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La investigación con células troncales: ¿Dónde está la lógica en
matar a un ser humano para tratar de curar a otro?
Con la ocasión
del fallecimiento del Presidente Ronald Reagan en el verano, y
ahora del actor Christopher Reeves (Superman), el tema de
la clonación humana y la investigación con células troncales (stem
cells) se encuentra de nuevo en las noticias. Y porque este
tipo de investigación costosa típicamente requiere dinero
recaudado de impuestos, también se ha vuelto un tema político en
este año de elecciones presidenciales, y hasta ha surgido en las
Convenciones Presidenciales Nacionales. En vista a esto, escribo
brevemente sobre las implicaciones bioéticas y socio-políticas
de la clonación humana y la investigación con células troncales.
Implicaciones
bioéticas
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La clonación
humana está vinculada a la investigación con células troncales
humanas embrionarias.
Center for Bio-Ethical Reform |
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Ante todo, cabe
hacer un par de aclaraciones. Que quede claro desde el principio
que la Iglesia Católica no se opone a todo tipo de investigación
con células troncales, ni tampoco a todo tipo de investigación
con células troncales humanas, sino sólo a la investigación con
células troncales humanas embriónicas, por la grave razón que
esto requiere matar una vida humana. Para poder obtener células
troncales humanas embriónicas, un investigador tiene que tomar
un embrión humano en sus etapas de desarrollo más tempranas y
destruir ese embrión.
Las células
troncales embriónicas se obtienen de la masa celular interna de
un embrión humano en una de sus primeras etapas de desarrollo,
llamada la blástula en términos científicos. La masa celular
interna es lo que forma el embrión propiamente, mientras que las
demás células de la blástula forman la placenta. Durante la
etapa de la blástula, el embrión humano consiste de sólo unas
cuantas docenas de células. Por lo tanto, cuando un científico
extrae la masa celular interna de una blástula humana para
obtener células troncales, ese científico está destruyendo –matando-
un embrión humano. Esta es la razón principal por la cual, no
sólo la Iglesia Católica, sino también muchos grupos no-religiosos
de nuestra sociedad, se oponen fuertemente a la investigación
con células troncales humanas embriónicas.
La clonación
humana está asociada a la investigación con células troncales
humanas embriónicas porque algunos científicos y políticos están
diciendo que, en vez de matar embriones que ya han sido creados
en clínicas de fertilidad, a través de la técnica de la
clonación la ciencia ahora puede crear nuevos clones para el
único propósito de sacarle sus células troncales. La clonación
se hace tomando un óvulo humano, extrayéndole su núcleo –que
contiene solo la mitad del número de cromosomas (23)- y
reemplazándolo con un núcleo de otra célula del cuerpo que tenga
el número completo de cromosomas (46). Lo que esto hace
biológicamente es crear un cigoto, que el la primera etapa de
desarrollo embriónico. Así que lo único que la clonación hace es
esquivar artificialmente el proceso natural de la fertilización;
pero el resultado final es el mismo: un cigoto. De nuevo, el
problema ético con la clonación humana es que, una vez que un
clon ha sido creado en el laboratorio, es una nueva vida humana,
igual que cualquier otro embrión humano que haya comenzado a
desarrollarse desde la etapa del cigoto a través de la
fertilización. De hecho, cuando un esperma de nuestro padre
fertilizó un óvulo de nuestra madre, todos nosotros comenzamos
nuestra propia existencia como un cigoto unicelular. Estos datos
básicos de la vida se encuentran en todos los libros de biología,
aún a nivel de secundaria.
Implicaciones
sociopolíticas
En los últimos
meses, cientos de noticieros, mensajes del mundo del
entretenimiento y anuncios políticos han sido diseminados sobre
cómo la clonación humana y la investigación con células
troncales humanas embriónicas van a curar los muchos males que
achacan al ser humano: cánceres, Alzheimer, Parkinson, diabetes,
daños a la espina dorsal o al cerebro, transplantes de hígado,
riñón o pulmón, y la lista sigue alargándose. Pero la realidad
es que hasta la fecha ni una de estas enfermedades ha sido
curada con la clonación “terapéutica” o con células troncales
embriónicas, ni siquiera en experimentos con animales de
laboratorio. Por otro lado, algunas investigaciones con células
troncales humanas adultas, las cuales no tienen ninguna objeción
ética bajo la perspectiva Católica siempre y cuando se obtenga
el consentimiento libre del donante, sí ha comenzado a dar
ciertos resultados positivos. También, fuentes saludables y
éticas de células troncales humanas son la placenta y el cordón
umbilical.
Hace más de tres
años, dándose cuenta de los peligros serios que existen en
ciertos tipos de investigación, la Cámara de Representantes de
los Estados Unidos aprobó una ley prohibiendo toda clase de
clonación humana, pero el Senado no la aprobó, y por lo tanto
nunca fue decretada. Un problema con la clonación humana y la
investigación con células troncales humanas embriónicas es que
cuesta mucho dinero, hasta millones de dólares. Por lo tanto,
gran parte de los fondos vienen del gobierno federal. Y por eso
es que este tema se ha vuelto también un tema político. Es
evidente que la población americana, en su totalidad, no tiene
una opinión unánime sobre la clonación humana y la investigación
con células troncales humanas embriónicas. De hecho, muchas
personas se han abstenido de discutir estos tópicos simplemente
porque se sienten intimidadas por el lenguaje sobremanera
técnico, o porque algunos reportajes no han dicho la verdad
sobre los hechos biológicos de fondo. Aún así, la Iglesia
Católica ha declarado siempre que cualquier destrucción de
embriones humanos, no importa cuán temprana sea la etapa de
desarrollo o cuán noble la causa, es un crimen contra la
humanidad y una grave injusticia a los que no se pueden defender
por sí mismos. Pues, ¿dónde está la lógica en matar a un ser
humano para tratar de curar a otro? Si esto fuera socialmente
aceptable, entonces los minusválidos, los tullidos, los ancianos
y los comatosos todos podrían convertirse en “fuentes” de
órganos y tejidos para aquellos que los necesiten.
Ambos, el partido
Demócrata y el Republicano, se han definido sobre este
controversial tema, oficial y públicamente; el uno a favor de
dicha investigación y el otro en contra. Estamos de acuerdo en
que hay muchos temas relevantes en las próximas elecciones
presidenciales. Sin embargo, el tema de la clonación humana y la
investigación con células troncales humanas embriónicas es vital
y de la más alta prioridad, ya que se podría dar la posibilidad
de usar dinero recaudado de impuestos para la matanza directa de
vidas humanas inocentes, sin ninguna posibilidad de que esas
vidas se puedan defender por sí mismas debido a su estado de
dependencia radical en las etapas tempranas del desarrollo
embriónico.
Hace treinta años,
la legalización del aborto fue impuesta casi de la noche a la
mañana sobre la población americana por el abuso de poder de
algunos jueces de la Suprema Corte. Esta vez, el tema de la
clonación humana y la investigación con células troncales
humanas embriónicas ha sido reportado por los medios de
comunicación hace ya varios años. Por lo tanto, en contraste con
hace treinta años, esta vez no podemos reclamar ignorancia.
Ahora la decisión es nuestra; si la clonación humana y la
investigación con células troncales humanas embriónicas es
permitida en este país, los aproximadamente 50 millones de
abortos que han ocurrido en los Estados Unidos en las últimas
tres décadas se van a palidecer en comparación con lo que vendrá.
Lo que estoy diciendo es que nos encontramos en el umbral del
genocidio más masivo y cruento que la humanidad jamás haya visto,
y que no lo verá, ya que todo ocurrirá a nivel microscópico,
bajo las más estrictas normas clínicas de esterilidad y sanidad.
El hecho de que las etapas más tempranas del desarrollo
embriónico humano sean microscópicas no disminuye la gravedad de
la matanza de estos cigotos y blástulas humanos; al contrario,
aumenta la gravedad y la urgencia, debido a que estos embriones
humanos son tan pequeños que ni siquiera lucen como los cuerpos
humanos ya nacidos que estamos acostumbrados a ver en la vida
diaria. Sin embargo, vivos y humanos son; si no, ¿por qué es que
algunos científicos están interesados en usarlos para curar
enfermedades humanas? De ahí que tengamos un mayor deber de
prevenir esta horrible discriminación contra un grupo de seres
humanos que depende radicalmente de nosotros para su protección
y bienestar. El momento de actuar es ahora.
Sacerdote
Católico de la Arquidiócesis de Miami. Tiene un doctorado en
bioética de la Pontificia Universidad Gregoriana en Roma, y
actualmente está cursando estudios para obtener un doctorado en
Genética de la Universidad de Purdue, en Indiana.
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