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Visita de cardenales promueve la enseñanza católica

Ana Rodríguez-Soto
The Florida Catholic

Desde la izquierda: los cardenales Roger Mahony, de Los Ángeles; Adam Maida, de Detroit, y Francis George, de Chicago, pasan por entre una guardia de honor formada por estudiantes de la Escuela de la Catedral St. Mary, de Miami, para concelebrar la Misa que precedió la 16a. Cena Anual de los Cardenales Estadounidenses. Fotos: Ana Rodríguez-Soto

La Catholic University of America (Universidad Católica de los Estados Unidos) y la enseñanza católica en general, recibieron un impulso el 28 de enero, cuando siete cardenales del país se reunieron en Miami con motivo de la 16ª. Cena Anual de los Cardenales Estadounidenses.

La cena aportó más de $1 millón para el fondo de becas de la Universidad Católica. También sirvió de foro para que los cardenales elogiaran la eficacia de las escuelas católicas y proclamaran la necesidad de que a las familias pobres se les diera “la misma oportunidad” de asistir a dichas instituciones.

“Hay un sistema que tiene éxito, y debe recibir apoyo si queremos que haya gente de éxito en la Iglesia y en el país”, dijo el Cardenal Edward Egan, de Nueva York, durante una breve sesión de fotografías con los reporteros.

El P. David O’Connell, CM, presidente de la Catholic University of America, durante la Misa en la Catedral St. Mary.

El cardenal citó estadísticas de su propia diócesis, que demuestran que entre el 65 y el 80 por ciento de los estudiantes que asisten a las 116 escuelas católicas de Nueva York viven por debajo del nivel de pobreza.

Sin embargo, el 95 por ciento de los graduados de las escuelas católicas continúa sus estudios en universidades, en contraste con las escuelas públicas, donde sólo 40 por ciento de los estudiantes se gradúa de la enseñanza secundaria.

En una entrevista posterior con The Florida Catholic, el Cardenal Theodore McCarrick, de Washington, mencionó una decisión tomada por la Corte Suprema en 1928, que permite a los padres optar por una institución de enseñanza fuera del sistema público.

El Cardenal Adam Maida, de Detroit, da la comunión a un estudiante.

“La Corte Suprema”, señaló, “les dio a los pobres ‘el regalo de un derecho’, sin darles la oportunidad de ejercer ese derecho. Por lo que debemos luchar es por la oportunidad de ejercer el derecho que nos dio la Corte Suprema hace ochenta años”.

La Arquidiócesis de Washington, radicada en el Distrito de Columbia, es el único lugar del país que recibe actualmente “oportunidades de becas” federales, que permiten que las familias necesitadas envíen a sus hijos a escuelas privadas y religiosas. El fondo de $39 millones para becas formó parte de un proyecto de ley presupuestaria aprobado por el Congreso el año pasado.

Unos 570 estudiantes de su arquidiócesis reciben estas becas, señaló el Cardenal McCarrick, y sus familias “están percibiendo la diferencia”.

“Está funcionando muy bien”, dijo. “Esperábamos contar con más estudiantes. Tenemos la esperanza de que este año el número aumente”.

El Cardenal McCarrick también enfatizó que una educación católica no debe terminar en la gramática o en la escuela secundaria, sino continuar en la universidad, de modo que el nivel de los conocimientos religiosos de los católicos se eleve junto con su nivel general de conocimientos.

Tener sólo “una instrucción básica en religión no es el ideal, porque creemos que la religión es importante”, añadió el Cardenal McCarrick. “Debe formar parte del contexto integral de un sistema de educación”.

Muchos factores se combinan, sin embargo, para impedir que los graduados de secundarias católicas estudien en universidades o en colleges católicos. Las finanzas constituyen el principal de estos factores, y por esto los eventos de recaudación de fondos, como la Cena de los Cardenales Estadounidenses, son tan importantes.

“Estamos muy orgullosos de nuestra universidad. Es muy agradable ver la concurrencia que hay aquí”, comentó el Cardenal McCarrick, refiriéndose a las más d 600 personas que pagaron $1,000 por asistir a la cena.

Esta fue la primera ver que el evento se realiza en Miami. Originalmente, las cenas tenían lugar en ciudades con un cardenal residente, pues todos los cardenales estadounidenses son miembros de la junta de fideicomisarios de la universidad.

Hace varios años, el Padre vicentiniano David M. O’Connell, presidente de la universidad, decidió celebrar la cena en diferentes lugares, con el fin de lograr que la Universidad Católica sea más conocida en todo el país.

Como miembro de la junta de fideicomisarios de la universidad, el Arzobispo John C. Favalora accedió a coauspiciar la cena de este año, durante la cual tuvo lugar la entrega del premio American Cardinals’ Encouragement Award (Reconocimiento de los Cardenales Estadounidenses) a la institución educacional Marian Center School and Services de la arquidiócesis, que desde hace 42 años presta servicios a estudiantes afectados por el síndrome de Down y otras limitaciones.

La cena fue precedida por una misa en la catedral St. Mary, concelebrada por seis de los siete cardenales, media docena de obispos de la Florida y otras partes del país, y numerosos sacerdotes de la arquidiócesis.

Más de 400 estudiantes de 12 escuelas primarias y secundarias católicas de la arquidiócesis asistieron también a la misa.

La Universidad Católica, fundada en 1887, es la única institución de educación superior fundada por los obispos de los Estados Unidos. Como tal, es la universidad nacional de la Iglesia Católica en los Estados Unidos.

Ubicada en Washington, D.C., a sólo cinco minutos en metro del centro gubernamental, la universidad comparte sus terrenos con la National Shrine of the Basilica of the Immaculate Conception (Capilla Nacional de la Basílica de la Inmaculada Concepción) y el Pope John Paul II Cultural Center (Centro Cultural Papa Juan Pablo II).