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América Latina debe redescubrir el domingo como Día del Señor,
pide el Papa
ACI
Al recibir a los consejeros y miembros de la Pontificia Comisión
para América Latina el 21 de enero, el Papa Juan Pablo II
aseguró que la Iglesia en el continente debe “redescubrir y
vivir plenamente el domingo como día del Señor y día de la
Iglesia”.
El Santo Padre recordó que “participar en la misa dominical no
es sólo una obligación importante, como señala claramente el
Catecismo de la Iglesia Católica (n.1389), sino, ante todo, una
exigencia profunda de cada fiel. No se puede vivir la fe sin
participar habitualmente en la misa dominical, sacrificio de
redención, banquete común de la Palabra de Dios y del pan
eucarístico, corazón de la vida cristiana”.
Reflexionando sobre el tema de la reunión plenaria de la
Comisión, “La misa dominical, centro de la vida cristiana en
América Latina”, el Papa destacó el “renovado esfuerzo” por
parte de los pastores de la Iglesia por “hacer descubrir la
centralidad del domingo en la vida eclesial y social de los
hombres y mujeres de hoy”.
“Es necesario concentrar los esfuerzos en una mejor y más
cuidada instrucción y catequesis de los fieles sobre la
eucaristía, así como velar para que la celebración sea digna y
decorosa, de modo que inspire respeto verdadero y piedad
auténtica ante la grandeza del misterio eucarístico”, agregó.
Asimismo, recordó que “la misa dominical debe ser
convenientemente preparada por el celebrante, con su disposición
espiritual, traslucida después en los gestos y palabras y
preparando convenientemente la homilía”.
En este sentido, se refirió a la importancia de seleccionar y
preparar “los cantos, signos y otros recursos que enriquecen la
liturgia, siempre dentro del respeto debido a la normas
establecidas, valorando toda la riqueza espiritual y pastoral
del Misal Romano y las disposiciones propuestas por la
Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los
Sacramentos”.
El Santo Padre terminó pidiendo que, en colaboración con los
sacerdotes, religiosos y fieles, pusieran “el mayor empeño en
reflexionar y profundizar en esta dimensión esencial de la vida
sacramental de la Iglesia”, y que trabajaran “para despertar un
amor cada vez más grande por el misterio eucarístico en las
diócesis”.
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