Una batalla silenciosa por la vida
Una joven
supera la anorexia con el apoyo del prójimo
Linda Reeves
The Florida Catholic
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Mayra Benítez, la joven inmigrante
mexicana de 17 años de edad que ha conmovido los corazones de
muchos en la Florida y fuera del estado. A Benítez se le
diagnosticó anorexia nerviosa, una afección crónica de la
alimentación que afecta a sus víctimas física, mental, emocional
y espiritualmente, haciéndolas morir de hambre. Foto cortesía de
The Florida Catholic |
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Un pequeño grupo se arrodilló hace siete meses ante una pintura
que representa la aparición de Nuestra Señora de Guadalupe, y
rogó un milagro para que una vida joven no continuara yéndose
lentamente del mundo.
En la víspera de la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, el 11
de diciembre, el esperanzado grupo se reunió otra vez, para dar
gracias a la Virgen María por su intercesión y para dar gracias
a Dios por salvar a Mayra Benítez, una muchacha de 17 años de
edad que ha conmovido los corazones de muchos. A Benítez se le
ha diagnosticado anorexia nerviosa, una afección crónica de la
alimentación que afecta a sus víctimas física, mental, emocional
y espiritualmente, haciéndolas morir de hambre.
“Dijimos a Mayra que la poníamos en los brazos de Nuestra Señora
de Guadalupe para que la protegiera”, dijo Jaime Zapata,
consejero del distrito escolar de Palm Beach. “Invitamos a todos
a rogar con nosotros”.
Los amigos de Mayra se reunieron el 11 de diciembre, a las 7
p.m., en la Catedral St. Ignatius Loyola para la exposición del
Santísimo Sacramento, y para dar la bienvenida a Mayra, que
regresa con la salud recuperada. El caso de la muchacha apareció
por primera vez en The Florida Catholic en el mes de
junio.
“Tuvimos hermosas respuestas de los lectores de The Florida
Catholic”, dijo Zapata, que supo de la muchacha y de su
enfermedad cuando Pedro y Romelia Benítez, padres de Mayra y
miembros de la parroquia de St. Philip Benizi, se acercaron a él.
“Los padres de Mayra comenzaron a preocuparse cuando su hija
dejó de comer”, explicó Zapata. “Mayra me dijo que ella no
deseaba morir”.
Mayra se mudó de México al área agrícola de Belle Glades hace
tres años, con su madre, su hermano Pedro (de ocho años), y sus
hermanas Vianey (de 18) y Brenda (de 14). La familia se unió a
su padre, que vino a los Estados Unidos en busca de una vida
mejor para todos.
Según sus padres, Mayra se esforzó por adaptarse y por ser
aceptada entre sus nuevos amigos estadounidenses. También tuvo
que adaptarse a una nueva cultura, donde muchas muchachas y
jóvenes se obsesionan con el peso y la delgadez de las modelos.
Cuando Mayra vino a la Florida, la adolescente de cinco pies y
tres pulgadas pesaba 105 libras. Rebajó casi 50 libras y comenzó
a perder su pelo oscuro y largo, así como su energía, su
espíritu, su alegría y su vitalidad.
Zapata inició una campaña para recaudar fondos para conseguirle
a Mayra un tratamiento de emergencia, algo que era inalcanzable
para su padre pobre.
“Lo venderé todo para ayudar a mi Mayra”, dijo Benítez, que
trabaja siete días a la semana en los campos de caña de azúcar,
y vive muy modestamente con su numerosa familia en una casa
móvil de dos dormitorios en Belle Glades.
Zapata no podía creer que las clínicas de los Estados Unidos
cobran por lo menos $1,500 diarios por atender a los pacientes
que se recuperan de desórdenes de la alimentación. Pero encontró
ayuda mediante la Fundación Ellen West, de la ciudad de México,
que está situada cerca de la Basílica de Guadalupe, un sitio de
peregrinación popular. La basílica guarda la imagen de Nuestra
Señora de Guadalupe, que los católicos veneran como impresa en
1531 por la propia Virgen María en la tilma de Juan Diego,
canonizado por el Papa Juan Pablo II en 2002.
“La fundación acordó atender a Mayra por $200 al día”, dijo
Zapata, que se vació sus propios bolsillos al principio, con la
esperanza de lograr de algún modo los fondos necesarios.
“Cada día recibíamos $200 por correo”, recuerda Zapata, quien
dijo que cinco sacerdotes, feligreses de la diócesis y varios
lectores de otros estados le enviaron cheques, palabras de
estímulo y promesas de rezar por la recuperación de Mayra.
“Rezábamos constantemente”, dice Zapata.
Los estudiantes de la escuela Glades Central High School, a la
que Mayra asiste, se unieron a las oraciones y se mantuvieron en
contacto con la muchacha.
El grupo juvenil mexicano de la Misión de Nuestra Señora de
Guadalupe, de Fellsmere, también rogó por la muchacha y ofreció
un baile en su beneficio en junio, con un precio de $5 por la
entrada y una meta de $464 para ayudar a Mayra.
“Cuando contamos el dinero al final de la noche, teníamos
exactamente $467”, dijo Zapata. “Fue una hermosa experiencia”.
El dinero es recibido por la Misión Tepeyac, una organización no
lucrativa dedicada a ayudar a los inmigrantes, que Zapata
coordina. En tres meses, se ha recaudado un total de $21,700.
“Ella ha vuelto a comer y a disfrutar de los alimentos”, señaló
Aracely Aizpuru, nutricionista de la Fundación Ellen West. “Pesa
104 libras, y está totalmente fuera de peligro. Pero no estamos
seguros de si volverá a caer en la anorexia en el futuro”.
El médico aconseja que Mayra continúe recibiendo la asesoría de
un especialista local. Los médicos también recomiendan que su
salud esté bajo una cuidadosa observación.
Investigadores de la Asociación Psiquiátrica Estadounidense
explicaron que es difícil establecer claramente la causa de la
anorexia, pero que ésta suele tener causas serias y profundas,
incluyendo inseguridades, temor a no ser aceptado y un bajo amor
propio. Zapata comentó que no será fácil para la muchacha, que
tendrá que regresar a la estrecha casa móvil con sus padres, su
hermano y sus hermanas, y que tendrá que volver a superar las
barreras lingüísticas, después de haber vivido en México durante
los últimos meses.
“Haremos todo lo que sea necesario para salvar a esta muchacha”,
dijo Zapata.
Mayra es una estudiante de “A”, y se siente muy orgullosa de
recibir las más altas calificaciones. Para aumentar la
autoestima de la muchacha, Zapata ha recibido las aprobaciones
necesarias para iniciar otro proyecto encaminado a fortalecer el
amor propio de Mayra, algo que, según Zapata, estuvo siempre en
el plan de Dios.
“Mayra será portavoz y hablará sobre los desórdenes de la
alimentación a los niños de las escuelas”, explica Zapata. “Ella
es la persona ideal para hacer esto, puesto que superó un caso
severo de anorexia. Puede hablar con los padres y darles a
conocer las señales. Los padres tienen la obligación de actuar
inmediatamente, para evitar que sus hijos mueran de hambre”.
¿Quiere contribuir?
Jaime Zapata, que coordina la Misión Tepeyac, una organización
no lucrativa dedicada a ayudar a los inmigrantes, pide que sigan
orando por Mayra Benitez, a quien se le diagnosticó anorexia
nerviosa. Quienes deseen contribuir a pagar su tratamiento y su
asesoría clínica pueden llamar al 561-627-4845, o enviar fondos
a la Misión Tepeyac, Fondo Mayra Benítez, c/o Jaime Zapata, 4415
Holly Drive, Palm Beach Gardens, FL 33410.
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