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La Eucaristía como Última Cena y como Calvario

Richard J. DeMaria CFC
Especial para La Voz Católica

El Papa Juan Pablo II, en su reciente encíclica Ecclesia de Euchartistia (2003), escribe: “Se nota a veces una comprensión muy limitada del Misterio eucarístico. Privado de su valor sacrificial, se vive como si no tuviera otro significado y valor que el de un encuentro convival fraterno”.

En los años recientes, la espiritualidad litúrgica católica ha vuelto a hacer énfasis en la teología que ve la Eucaristía como una representación de la Última Cena. De acuerdo a esta espiritualidad, los católicos son invitados a reunirse alrededor de la mesa para celebrar la última cena de Cristo con sus discípulos, en la cual les dio a sus discípulos el mandato y la facultad de hacerlo a Él presente bajo las especies del pan y el vino. El recuperar esta espiritualidad ha ayudado a muchos católicos a participar con una mayor comprensión en la liturgia de la Eucaristía, pero este nuevo énfasis también ha ejercido el efecto de casi eliminar el énfasis anterior en el Sagrado Sacrificio de la Misa.

Acciones que parecen perfectamente apropiadas a aquellos católicos que enfatizan la espiritualidad de la cena en común, causan consternación y enojo a aquellos católicos que enfatizan la espiritualidad del sacrificio, y viceversa. Para resolver este conflicto, puede ser de alguna ayuda el aplicarle un principio crítico concerniente al aprendizaje humano que ha sido comprendido a lo largo de los siglos: el principio de la complementariedad.

La persona que acepta la validez de este principio de complementariedad espera que, como la teología es un esfuerzo humano por comprender las preguntas más elevadas, ella hará uso, inevitablemente de dos modelos complementarios pero contradictorios. De acuerdo al principio de complementariedad, es necesario abrazar ambas verdades (y modelos). En algunas situaciones, un modelo explica una experiencia mejor que el otro, y viceversa.

Aplicando este principio a la Eucaristía, una espiritualidad ve la Eucaristía, primordialmente, como una cena en la que vuelve a celebrarse la Última Cena del Señor. La otra espiritualidad básica de la Eucaristía la ve, primordialmente, como un sacrificio: cuando esta teología eucarística del sacrificio se lleva a la celebración de la Misa, los católicos consideran que participan en la representación del misterio central en la historia de la salvación: el sacrificio de Jesús en la cruz.

¿Cuál de estas espiritualidades es la mejor? Desde el comienzo mismo, la Iglesia ha integrado ambas espiritualidades, teologías y lenguajes acerca de una cena y un sacrificio, en su liturgia de la Eucaristía. Este acercamiento doble añade riqueza a la experiencia.

Este recuento evangélico de la institución de la Eucaristía pone en claro la relación entre la Última Cena y la muerte de Jesús en la cruz. Una relación directa entre las palabras de institución de la Eucaristía y la muerte de Jesús como sacrificio.

¿Cómo podemos conservar el equilibrio apropiado entre estas dos teologías y espiritualidades en nuestras vidas religiosas? Una de las maneras consiste en acercarse a la Eucaristía enfatizando, en días alternos, una espiritualidad o la otra, un modelo o el otro. Si alternamos estos dos acercamientos a la Eucaristía, con el tiempo nos daremos cuenta de que ambos se fundirán en uno en nuestra espiritualidad de la Eucaristía.

Director Ejecutivo de Formación Cristiana de la Arquidiócesis de Miami.