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Lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica
sobre la Comunión
Los siguientes párrafos están tomados del
Catecismo de la Iglesia Católica, Segunda Parte, Artículo 3, El
Sacramento de la Eucaristía Nos. 1322-1419. El Catecismo se
puede comprar en cualquier librería católica, también se puede
leer en la página web de la Santa Sede
http://www.vatican.va/archive
1324
La Eucaristía es “fuente y cima de toda la vida cristiana” (LG
11). “Los demás sacramentos, como también todos los ministerios
eclesiales y las obras de apostolado, están unidos a la
Eucaristía y a ella se ordenan. La sagrada Eucaristía, en efecto,
contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo
mismo, nuestra Pascua” (PO 5).
1355
En la comunión, precedida por la oración del Señor y de la
fracción del pan, los fieles reciben “el pan del cielo” y “el
cáliz de la salvación”, el Cuerpo y la Sangre de Cristo que se
entregó “para la vida del mundo” (Jn 6,51):
Porque este pan y este vino han sido, según la expresión antigua
“eucaristizados”, “llamamos a este alimento Eucaristía y nadie
puede tomar parte en él s i no cree en la verdad de lo que se
enseña entre nosotros, si no ha recibido el baño para el perdón
de los pecados y el nuevo nacimiento, y si no vive según los
preceptos de Cristo” (S. Justino, apol. 1, 66,1-2).
1385
Para responder a esta invitación, debemos prepararnos para este
momento tan grande y santo. S. Pablo exhorta a un examen de
conciencia: “Quien coma el pan o beba el cáliz del Señor
indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor.
Examínese, pues, cada cual, y coma entonces del pan y beba del
cáliz. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y
bebe su propio castigo” ( 1 Co 11,27-29). Quien tiene conciencia
de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la
Reconciliación antes de acercarse a comulgar.
1386
Ante la grandeza de este sacramento, el fiel sólo puede repetir
humildemente y con fe ardiente las palabras del Centurión (cf Mt
8,8): “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una
palabra tuya bastará para sanarme”.
1389
La Iglesia obliga a los fieles a participar los domingos y días
de fiesta en la divina liturgia (cf OE 15) y a recibir al menos
una vez al año la Eucaristía, si es posible en tiempo pascual,
preparados por el sacramento de la Reconciliación. Pero la
Iglesia recomienda vivamente a los fieles recibir la santa
Eucaristía los domingos y los días de fiesta, o con más
frecuencia aún, incluso todos los días.
1408
La celebración eucarística comprende siempre: la proclamación de
la Palabra de Dios, la acción de gracias a Dios Padre por todos
sus beneficios, sobre todo por el don de su Hijo, la
consagración del pan y del vino y la participación en el
banquete litúrgico por la recepción del Cuerpo y de la Sangre
del Señor: estos elementos constituyen un solo y mismo acto de
culto.
1413
Por la consagración se realiza la transubstanciación del pan y
del vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Bajo las especies
consagradas del pan y del vino, Cristo mismo, vivo y glorioso,
está presente de manera verdadera, real y substancial, con su
Cuerpo, su Sangre, su alma y su divinidad (cf Cc. de Trento: DS
1640; 1651).
1415
El que quiere recibir a Cristo en la Comunión eucarística debe
hallarse en estado de gracia. Si uno tiene conciencia de haber
pecado mortalmente no debe acercarse a la Eucaristía sin haber
recibido previamente la absolución en el sacramento de la
Penitencia.
1416
La Sagrada Comunión del Cuerpo y de la Sangre de Cristo
acrecienta la unión del comulgante con el Señor, le perdona los
pecados veniales y lo preserva de pecados graves. Puesto que los
lazos de caridad entre el comulgante y Cristo son reforzados, la
recepción de este sacramento fortalece la unidad de la Iglesia,
Cuerpo místico de Cristo.
1418
Puesto que Cristo mismo está presente en el Sacramento del Altar
es preciso honrarlo con culto de adoración. “La visita al
Santísimo Sacramento es una prueba de gratitud, un signo de amor
y un deber de adoración hacia Cristo, nuestro Señor” (MF).
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