Danos nuestro pan de cada día…
… Y otras sugerencias para cambiar nuestras
vidas en esta Cuaresma
Mis queridos amigos:
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Arzobispo John C. Favalora |
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¿Recuerdan lo que les dijo el sacerdote cuando les impuso las
cenizas en la frente el Miércoles de Ceniza?
Les puede haber dicho esto: “Recuerda que eres polvo, y que al
polvo volverás”.
O puede que les haya dicho: “Arrepiéntete, y cree en la Buena
Nueva”.
Resumida en estas dos fórmulas está la razón de ser de la
Cuaresma. Las cenizas son un severo recordatorio de nuestra
mortalidad y de nuestra condición de pecadores. Sin duda alguna,
vamos a morir, nos dice la Iglesia, y al morir tendremos que
enfrentarnos, sin duda alguna, al juicio de Dios.
Y, ¿cómo nos juzgará Dios? El Evangelio de Mateo nos dice que
nuestro juicio dependerá de cómo tratamos “al más pequeño de
nuestros hermanos o hermanas”. Cuando hicimos algo por ellos, lo
hicimos por Jesús; cuando dejamos de hacer algo por ellos,
dejamos de hacerlo por Jesús.
Por lo tanto, la Cuaresma es el momento de reagruparnos
espiritualmente, para ver cuán bien estamos viviendo el
Evangelio. Nos abstenemos de comer carne los viernes y ayunamos
el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, no porque la carne
sea mala o la comida sea dañina, sino porque ésta es una manera
de disciplinar nuestros cuerpos y nuestros espíritus.
Tenemos que practicar el ser buenos y el ser santos. Tenemos que
disciplinarnos para decirle no al mal y sí a la
virtud. El ayuno y la penitencia de Cuaresma son medios que nos
ayudan a lograrlo.
También lo es la confesión. No podemos mejorar espiritualmente a
menos que reconozcamos nuestra condición de pecadores, en todas
las veces y en todas las formas que hayamos dejado de hacer lo
que el Señor quería.
También hay cosas positivas que podemos hacer por la Cuaresma,
hábitos que nos acercan al Señor.
Un ejemplo particularmente hermoso es asistir diariamente a Misa.
He conocido a muchas personas que asisten diariamente a Misa,
que comenzaron a hacerlo durante la Cuaresma, y siguieron
haciéndolo durante el resto de sus vidas. Una vez que
entendieron y apreciaron lo que significa recibir “el pan de
cada día” de Dios en la Eucaristía, no pudieron dejar de
recibirlo.
Asistir a Misa diariamente sería una práctica
extraordinariamente apropiada durante este Año de la Eucaristía,
en que debemos reflexionar especialmente en el gran regalo que
Jesús nos dejó en la Última Cena.
Otra disciplina de Cuaresma que sería positiva y beneficiosa,
sería leer aquellas secciones del Catecismo de la Iglesia
Católica que hablan de la Sagrada Eucaristía. Búsquenlas en el
índice y lean una sección cada día, meditando en ella
cuidadosamente. Saber lo que hacemos y por qué lo hacemos,
seguramente nos ayudará a apreciar mejor la Misa y la Eucaristía.
Finalmente, debemos darnos cuenta de que sólo orar no es
suficiente. Nuestra oración debe convertirse en acción, pues,
cuando nos alimentamos con el Cuerpo y la Sangre del Señor, nos
convertimos en esos alimentos: el Cuerpo de Cristo en el mundo.
Hacemos que Cristo esté presente entre los demás: el Cristo que
curó, el Cristo que perdonó, el Cristo que dio de comer a las
multitudes, el Cristo que ejerció la misericordia con los
excluidos de la sociedad, el Cristo que dio su vida por amor a
los otros.
Entregarnos a estas acciones es practicar las obras corporales y
espirituales de misericordia (ver la lista adjunta). También es
poner en acción la clave de valoración del Evangelio: “Cuanto
hagan al más pequeño de mis hermanos y hermanas, me lo hacen a
mí”.
Aunque ya ha transcurrido la mitad de la Cuaresma, nunca es
tarde para comenzar. Los animo a que aprovechen esta oportunidad
para empezar a convertir en hábito las buenas prácticas que les
permitirán comparecen ante el Señor, al final de sus vidas, para
que lo escuchen decir: “Vengan, benditos por mi Padre. Hereden
el reino preparado para ustedes desde la fundación del mundo.
Porque tuve hambre y me dieron de comer…”
Obras corporales de misericordia
Obras espirituales de misericordia
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Amonestar a los que pecan
-
Instruir a los que no saben
-
Aconsejar a los que dudan
-
Consolar a los que sufren
-
Soportar los males con paciencia
-
Perdonar todas las ofensas
-
Rezar por los vivos y los muertos
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