro de nosotros: Jesús
no necesita libros ni doctores para instruir a las almas (…).
Nunca le he oído hablar, pero siento que está en mí, a cada
instante me guía y me inspira lo que debo decir o hacer.
Descubro, justo en el momento en que las necesito, luces que aún
no había visto. Estas, en general, no abundan durante mis
oraciones, sino más bien en medio de las tareas del día”.
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Lindsay Younce, en el papel de Teresita, lavando la ropa en el
convento.
Luke Films |
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Teresita vive en Dios y desde Dios vive cada momento como un
tesoro. “¡Aprovechemos nuestro único momento de aflicción! ¡No
veamos más que cada instante! Un instante es un tesoro. Un sólo
acto de amor nos hará conocer mejor a Jesús, nos acercará a él
durante toda la eternidad”.
El amor cristiano es la prolongación del amor de
Dios en la vida de cada día. Como dice San Pablo: “Al darnos el
Espíritu Santo, Dios ha derramado su amor en nuestros corazones”
(Rom 5,5).
Pidamos al Señor su Espíritu para amar siempre,
para amar con la intensidad y la fidelidad de Dios. Decía Santa
Teresita del Niño Jesús, Doctora de la Iglesia: “Cuando soy
caritativa, es únicamente Jesús que actúa en mí. Cuanto más
unida estoy a él, más amo a todas mis hermanas.”
Pronto tendremos la oportunidad de
ver a Thérèse, la película de Leonardo de Filipis, que
cuenta la historia real de Teresita de Lisieux. Es una
historia de lucha y tragedia, la historia de una joven común con
alma extraordinaria.
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