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Dagoberto Valdés Hernández:
El hombre en sus frutos

Mons. Felipe de Jesús Estévez
La Voz Católica

El periodista cubano Dagoberto Valdés Hernández recibió el Premio Jan Karski el 10 de noviembre de 2004 en Washington, D.C.

“Que Cuba abra sus puertas al mundo con todas sus magníficas posibilidades; que el mundo abra sus puertas a Cuba…”

Estas fueron las palabras más citadas de Su Santidad Juan Pablo II en su histórica visita a Cuba, en septiembre de 1998.

Felicito a la Fundación Jan Karski por escoger al ingeniero Dagoberto Valdés, de Pinar del Río (Cuba), para recibir su premio del año 2004.

Valdés Hernández ha sido galardonado por su valor, por su fortaleza. Como periodista bajo un gobierno totalitario que no tolera la libertad de prensa, este ingeniero convertido en recogedor de yaguas ha dirigido la revista Vitral, ¡haciéndola sobrevivir y crecer durante más de diez años! La revista se ha convertido en el órgano de expresión del Centro Católico de Formación Cívica y Religiosa, ofreciendo una imagen alternativa para la sociedad, tanto en el presente como en el futuro.

Como seguidor del Evangelio de Jesucristo, Valdés ha practicado las bienaventuranzas de los pacificadores y los mansos, procurando el diálogo en lugar de las condenaciones, la reconciliación en vez de la destrucción del adversario.

Al hombre se le conoce por sus frutos. Valdés es conocido por Vitral. La revista Vitral une la transparencia con el coraje. Me recuerda unas palabras de Jesús: “No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa” (Mt. 5, 14-15).

Reconocida internacionalmente con el Premio Príncipe Claus en 1999, Vitral todavía no es un publicación legal en su propio país, a pesar de tener más de diez años de existencia. Circula entre la gente de mano en mano. Como El Habanero, del P. Félix Varela, expresa una conciencia religiosa profundamente vinculada con las cuestiones sociales, educativas y culturales, con la ciencia y el gobierno.

En un nivel más personal, conocí a Dagoberto en La Habana, en 1968, durante un Encuentro Nacional Eclesial Cubano (E.N.E.C.), en el cual sobresalió su claridad de visión y de articulación. Vivía su compromiso con las realidades locales de su diócesis en una verdadera comunión universal. Su interés estaba entonces en participar en las cuestiones sociales con una fidelidad dinámica a las enseñanzas sociales de la Iglesia. Como laico, conocía su dignidad y sus responsabilidades. Había heredado el lema de Varela: “Pensar con la buena lógica y servir con caridad cristiana”.

“La verdad os hará libres”, dice Nuestro Señor Jesucristo. Las semillas de verdad sembradas con tanto coraje en medio de tan feroces ataques, han dado por fruto inevitable la expansión de la conciencia de una generación. Y esto, a su vez, se ha convertido en un lenguaje. La libertad de expresión que insiste en que los derechos de los seres humanos no pueden ser silenciados ni reprimidos, ha dado lugar a nuevos pasos de solidaridad, justicia y libertad.

Damos gracias a este recogedor de yaguas por ser un verdadero artesano de la esperanza.

Mons. Felipe J. Estévez
Obispo Auxiliar de Miami