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Leyes, inmigración y equilibrio social

“Mejor es lo poco con justicia, que la
muchedumbre de frutos sin derecho.”

                                                Proverbios 10:8

Gerson Enrique Ruíz

“¿Tú crees que hay futuro para mí en este país? Tengo 15 años, en dos termino la escuela, y después, ¿qué voy hacer? Estudiar, pero, ¿para qué? ¿Qué gano? No sé por qué a mis padres se les ocurrió dejar nuestro país; claro está que la situación se puso dura, la gente se volvió loca, había saqueos… Pero yo tenía planes: quería ir a la universidad, convertirme en doctor. Ahora, ¿qué? Sólo me queda la calle.” Podríamos escuchar estas palabras en una telenovela, pero, desgraciadamente, se dicen todos los días en nuestra vida cotidiana.

Mientras que en zonas como América Latina, observamos con preocupación el retorno de una política populista y autoritaria, con su ya conocido parloteo de que todos los males se deben a los países ricos y no a las irresponsables administraciones locales –que arruinan al país e incrementan la emigración– en Europa podemos observar el resurgimiento de una filosofía política que pregona el ultranacionalismo y que achaca todos los males de la sociedad a los inmigrantes.

Nosotros en tanto, nos encontramos en pleno proceso electoral, cuya agenda principal sigue y será siendo la guerra y sus consecuencias. Sin lugar a dudas, en lo que respecta al inmigrante, los efectos de la guerra han sido lacerantes, porque en esta coyuntura de temor estimulado y de pasiones descontroladas, muchos tienden a confundir la precaución con la xenofobia o, peor aún, a los inmigrantes con anarquistas.

Es así que, tanto en el parlamento europeo como acá, algunas leyes que podrían mejorar la situación del inmigrante han quedado en la congeladora, en el contexto de una guerra de largo aliento, olvidando que la inmigración es un efecto social, por causas también sociales. Y pretar atención a dichas causas favorece el equilibrio social. No reglamentarlas, en cambio, provoca respuestas equivocadas.

En este contexto de guerra, lo peor que puede ocurrir es el renacimiento de una politica extremista. Por un lado, unas posturas que incrementan dramáticamente la inmigración y, por el otro lado, otras posturas que pregonan que el territorio debe defenderse contra un enemigo que viene de afuera y que amenaza con arruinar la nación.

Lamentablemente, hay argumentos que alimentan estas corrientes: los “sudacas” que forman bandas delincuenciales en Italia y España; el desempleo de los nativos, que está creando una economía subterranea, basada en el subempleo a muy bajo costo del inmigrante africano. La mala impresión que da la forma de vivir de los algunos grupos humanos, hacinados en sus propios guetos.

Estos casos –que no son mayoritarios– se incrementan peligrosamente cuando no existen leyes apropiadas, o cuando éstas no interpretan adecuadamente el comportamiento social. Entonces surgen corrientes que usan como chivos expiatorios a los desesperados para distorsionar la realidad.

Lo que viene pasando en Europa, debe servir para que esta historia no se repita en este país forjado por inmigrantes. O acaso, ¿no estamos fomentando la frustración cuando le restringimos a una persona la posibilidad de identificarse porque no cuenta con una licencia de conducir? ¿No estamos fomentando el desaliento en nuestros jóvenes al limitarles la posibilidad de cumplir sus sueños? El ser humano puede carecer de todo, menos de esperanza.

Negar la posibilidad –aunque sea remota– de realización personal no va a acabar con el flujo de inmigrantes, ni fomentará el retorno de los indocumentados a sus países. Esto sólo generará un mayor número de personas vulnerables en nuestra sociedad. ¿Qué otra opción tienen quienes prácticamente carecen de existencia jurídica, pues ni siquiera tienen la posibilidad de identificarse de una manera convincente? ¿O esos jovenes que, ante la imposibilidad de estudiar, dejan las aulas por la calle? Este es un claro ejemplo de cómo nacen las pandillas y la delincuencia. ¿Quién es más responsable? ¿El marginado, o quien lo margina?

Los temas sociales deben ser una prioridad en la agenda de cualquier gobierno. Es, pues, necesaria la aprobación de proyectos de ley como el del otorgamiento de licencias de conducir a indocumentados; del Student Adjustment Act (Ley de Ajuste Estudiantil), o del mismo Dreamed Act (Ley Ideal), que abriría a unos 65,000 estudiantes indocumentados sobresalientes la posibilidad de asistir a la Universidad cada año, de alcanzar diplomas universitarios y de obtener visas de residencia. Pero, sobre todo, esta legislación estimularía a millones de jóvenes a esforzarse cada vez más.

 Abogado y periodista peruano