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 La gratitud es una obra de arte

Ana Rodríguez-Soto
The Florida Catholic

El Arzobispo Favalora habla con el escultor cubano Roberto Pérez Crespo, que le presentó su obra Perdón, Señor, como muestra de su gratitud a Dios por permitirle venir a los Estados Unidos.. Ana Rodríguez-Soto

Comenzó como una mano, sola, tallada en mármol blanco. Entonces Roberto Pérez Crespo vio La Pasión del Cristo.

Ahora, la mano es perforada por un clavo oscuro de granito que se doble hacia arriba cuando sale de la parte posterior de la cruz, también de granito igualmente oscuro. Un goterón de sangre roja –hecho de goma seca– corre hacia abajo.

Y Pérez Crespo, refugiado cubano, escultor lleno de expectativas, ha creado su primera obra de arte en los Estados Unidos, una oración de gratitud a Dios por haberle permitido venir a este país, y a la Agencia de Reubicación y Empleo de Refugiados, de Caridades Católicas, por la afectuosa atención que le ofreció a su llegada.

“Quiero que sepan que yo reconozco esa ayuda que me dieron. En nombre de los otros que no saben valorar la ayuda que les están dando, por ellos también doy gracias”, declaró Pérez Crespo después de presentar su escultura, el 22 de diciembre, al Arzobispo John C. Favalora.

Pérez Crespo, de 36 años de edad, nunca había estudiado escultura. Ni siquiera hizo un bosquejo de la mano antes de comenzarla a esculpir. Su trabajo actual a tiempo completo consiste en hacer cubiertas de mostradores de granito y mármol. Pero su pasión es esculpir.

“Es un artista natural”, dijo Howard Keyes, supervisor de los servicios de empleo de refugiados de Caridades Católicas.

Desafortunadamente, en Cuba no había mármol, ni herramientas, ni medio alguno para satisfacer su sueño, y es por esto que, a lo largo de tres veranos, Pérez Crespo obtuvo permiso de viajar a Portugal para participar en una feria artística. Allí trabajó en una cantera de mármol, conoció a dos escultores de renombre y creó dos obras de arte.

Durante el tercer verano desertó, y se las arregló para llegar a Miami en octubre de 2003. Dejó a su esposa y a su hija de cuatro años en Cuba.

“No es una persona religiosa”, dijo Keyes. “Pero, cuando llegó, me dijo que quería darle gracias a Dios por permitirle venir a este país”.

La mano está llena de simbolismo: es una muestra de su gratitud personal a Dios; una oración para que la mano de Dios dirija a otros refugiados; y una súplica general por el perdón de Dios.

El Arzobispo Favalora dijo que encontraba aún otro significado: “Un mensaje para todos los que tienen miedo de los inmigrantes. Cuando se les permite vivir en libertad, contribuyen con mucho”.

Pérez Crespo tiene la esperanza de llegar a vivir de la escultura. Mientras tanto, se hace esta pregunta: “¿Por qué no hay un Cristo en la bahía de Miami?”

Hay una estatua de Jesucristo en las capitales de Portugal, de Brasil y de su Cuba natal.

“Estoy dispuesto a hacerlo, tan grande como lo quieran”, afirmó Pérez Crespo. “Sería la realización de un sueño”.