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Nadie es extranjero

Vestida para la danza que ejecutará después de la Misa de la Emigración, una muchacha hindú participa en la liturgia.

Ana Rodríguez-Soto

 

Católicos de casi todos los continentes se reúnen en la Catedral St. Mary con motivo de la celebración anual de la Semana de la Emigración

Proclamando que “nadie es extranjero en la casa de Dios”, el sacerdote escalabriniano H. Carlos Anklan dio la bienvenida a cientos de católicos de casi todos los continentes en la Catedral St. Mary, el 9 de enero, con motivo de la celebración anual de la Semana de la Emigración.

“Todos somos emigrantes aquí en la Tierra”, dijo el sacerdote, que dirige el apostolado para los católicos brasileños en la Arquidiócesis. “No pertenecemos a una sola cultura, o a una sola raza. Pertenecemos, primero y por encima de todo, al pueblo de Dios”.

Con la Misa de la Emigración culminó la celebración anual de la Semana de la Emigración, durante la cual la Iglesia Católica recuerda mundialmente las penurias y las contribuciones de los emigrantes, los refugiados y los demás seres humanos que han tenido que ir de un sitio a otro del mundo.

La misa reunió a miembros de las diversas minorías étnicas presentes en el sur de la Florida, donde se celebran misas semanales en 17 idiomas.

El Arzobispo John C. Favalora fue el cocelebrante principal, junto con el P. Jean Pierre, director de la Pastoral de Minorías Culturales (Ministry to Cultural Groups), y los sacerdotes que ejercen su ministerio entre las diferentes minorías étnicas.

La coreana Hyesook Lee sumida en oración.

Muchos de los asistentes –filipinos, nigerianos, haitianos, hindúes, polacos, coreanos, vietnamitas, chinos– llevaban atuendos tradicionales, y todos trajeron sus coros e instrumentos típicos para participar en la misa.

La Oración de los Fieles fue leída en siete idiomas: tagalog (Filipinas), igbo (Nigeria), coreano, húngaro, italiano, portugués (de Brasil) e inglés.

Del norte, del sur, del este y del oeste, “somos, de hecho, hermanos y hermanas en Cristo”, dijo el P. Anklan en su homilía.

Aunque todos hablan diferentes idiomas y muchos pueden entenderse en inglés, “lo que finalmente importa es el idioma de la fe y el amor”.

“Dios no tiene preferencias… sino que recibe a todos los que practican la rectitud”, afirmó el P. Anklan, añadiendo que Dios también se vale de las diferentes comunidades “para dar testimonio de un mundo sin prejuicios hacia nadie. Somos dones los unos para los otros, no amenazas”.

“Le voy a sugerir a mi obispo que haga esto”, dijo Bernard Kmita, un residente polaco de Montreal que asistió a la misa por segundo año. “Es una idea muy buena”.

 

Chinwe Osuji, de Nigeria, participa en la Misa de la Emigración luciendo un atavío de vivos colores.
Fotos: Ana Rodríguez-Soto / TFC

 Después de la Misa de la Emigración, un grupo de jóvenes bailarinas hindúes se recoge en oración antes de iniciar su actuación.

El Arzobispo John C. Favalora bendice a un niño coreano después de la Misa de la Emigración.

Una católica hindú porta una vela tradicional durante la entrada de la procesión.

Una bailarina haiatiana interpreta el Salmo durante la celebración litúrgica.

Niños que representan a China, África y a los indios de la Amazonia brasileña, toman parte en la procesión del ofertorio.