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Nuevas reglas para los sacerdotes visitantes

The Florida Catholic

Ana Rodríguez-Soto

La Arquidiócesis actualiza su procedimiento para que los sacerdotes de otras diócesis puedan trabajar en el sur de la Florida.

Las palabras “facultades” y celebret pueden no significar mucho para la gran mayoría de los católicos, pero un sacerdote no puede hacer nada sin ellas.

Necesita facultades –el permiso del obispo local– para funcionar públicamente como sacerdote en cualquier diócesis. El celebret es la tarjeta de identidad del sacerdote: el reconocimiento, por parte de su obispo o de su superior religioso, de que es un sacerdote en el buen ejercicio de sus funciones, y con permiso para ejercer su ministerio fuera de su diócesis.

Durante años, han estado en vigor reglas que exigían que los sacerdotes visitantes obtuvieran sus facultades mediante la presentación de su celebret o de un Certificado de Aptitud para el Ministerio Sacerdotal ante el canciller arquidiocesano.

“Ahora hay una evaluación aún más completa”, explica Mons. Michael Souckar, canciller de la Arquidiócesis, refiriéndose al recientemente revisado “Protocolo para sacerdotes externos que deseen servir en la Arquidiócesis de Miami”, que entró en efecto en noviembre del pasado año, y cuyo texto completo puede consultarse (en inglés) en la página de la Arquidiócesis en Internet: www.miamiarch.org.

El protocolo describe los procedimientos que deben seguir los sacerdotes que deseen ejercer su ministerio aquí por un día, un mes o más. Aunque son, fundamentalmente, los mismos de los años anteriores, hay un nuevo procedimiento que deben seguir los sacerdotes que deseen trabajar aquí durante un período prolongado.

“El primer paso debe ser que el obispo o el superior religioso del sacerdote inicie el proceso escribiéndole al arzobispo”, dice Mons. Souckar.

En el pasado, era técnicamente posible que un sacerdote llegara y siguiera renovando sus facultades indefinidamente.

Ahora, “el arzobispo regula de manera más directa la aceptación de cualquier sacerdote para trabajar aquí por un período continuado mayor de un mes”, señala Mons. Souckar. “Esto también contribuye a garantizar que sea el propio superior del sacerdote quien dirija su ministerio”.

Un sacerdote visitante que planee estar menos de un mes ejerciendo aquí su ministerio, tiene que presentar un Certificado de Aptitud para el Ministerio Sacerdotal, firmado por el obispo de su diócesis o por su superior provincial.

El certificado, que debe ser actual, es “un testimonio de su obispo de que el sacerdote es apto para el ministerio y de que no ha tenido ninguna dificultad”, explica Mons. Souckar.

Un sacerdote visitante que desee trabajar aquí por más de un mes, tiene que presentar un certificado de aptitud y llenar el Formulario para la Base de Datos de los Sacerdotes, en el que proporcionará información sobre sus antecedentes personales, su educación, los idiomas que conoce y sus ministerios sacerdotales anteriores.

El expediente, una vez completo, pasa al arzobispo para su aprobación.

“No otorgaremos facultades a quienes vayan a estar aquí por más de un mes, a menos que hayan seguido este proceso”, indica Mons. Souckar.

Los sacerdotes que vengan con motivo de un evento individual o de un solo día, como un bautismo o una boda, tienen que presentar un celebret actual al párroco o al administrador de la parroquia donde se proponen ejercer su ministerio.

“Esto se hace para proteger a los fieles, que ponen su confianza en los sacerdotes”, explica Mons. Souckar. “Todas las diócesis están adoptando estas mismas medidas, más o menos. Lo que pedimos no es nada extraordinario”.

De hecho, apunta, la diócesis de Dublín, en Irlanda, ha establecido una política similar.

“Si alguno de nuestros sacerdotes irlandeses desea regresar a su país a pasar el verano, necesita presentar un certificado de aptitud para trabajar en su propia parroquia, donde lo conocen desde que era niño”, dice Mons. Souckar.

El exceso de precauciones se debe, en gran medida, al escándalo nacional de los abusos sexuales.

Los obispos están llevando a cabo una gestión concertada para garantizar que los sacerdotes que han tenido dificultades en el pasado no sean transferidos inadvertidamente de diócesis en diócesis.

Mons. Souckar está tratando de difundir la información acerca de estas reglas entre los laicos, principalmente por medio del Obispo Auxiliar Mons. Felipe J. Estévez, director del Apostolado Laico en la Arquidiócesis.

“Ésta es la forma en que debe proceder todo grupo [laico] que desee invitar a un sacerdote para que venga a trabajar aquí”, señala Mons. Souckar.

En el futuro, podría establecerse un proceso similar para seleccionar a los laicos que vengan a hablar en conferencias y convenciones.

“Se les podría exigir que presentaran un certificado semejante de su obispo local, atestiguando que el individuo es un católico en el buen ejercicio de su fe, que enseña correctamente la doctrina católica, y que lleva una vida coherente con la moral y los valores católicos”, concluye Mons. Souckar.