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R E F L E X I O N E S   C A T Ó L I C A S
S O B R E   L A   B I B L I A

3 de octubre de 2004, 27o Domingo del Tiempo Ordinario [Ciclo C]

Evangelio según San Lucas 17:5-10

En aquel tiempo, los apóstoles dijeron al Señor: “Auméntanos la fe”. El Señor respondió: “Si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, le dirían a ese árbol que está ahí; ‘Arráncate y plántate en el mar’, y el árbol obedecería. Supongan que uno de ustedes tiene un servidor* arando o cuidando el ganado. Cuando éste vuelve del campo, ¿le dicen ustedes acaso: ‘Ven en seguida a sentarte a la mesa’? ¿No le dicen más bien: ‘Prepárame comida, y ponte el delantal para servirme, y después que yo haya comido y bebido, tú lo harás a tu vez’? Y después, ¿se sienten agradecidos de ese siervo porque hizo lo que le mandaron? Esto vale para ustedes. Cuando hayan hecho todo lo que les ha sido mandado, digan: ‘Somos servidores que no hacíamos falta; sólo hicimos lo que debíamos hacer’”.

*Jesús no está aprobando la esclavitud ni la servidumbre, sino usando una imagen común de su cultura para que todos entendieran su mensaje.

Comentario breve:

La lectura de hoy trata de la fe y aparece en el contexto de varias enseñanzas de Jesús sobre el discipulado. La primera parte compara la fe a un grano de mostaza, una imagen exagerada para llevar un mensaje: la fe es tan poderosa que aún una cantidad mínima puede obrar milagros. La segunda parte habla de la calidad del servicio de los que dicen tener fe. Al igual que los sirvientes están supuestos a hacer lo que se les mande, los discípulos de Jesús han de tener una actitud de servicio. Anteriormente en este evangelio, Jesús se había enojado con los discípulos porque éstos pedían los primeros puestos y recompensas por seguirle. Hoy, Jesús se preocupa porque sus amigos piden un aumento de fe. ¿Es ésta una petición sincera nacida de un deseo de conocerlo mejor, o es que creen “merecer” más fe porque lo acompañan a Jerusalén?

Tres ideas importantes de la lectura:

  • Los seguidores de Jesús deben cuidarse de no esperar recompensa cuando sirven a los demás.

  • Cuando estamos motivados por la fe y no por la obligación, nos resulta más fácil decir: “Sólo hicimos lo que debíamos hacer”

  • La fe es algo radical. O la tenemos o no la tenemos; no puede ser medida. Dios hará que aún el grano de mostaza dé frutos abundantes.

Para la reflexión:

  1. ¿Espero recompensa por lo que hago por mis hermanos? ¿Qué me motiva a servir: mi fe o el deseo de ser admirado por todos? Explica.

  2. Cristo no vino como un monarca o un jefe, sino como un servidor. ¿He sentido alguna vez que el servir me disminuye como persona?

10 de octubre de 2004, 28o Domingo del Tiempo Ordinario [Ciclo C]

Evangelio según San Lucas 17:11-19

En aquel tiempo, de camino a Jerusalén, Jesús pasó por los límites de Samaria y Galilea. Al entrar a un pueblo, diez hombres leprosos le salieron al encuentro. Se quedaron a cierta distancia y gritaron: “Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros”. Jesús les dijo: “vayan a presentarse a los sacerdotes”. Mientras iban, quedaron sanos. Uno de ellos, al verse sano, volvió de inmediato. Llegó alabando a Dios en alta voz y echándose a los pies de Jesús, con el rostro en tierra, le daba gracias. Este era samaritano. Jesús entonces preguntó: ¿No sanaron los diez? ¿Dónde están los otros nueve? ¿El único que ha vuelto a alabar a Dios ha sido este extranjero? En seguida dijo al hombre: “Levántate y vete: tu fe te ha salvado”.

Comentario breve:

El pasaje de hoy narra un encuentro entre Jesús y diez leprosos. Según la Ley (Levítico 13,45-46), los leprosos eran mantenidos aparte para que no contagiaran al resto del pueblo; nadie podía acercarse a ellos sin quedar impuro. Estos diez, movidos por la fe en Jesús, le piden sanación. Jesús les manda ir a presentarse a los sacerdotes, que eran los que tenían el cargo oficial de determinar si un leproso había sido curado y podía regresar a la comunidad. Los diez obedecieron al Maestro y por el camino quedaron sanos, pero sólo uno regresó a dar las gracias alabando a Dios. La enseñanza va más allá del agradecimiento, ¡el único que regresó era samaritano!* El mensaje es claro: si aquellos a los que la salvación llegó primero (judíos) no la reconocen, ésta será ofrecida a todo el mundo.

*Los samaritanos y los judíos eran enemigos. En este caso viajaban juntos porque ambos estaban excluidos de sus comunidades.

Tres ideas importantes de la lectura:

  • Dios es misericordioso con los agradecidos y los malagradecidos. Sólo Dios sabe los motivos de nuestras acciones. Quizás los nueve leprosos pensaron que era más importante presentarse a los sacerdotes que regresar a dar gracias a Jesús.

  • La fe de los leprosos los sanó físicamente, pero la sanación del samaritano le trajo también la salvación.

  • Lucas es el único evangelista que narra esta historia y también la parábola del Buen Samaritano. En ambos casos, Jesús pone a un extranjero como ejemplo para los judíos.

Para la reflexión:

  1. ¿He tenido algún encuentro con un “samaritano” –alguien de otra religión o raza que me dio un verdadero ejemplo de fe y agradecimiento–?

  2. ¿Reconozco que Jesús es mi sanador aún cuando la cura física no suceda como yo deseo?

17 de octubre de 2004, 29o Domingo del Tiempo Ordinario [Ciclo C]

Evangelio según San Lucas 18:1-8

En aquel tiempo Jesús les propuso a sus discípulos este ejemplo sobre la necesidad de orar siempre, sin desanimarse jamás: “En una ciudad había un Juez que no temía a Dios ni le importaba nadie. En esa misma ciudad había una viuda que venía donde él a decirle: “Hágame justicia contra mi adversario”. El juez no le hizo caso durante un buen tiempo. Pero al final pensó: “Aunque no temo a Dios y no me importa nadie, esta viuda me molesta tanto que le voy a hacer justicia; así ya no volverá más a romperme la cabeza”. Y el Señor dijo: “Se han fijado en las palabras del juez malo? Ahora bien, ¿Dios no les hará justicia a sus elegidos si claman a él día y noche, mientras él demora en escucharles? Todo lo contrario; pues les aseguro que Dios hará justicia a favor de ellos y lo hará pronto. Pero, cuando el Hijo del Hombre venga, ¿hallará fe en la tierra?_

Comentario breve:

La parábola de hoy nos llama a ser constantes en la oración. Como todas la parábolas, contiene elementos que nos molestan. En este caso, la viuda tenía derecho a ser protegida por la comunidad como mandaba la ley, pero el juez parecía estar sordo al clamor de la justicia. Finalmente, el juez atendió a la pobre mujer no porque lo mandaba la ley, sino porque la viuda lo estaba volviendo loco. Cuando Lucas escribió su evangelio, alrededor del año 85 los cristianos estaban desanimándose porque Jesús no regresaba pronto como ellos esperaban. Esto llevaba a algunos a la apostasía, la negación de su fe en Cristo, lo cual se refleja en la pregunta: “¿Cuando el Hijo del Hombre venga, hallará fe en la tierra?”

La parábola tiene un mensaje claro: no pierdan la esperanza y manténganse fieles, porque si los jueces corruptos hacen justicia, ¿con cuánta mayor razón Dios tratará con justicia a los suyos?

Tres ideas importantes de la lectura:

  • Muchas veces la perseverancia logra que aún las personas corruptas hagan el bien.

  • Sólo la fe ayudó a la viuda a insistir hasta que logró que le hicieran justicia.

  • Cuando parece que Dios no responde nuestras oraciones pronto, al igual que cuando Jesús no regresaba cuando los primeros cristianos esperaban, algunos abandonan la fe.

Para la reflexión:

  1. ¿Oraste para que Dios se llevara los huracanes y las tormentas de la Florida o de las islas? ¿Recibiste la respuesta que querías? ¿Crees que Dios está sordo ante tu clamor?

  2. ¿Cómo reaccionas cuando alguien te pide ayuda insistentemente? ¿Qué tienen que hacer para lograr que los atiendas?

24 de octubre de 2004, 30o Domingo del Tiempo Ordinario [Ciclo C]

Evangelio según san Lucas 18: 9-14

En aquel tiempo, Jesús puso esta comparación por algunos que estaban convencidos de ser justos y que despreciaban a los demás: “Dos hombres subieron al Templo a orar, uno era fariseo y el otro publicano. El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: ‘Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos, adúlteros, o como ese publicano que está allí. Ayuno dos veces por semana, doy la décima parte de todo lo que tengo’. El publicano, en cambio, se quedaba atrás y no se atrevía siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ‘Dios mío, ten piedad de mí que soy un pecador’. Yo les digo que este último estaba en gracia de Dios cuando volvió a casa, pero el fariseo no. Porque todo hombre que se hace grande será humillado, y el que se humille será ensalzado.

Comentario breve:

La parábola de hoy condena la actitud crítica y autosuficiente del fariseo* y enseña que la actitud del cristiano debe ser de humildad y dependencia total de la gracia de Dios. Los dos personajes son estereotipos del hombre bueno y el malo. El fariseo era un buen hombre, ayunaba, pagaba el diezmo, etc. El problema era que su corazón estaba lleno de orgullo. Se engañó porque se juzgó con excesiva benevolencia y perdió la capacidad de ver sus faltas. El publicano, recaudador de impuestos, no se creía merecedor de la gracia de Dios. En esta parábola, Jesús lo viró todo al revés. Los recaudadores de impuestos eran considerados traidores del pueblo, cobrando en nombre del imperio romano y, en muchas ocasiones, robándose una buena parte del dinero. El publicano representaba al hombre pecador. Sin embargo, fue él quien regresó a casa lleno de la gracia de Dios.

*Fariseo significa “separado”. Vivían formando un grupo distinto del “pueblo ignorante”, temerosos de contagiarse con los que por ignorancia violaban frecuentemente la ley.

Tres ideas importantes de la lectura:

  • Jesús retó los valores religiosos y sociales de su cultura: “los últimos serán los primeros, el Reino de Dios pertenece a los pobres, los sencillos heredarán la tierra, y los que se humillen serán ensalzados”.

  • El Reino no es para los engreídos y los autosuficientes, sino para los humildes.

  • El fariseo salió del templo tal y como llegó: lleno de su soberbia y vacío de Dios.

Para la reflexión:

  1. ¿Qué me dice esta parábola? ¿La considero justa? Si soy un católico formado y comprometido, ¿no merezco más que los pecadores?

  2. ¿Con cuál de las dos oraciones me identifico más, la del publicano o la del fariseo?