HABLA EL PAPA
 VOZ DEL ARZOBISPO
 ARQUIDIÓCESIS
 CALENDARIO
 MUNDO Y NACIÓN
 AMÉRICA LATINA
 CUBA Y LA DIÁSPORA
 INMIGRACIÓN
 ESPIRITUALIDAD
 ENSEÑAZAS DE
 LA IGLESIA
 REFLEXIONES
 BÍBLICAS
 LETRAS / CINE / ARTE
 ENLACES
 ARCHIVO
 BÚSQUEDA
 PORTADA

 

Ahora la Virgen de Chiquinquirá está en Miami

Una réplica de la imagen milagrosa fue entregada por el Prior de la Basílica a la Cofradía de Nuestra Señora de Chiquinquirá de Miami

Gonzalo Penagos

Con las primeras horas de la tarde del 6 de diciembre, el Renascence Ball Room de la Calle 8, en Miami, se tornó en una torre de Babel de acentos colombianos. Paisas pidiendo una bandera, boyacenses preguntando dónde estaba el estandarte de la Virgen, bogotanos buscando nombres y acomodándolos en cada mesa para la cena; había costeños, vallunos, tolimenses, gente de toda Colombia.

El P. Álvaro Pinzón, llamando desde su celular en busca de la camioneta que trae el cuadro de la Virgen; las señoras, llegando al parqueo con sus trajes largos, muy elegantes y emocionadas para el encuentro con la Virgen patrona de Colombia.

La imagen de la Virgen peregrina hace su entrada, traída en andas por cuatro sacerdotes colombianos: Julio Solano, Alfonso Cely, Jesús Alberto Bohórquez y Cristóbal Puertas. Foto: Cortesía de Gonzalo Penagos.

En medio de todo, un problema: ¿cómo colocar el estandarte, que tiene seis metros de ancho y cinco de alto, en medio de dos columnas que sólo tienen cinco metros de espacio entre sí? Un arquitecto traía todo calculado: una soga cortada a la medida para que resistiera el pesado estandarte. Pero el salón no tenía de dónde amarrar la soga. Había que conseguir cordeles como fuera: unos buscaron cinta de amarrar regalos; otros hicieron una cuerda con cordones de zapato; una emisora amiga donó los cordeles de su publicidad; todo para que la Virgen estuviera en el lugar esperado con la mejor presentación posible.

El estandarte lucía estupendo; las mesas ya estaban listas para recibir a 380 invitados. La bandera de Colombia ya estaba enarbolada en su asta, junto a las barras y estrellas de su correspondiente norteamericana; el fotógrafo, listo.

Don Enrique Córdoba recibe los últimos datos, e inicia la emotiva ceremonia.

Con el himno de Estados Unidos y el ingreso de la bandera norteamericana dio inicio el acto. El salón, en silencio marcial, oyó las notas del precioso himno norteamericano. De pronto, los tambores y trompetas marcan la introducción y todos los colombianos presentes entonan a voz en cuello: “Oh gloria inmarcesible, oh júbilo inmortal…” Algunas lágrimas rodaron por las mejillas de aquellos que miles de veces oyeron esas mismas notas en sus escuelas, en las izadas de la bandera, o simplemente en las fiestas patrias del 20 de julio, y hoy, lejos de la patria no sólo por la distancia, sino por el tiempo y las situaciones migratorias, cantaban con un nudo en la garganta. Hoy era un doble motivo de gozo. La imagen de la patrona de Colombia venía para quedarse en tierras norteamericanas.

El P. Omar Alberto, prior de los Dominicos que rigen la Basílica de Nuestra Señora en Chiquinquirá, vestido con su hábito blanco y una capa negra, propia de su habito, narró a los presentes los diversos caminos que recorrió la imagen milagrosa hasta llegar al día presente, en que es entregada al P. Alberto Cutié, como representante de la Arquidiócesis de Miami, en presencia de los miembros de la Cofradía. El cuadro, del mismo tamaño del que preside la basílica en Chiquinquirá, es expuesto en el mismo centro del salón.

Todo el mundo, al llegar, se preguntaba: ¿donde está la mesa principal? No había mesa principal; el lugar donde debería estar la mesa principal, albergaba el anda de la Virgen peregrina, que fue portada por cuatro sacerdotes colombianos: el P. Julio Solano, el P. Alfonso Cely, el P. Jesús Alberto Bohórquez y el P. Cristóbal Puertas.

Después de los himnos, al compás de “Reina de Colombia por siempre serás; es prenda tu nombre de Jubilo y paz!”, allí mismo se expuso la réplica de la imagen milagrosa de la Virgen de Chiquinquirá. Acto seguido, el P. Álvaro Pinzón, fundador de la Cofradía, pidió el rezo de un Avemaría por la paz de Colombia.

Reposaba en ese rezo el dolor de los que hace años no pisan tierra colombiana; se podía percibir el fervor en la oración por las almas de miles de colombianos caídos en el conflicto armado. Familiares de colombianos secuestrados, allí presentes con sus ojos cerrados y sus manos en posición de oración, entregaron a la Virgen ese pedido por la paz.

La Cónsul de Colombia felicitó al P. Pinzón, en entrevista con Radio Paz, por la dura labor que ha desarrollado durante los últimos cuatro años, en la búsqueda de la unión de los colombianos alrededor de la Madre de Chiquinquirá.

El P. Omar Alberto, en su alocución, insistió en que la Basílica de la Virgen es la casa común de todos, y brindándonos a todos la oportunidad de escribir nuestras peticiones, llevó a Colombia 380 sobres con nuestras intenciones.

“Esta noche es histórica”, expresó el P. Federico Capdepón, confirmando que, a través de sus viajes a Colombia, él mismo percibió la veneración y amor que los colombianos tienen por la Virgen de Chiquinquirá, y explicó a los presentes que ha ofrecido su parroquia de Santa Marta como apoyo a esta obra, porque está convencido de lo importante que es, para los colombianos, unirse en torno a la Patrona de Chiquinquirá.

El evento concluyó con música bailable colombiana muy alegre, y fue transmitido en vivo a todo el continente. En cadena con el sistema de emisoras Reina de Colombia desde Chiquinquirá, se recibió por PaxNet-Radio Paz Satelital desde Miami, el testimonio de familias colombianas que gritaban desde lo más profundo a pesar de la distancia:

¡Viva Colombia! ¡Viva la Virgen de Chiquinquirá!