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Sacerdote reclama solidaridad
para las personas con SIDA
La Arquidiócesis conmemora el Día Mundial del SIDA con dos misas,
una en Miami-Dade y la otra en Broward
Julie Conrey
The Florida Catholic
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El tapiz
desplegado durante la misa por el Día Mundial del SIDA,
celebrada en la iglesia St. Maurice, contenía un poema en honor
de un ser querido que murió de la enfermedad. TFC
/ Julie Conrey |
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Durante millares de años, la humanidad ha vivido temiendo y
criticando a quienes son diferentes. Éste no es el mundo
pacífico y justo en el cual Dios quiso que la gente viviera.
Adviento, la temporada especial que la Iglesia ha reservado para
preparar los corazones para la venida de Cristo en Navidad, es
una oportunidad perfecta para examinar las actitudes y los
prejuicios hacia quienes viven con el VIH y el SIDA. Éste fue el
mensaje que el P. Dennis Rausch trasmitió a cerca de 250
personas en la misa del Día Mundial del SIDA, celebrada el 5 de
diciembre en la iglesia católica St. Maurice, en Dania Beach.
Otra misa por el Día del SIDA tuvo lugar a la misma hora, en la
Catedral St. Mary, en Miami.
“Decimos que amamos, pero, ¿amamos de verdad? Pienso que lo
hacemos, pero no lo suficiente”, dijo el P. Rausch, ex director
del ministerio de VIH/SIDA de la Arquidiócesis. “¿Somos
compasivos? Sí, pero no bastante. ¿Vivimos tratando de ayudar a
otros? Sí, lo hacemos, pero, ¿hacemos lo suficiente?”, preguntó.
“Esto no sólo es un desafío de Adviento, sino la necesidad de
prestar atención a esta singular enfermedad”.
La gente puede esforzarse por crear un mundo más justo y más
perfecto ayudando a quienes están enfermos, educando a otros
sobre la enfermemad, y cambiando los corazones para crear un
sentido de paz, de amor y de justicia, dijo el P. Rausch, quien
también habló de quienes atienden a las personas que padecen de
VIH y de SIDA.
“Nos olvidamos a veces de quienes prestan cuidados directos, que
son, en última instancia, los que llevan la carga más pesada al
atender a alguien que tiene una enfermedad mortal. Hoy, con el
cáncer, nos apresuramos a apoyar al personal que presta cuidados
directos. Pero muy pocas veces vemos que alguien se apresure a
ayudar a quienes atienden a los pacientes de VIH o SIDA”.
Corinne Dedieu, miembro de la parroquia St. Maximilian Kolbe, de
Pembroke Pines, no tuvo que acudir a integrarse en la Pastoral
de VIH/SIDA de la arquidiócesis, sino que ésta vino en busca
suya.
Poco después la muerte de su marido, hace cinco años, Dedieu se
sentió muy sola. Había un anuncio en el boletín de la iglesia
que pedía voluntarios para la Pastoral de VIH/SIDA. Le llevó
alrededor de una semana clarificar sus sentimientos. “Mi primer
pensamiento fue que no tenía ningún entrenamiento médico, y mi
segundo pensamiento fue que el SIDA es algo que atemoriza”,
recuerda Dedieu.
Pero decidió asistir a la sesión del entrenamiento de todos
modos.
“Conseguí información de primera mano y me deshice de todas mis
ideas falsas”, dijo. “No juzgamos; no le decimos a un cliente lo
que tiene que hacer. Estamos allí para escuchar”.
Dedieu trabaja con otro voluntario, Jean Tella, también de la
parroquia de St. Maximilian Kolbe. Ambos atendieron a una hindú
que contrajo el SIDA accidentalmente, en el salón de emergencias
donde trabajaba como enfermera.
“No hay nadie más solo que una persona con SIDA”, señaló Dedieu.
Aunque la mujer disponía del programa Meals on Wheels (Comidas
sobre Ruedas), de transporte de ida y vuelta para sus consultas
médicas y de un consejero, se sentía deprimida porque estaba
aislada de la gente. Dedieu y Tella se sentaban y la escuchaban.
Seis meses más tarde, la mujer llamó para cancelar sus servicios
de ayuda mientras que Dedieu y Tella continuaban visitándola.
“Éramos las piernas y los oídos del Señor”, dijo Dedieu con los
ojos húmedos. La paciente murió en diciembre del año pasado.
Paul, de 50 años, es otro cliente de la Pastoral de VIH/SIDA de
la Arquidiócesis. Se le diagnosticó VIH en 1995, y ha estado
bajo tratamiento médico desde 1996. Su enfermedad ha sido
imposible de detectar por cerca de 3 años, dijo.
“He conocido a muchas personas buenas mediante Caridades
Católicas”, explicó. “Tienen muchas cosas buenas para los
clientes”.
Un amplio tapiz conmemorativo, de múltiples y coloridos paneles,
fue desplegado en la misa, en “recordación de quienes han muerto
de SIDA”, dijo el P. Rausch.
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