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La Eucaristía como fermento de servicio y amor
El Obispo Estévez asiste al
Congreso Eucarístico Internacional en Guadalajara
Ana Rodríguez-Soto
The Florida Catholic
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Mons.
Felipe de Jesús Estévez, Obispo Auxiliar de Miami. |
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Aunque la Eucaristía ha estado en los titulares de los
periódicos en este año de elecciones, la Iglesia nunca ha pasado
por alto su importancia.
“La Eucaristía es el centro de todos los sacramentos”, dijo el
Obispo Auxiliar de Miami, Felipe J. Estévez, citando a Santo
Tomás de Aquino.
Es “la práctica central y la más importante de la Iglesia”,
añadió el obispo, que, fiel a esta visión, participó en el
Congreso Eucarístico Internacional realizado en Guadalajara,
México, del 10 al 17 de octubre.
La tradición de los congresos eucarísticos se inició en Lille,
Francia, en 1881. En los tiempos modernos, los congresos
eucarísticos tienen lugar cada cuatro años. El Obispo Estévez
asistió al de 1976 en Filadelfia, y al de 2000 en Roma.
El congreso de este año señala el comienzo del Año de la
Eucaristía, proclamado por el Papa Juan Pablo II. El año
concluirá con un Sínodo sobre la Eucaristía, programado para
Roma en octubre de 2005.
El Obispo Estévez, que fue acompañado por más de una docena de
laicos y por varios sacerdotes y diáconos de la arquidiócesis,
dijo que el propósito del congreso fue “profundizar la teología
y la espiritualidad de la Eucaristía”.
“Considero que fue como un minisínodo”, dijo. “La forma
en que la Iglesia trabaja, esto ha sido como preparar el sínodo,
viendo las preocupaciones, viendo las cuestiones, viendo las
preguntas”.
Señaló que las reflexiones que tuvieron lugar durante el
congreso fueron dirigidas por cardenales y teólogos de todos los
continentes. Más de medio millón de personas participó en el
congreso, una de cuyas principales actividades fue la procesión
pública con el Santísimo Sacramento.
“La Eucaristía no es para el tabernáculo”, explicó el Obispo
Estévez. “No es sólo para los católicos que van a Misa. La
Eucaristía debe ser un fermento de servicio, de amor, de
solicitud por los pobres, y de unión para toda la humanidad”.
En ese contexto, añadió, las procesiones eucarísticas a lo largo
de las calles son como “Jesucristo reclamando la ciudad para su
amor”.
Al mismo tiempo, la Eucaristía es para ser adorada y
reverenciada como algo extraordinario, como un misterio de fe:
algo que algunos católicos no llegan a apreciar en la actualidad.
“Carecemos de la cultura de la reverencia, de la adoración, que
es esencial para valorar el misterio en nuestras vidas”, señaló
el Obispo Estévez, quien recuerda, como pastor, haber visto a
personas que iban a la Misa dominical directamente desde la
playa. Aunque era laudable que estas personas acudieran a Misa,
su aspecto evidenciaba que “no se habían dado cuenta de que uno
no puede vestirse de la misma manera” para la Misa y la playa.
“Es un síntoma de la falta de reverencia”, explicó el Obispo
Estévez. “Esta ha sido una buena oportunidad para ocuparnos de
cuestiones que reclaman atención”.
Una de estas cuestiones es la práctica de la adoración del
Santísimo Sacramento aparte de la Misa. El obispo recordó haber
sido testigo de los “muy fructíferos” resultados de la perpetua
adoración –la exposición del Santísimo Sacramento durante las 24
horas del día– cuando era párroco de la iglesia St. Agatha,
situada frente al recinto principal de la Universidad
Internacional de la Florida.
“Ver a estudiantes que llegaban a las 2 a.m., a las 3 a.m., y se
quedaban en silencio frente al Santísimo Sacramento, era
maravilloso”, dijo el Obispo Estévez. “Las parroquias que
promueven la adoración comienzan a experimentar un efecto
significativo en términos de fervor, en términos de vocaciones,
en términos de sanación”.
“La Eucaristía tiene un poder de sanación”, añadió. “Tenemos una
gracia. La gracia está ahí. Debemos abrir nuestros corazones y
recibirla. De esto se trata el Año de la Eucaristía. Es un
momento oportuno para ocuparse de cuestiones que son necesarias
para la vida de la Iglesia”.
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