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La Santa Sede publica por primera vez un Compendio de la
Doctrina Social de la Iglesia
EFE / Zenit
Ciudad del Vaticano
Por primera vez en la historia, la Santa Sede publicó el lunes
25 de octubre un Compendio de la Doctrina Social de la
Iglesia, redactado por el Consejo Pontificio para la
Justicia y la Paz. Entre los capítulos más destacados, cabe
señalar el dedicado a “La familia, célula vital de la sociedad”,
o los que se centran en el “Trabajo”, “La vida económica”, “La
comunidad política”, “La comunidad internacional”, “La
salvaguarda del ambiente” y “La promoción de la paz”.
El Compendio, publicado en italiano e inglés (en unos
meses saldrá en español, portugués y otros idiomas) consta de
525 páginas (de las cuales 190 son índices de referencias o
analíticos).
La idea del Compendio fue propuesta por el mismo Juan
Pablo II en la exhortación apostólica Ecclesia in America
(1999), en la que escribió: “Sería muy útil un compendio o
síntesis autorizada de la doctrina social católica” para mostrar
“la relación existente entre ella y la nueva evangelización”.
El volumen comienza con una carta del Cardenal Angelo Sodano,
Secretario de Estado, en la que explica que estas páginas serán
de gran utilidad en un contexto “en el que la humanidad pide hoy
mayor justicia para afrontar el amplio fenómeno de la
globalización”.
Tras una introducción sobre “Un humanismo integral y solidario”,
el Compendio se divide en doce capítulos y una conclusión
en la que se aboga “Por una civilización del amor”.
El Compendio resalta que la paz es fruto de la justicia y
la caridad y que se construye día a día. Asimismo destaca que la
violencia jamás constituye una respuesta justa.
El texto también se refiere a la legítima defensa y a este
respecto afirma categóricamente que “una guerra de agresión es
intrínsecamente inmoral”.
“En el trágico caso en el que se desencadene, los responsables
de un estado agredido tienen el derecho y el deber de organizar
la defensa echando mano a la fuerza de las armas”, subraya el
texto, que precisa, no obstante, que el uso de la fuerza, para
ser lícito, debe responder a “rigurosas condiciones”.
Entre éstas destaca el que el daño causado por el agresor a la
nación o comunidad de naciones sea grave, que todos los otros
medios para evitarla se hayan demostrado ineficaces y que el
recurso a las armas no cause males más grandes que el mal a
eliminar.
Respecto a medidas contra quienes amenazan la paz, el texto
vaticano precisa que las sanciones jamás deben constituir un
instrumentos de castigo directo contra una entera población.
No es lícito –dice el Compendio– que por las sanciones
tengan que sufrir poblaciones enteras y especialmente sus
miembros más vulnerables. Estas palabras recuerdan la posición
de la Iglesia Católica respecto al embargo que durante once años
sufrió Irak.
El Compendio condena sin paliativos el terrorismo, al que
considera una de las formas más brutales de violencia que
actualmente sacude a la comunidad internacional. “Siembra
muerte, odio y deseos de venganza y represalia”, subraya el
texto.
Denuncia que el terrorismo desprecia totalmente a la vida humana
y que “ningún motivo puede justificarlo, el cuanto el hombre es
siempre fin y jamás medio”.
El texto vaticano subraya que la colaboración internacional
contra el terrorismo no puede ceñirse a operaciones represivas o
punitivas, sino que es necesario analizar los motivos que
subyacen en esos ataques terroristas. Es necesario –precisa– un
particular compromiso en el plano “político y pedagógico”.
“Es una profanación y una blasfemia proclamarse terrorista en
nombre de Dios”, añade el Compendio, que agrega que
ninguna religión puede tolerar el terrorismo “y todavía menos
predicarlo”.
Respecto a la pena de muerte subraya que la Iglesia la considera
“inútil” e innecesaria, ya que la sociedad tiene resortes para
defenderse sin tener que echar mano a ella.
Sobre el aborto insiste en que es un “abominable delito” y anima
a los políticos católicos a no favorecer con su voto leyes que
vayan contra el derecho a la vida.
En el caso en que no sea posible impedir o derogar esas leyes,
el político católico debe comprometerse a apoyar programas que
“limiten” los daños de esas leyes y sus efectos negativos.
El documento rechaza el matrimonio entre homosexuales, anima a
éstos a vivir en castidad. "El homosexual tiene que ser
plenamente respetado en su dignidad y animado a ejercer la
castidad. El respeto que se les debe tener no significa
legitimar comportamientos no conformes a la ley moral y mucho
menos significa que haya que reconocer el derecho al matrimonio
entre personas del mismo sexo, equiparándole a la familia",
También reitera el derecho de los niños a vivir en una familia
basada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, y reitera
el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos.
En respuesta a los periodistas, el Cardenal Martino aclaró que
la presentación del documento en este período de campaña
electoral en Estados Unidos es totalmente casual, pues se ha
elegido esta fecha para poder presentarlo a los participantes en
la asamblea plenaria del Consejo Pontificio para la Justicia y
la Paz, que comenzó en Roma el 25 de octubre.
El Compendio fue editado originalmente por la Librería
Editorial Vaticana, y resulta original la decisión de sus
autores de publicar en la portada el fresco pintado por Ambrogio
Lorenzetti (1338–1339), conservado en el Palacio Público de
Siena, sobre el tema “Alegoría del Buen Gobierno”.
En general, los documentos originales del Magisterio de la Santa
Sede no llevan portadas con ilustraciones. En este caso, la
elección de la redacción, el Consejo Pontificio para la Justicia
y la Paz, tiene un significado, explicado en la contraportada
del Compendio, donde se lee: “Realizados para la sede de
gobierno de la que fue una república libre, estos frescos
ofrecen una visión típicamente cristiana de un mundo en el que
el orden exterior emana de un orden interior que el hombre
recibe como don, pero que debe elegir responsablemente”.
“Son imágenes en las que se advierte tanto la transparencia
espiritual como la idea social de los pensadores del periodo, su
fe firme en Dios, principio de toda verdad y de toda forma de
existencia y de organización social”.
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