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El Arzobispo Favalora hace un viaje histórico a Santiago de Cuba
Angelique Ruhí-López
La Voz Católica
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Ernesto González.
Orgullosamente erguida en la misma zona que por más de 200 años
le ha servido de base, con su arquitectura y simbolismo
embellece el paisaje oriental la famosa catedral de Nuestra
Señora de la Caridad del Cobre, hogar de la Patrona de los
cubanos. Enclavada en el poblado de El Cobre, a pesar de su
lejanía de los centros urbanos, ha servido de refugio y consuelo
a muchas generaciones. |
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Cuando el Arzobispo John C. Favalora y 15 otros “peregrinos”
viajaron a la Arquidiócesis de Santiago de Cuba, del 27 al 29 de
noviembre, experimentaron el verdadero sentido del Adviento:
esperanza.
“Siempre es Adviento en Cuba. El hecho de que el pueblo cubano
espera, soporta, sobrelleva, es como esperar al Mesías con la
esperanza de que viene un nuevo día”, explicó el Arzobispo
Favalora.
El Arzobispo Favalora, el Arzobispo Roberto González, de San
Juan, Puerto Rico, y sacerdotes de la Arquidiócesis de Miami,
incluyendo a Mons. Tomás Marín, el P. Carlos Miyares, el P.
Fernando Hería, el P. Daniel Kubala –junto con sus respectivas
madres– y Mons. Michael Souckar, el P. José Espino, el P. Rafael
Cos, y el P. Juan Sosa, visitaron Cuba por 48 horas con motivo
de celebrarse el 200º aniversario de la Arquidiócesis de
Santiago de Cuba.
Existen conexiones históricas importantes entre las
Arquidiócesis de Miami y de Santiago de Cuba, que se extienden
mas allá de las 90 millas que dividen las comunidades de cubanos
en la isla y en el exilio.
Antes de la creación de la Diócesis de Luisiana y las Floridas
en 1793, estos territorios españoles estuvieron sometidos a la
antigua Diócesis de Santiago de Cuba, que fue creada en 1522 y
que después se convirtió en la arquidiócesis principal de Cuba
en 1804.
Una visita al Cobre
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El
Arzobispo John C. Favalora (izq.) concelebra la Misa con el
Arzobispo de Santiago de Cuba, Pedro Meurice Estíu
(der.) en la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, en
Santiago. Fotos superior e inferior: Ernesto González |
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El Arzobispo Favalora celebró la misa del 27 de noviembre en el
Santuario Nacional de la Virgen de la Caridad del Cobre, y en su
homilía, que pronunció en español para 12 obispos cubanos y
otros 30 asistentes, expresó su solidaridad con el pueblo de
Cuba. A petición del Arzobispo de Santiago, Pedro Meurice Estíu,
el Arzbobispo Favalora pronunció la misma homilía que cuando
celebró la Misa para el grupo de En Comunión en agosto.
En una conferencia de prensa en el Aeropuerto Internacional de
Miami, al regresar el 29 de noviembre, el Arzobispo dijo que
había acudido ante la imagen de la Virgen de la Caridad –fuente
de gran devoción cubana– antes de la misa, para rezar por “las
necesidades del pueblo cubano, allá en la isla y en la diáspora”.
“Fue una experiencia religiosa poder ir al Cobre y rezar en un
lugar tan santo”, señaló el Arzobispo Favalora. “La devoción a
Nuestra Señora es parte de lo que significa ser cubano”.
Llenos de alegría y fervor
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En su visita histórica a Cuba del 27 al 29 de noviembre, el
Arzobispo Favalora (izq.) compartió con el clero cubano, y entre
ellos, el Cardenal Jaime Ortega y Alamino, Arzobispo de la
Habana. Durante su viaje, el Arzobispo Favalora rezó ante la
imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre por “las necesidades
del pueblo cubano, allá en la isla y en la diáspora”. Fotos
superior e inferior: Ernesto González |
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El 28 de noviembre, mientras el sol se ponía detrás de la
Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, en Santiago de Cuba,
el Arzobispo Pedro Meurice Estíu, junto con el Cardenal Jaime
Ortega y Alamino, Arzobispo de La Habana, celebraron la misa por
el 200º aniversario de la Arquidiócesis, misa con la cual
culminó todo un año de celebraciones.
“La capacidad para los que se podían sentar dentro de la
catedral era, aproximadamente, de 1,500 personas, pero la
iglesia estaba desbordándose de gente, que cantaba con alegría y
fervor. Todo el mundo, jóvenes y ancianos, estaban respondiendo
con una voz penetrante. La iglesia está sobreviviendo y
reconstruyendo”, expresó Mons. Marín en la conferencia de prensa.
“El dolor, el sufrimiento, y la persecución de un miembro del
cuerpo de Cristo es el dolor, el sufrimiento y la persecución de
todos”, explicó el Arzobispo González. “Fue un gran gesto de
solidaridad fraternal dentro del contexto eucarístico. Como
pueblo creyente, nos unimos a la Iglesia en Cuba como cuerpo
místico de Cristo”.
El Arzobispo González notó un gran cambio en el país desde su
primera visita a Cuba, hace 15 años.
“Cuando hice mi primera visita, en 1989, las iglesias estaban
vacías”, indicó. “Hoy en día, la gente no cabe en las iglesias.
El miedo de celebrar la fe ha ido disminuyendo. Cientos de miles
de cubanos están celebrando su fe abiertamente. La Iglesia de
Cuba es un ejemplo para toda la Iglesia”.
Adviento y esperanza
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Foto cortesía de Carlos Amador
El 28 de noviembre se celebró
la misa en la Catedral de Nuestra Señora de la
Asunción en Santiago de Cuba por el 200º aniversario de esa
Arquidiócesis, misa con la cual culminó todo un año de
celebraciones. La catedral estaba “desbordándose de gente, que
cantaba con alegría y fervor”, dijo Mons. Tomás Marín, párroco
de Nuestra Señora de Guadalupe en Doral, quien acompañó al
Arzobispo Favalora a Cuba. |
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El Arzobispo Favalora dijo que, a pesar del sufrimiento y la
opresión del pueblo cubano bajo el comunismo, la Iglesia de Cuba
se mantiene muy viva y llena de gracia.
“Si no fuera por la Iglesia, el pueblo Cubano no tendría el
entusiasmo y la esperanza que tiene”, señaló. “Están esperando
encontrar a Cristo diariamente, y comprenden la jornada de estar
en el desierto. No tienen las distracciones materiales que
tenemos nosotros. No tienen nada, pero están satisfechos, aunque
esperan algo mejor mientras que esperan que el Señor los libere.
Todos debemos vivir el Adviento con la esperanza de que viene
otra época”.
El Arzobispo concluye con un mensaje para todo el pueblo cubano,
diciendo que “nada ni nadie debe interferir en la unidad que
existe entre los cubanos de la isla y de otros lugares. La fe
nos une y nos hace uno. Tienen la sangre y la herencia en común.
Esto es un vínculo natural que debe impedir que se separen. Son
una familia, un pueblo, y la familia siempre debe de permanecer
familia”.
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Un nutrido grupo de los participantes en las actividades
conmemorativas, entre los que se encuentran: 1- Mons. Arturo
González Amador, Obispo de Santa Clara; 2- Padre Fernando Hería;
3- Padre Juan Sosa; y 4- Mons. Dionisio García Ibáñez, Obispo de
Bayamo (ver
gráfico debajo
para identificar) |
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