HABLA EL PAPA
 VOZ DEL ARZOBISPO
 ARQUIDIÓCESIS
 CALENDARIO
 MUNDO Y NACIÓN
 AMÉRICA LATINA
 EN LA FLORIDA
 CUBA Y LA DIÁSPORA
 INMIGRACIÓN
 ESPIRITUALIDAD
 ENSEÑAZAS DE
 LA IGLESIA
 REFLEXIONES
 BÍBLICAS
 LETRAS / CINE / ARTE
 EN COMUNIÓN
 QUIENES SOMOS
 ENLACES
 ARCHIVO
 BÚSQUEDA
 PORTADA

 

Músicos católicos encuentran
su inspiración en el Señor

Angelique Ruhí-López
La Voz Católica

Dicen que cuando se canta, se ora dos veces. Tres músicos católicos de la Arquidiócesis de Miami hablan sobre la importancia de la música religiosa, y sobre cómo y por qué llegaron a grabar su música en nombre del Señor.

 

Mercy Ferrer

Mercy Ferrer

Jugando con sus muñecas a los cinco años en Cuba, Mercy Ferrer compuso su primera canción, con música y letra: “Mercita es una niña linda que está jugando en su mesa, y todo lo que ella dice lo saca de su cabeza”.

Aunque sus composiciones cambiaron mucho desde esa primera canción, Ferrer dice que toda su música recibió la influencia del hogar “lleno de música y amor” en donde creció.

“Mi madre y mi padre cantaban a dúo. Oía mucha música, y hubo mucho amor y mucha alegría”, señaló Ferrer, la menor de once hermanos.

Aunque Ferrer no estudió música formalmente, empezó a tocar la guitarra de oído a los ocho años.

“La inspiración que el Señor me da es de una forma muy hermosa. Recibo de Él la música, la letra, la armonía y la melodía; la canción completa”, explicó Ferrer, de la parroquia St. Michael.

Ferrer, que se describe a sí misma como una “persona muy alegre, muy positiva, muy agradecida a todos, muy mariana”, es conocida por canciones religiosas y románticas, como “Patroncita del Cobre”, “Novia del Caribe”, “Junto a ti” y “Madrecita Buena”. Pero quizás su canción más conocida sea “Gracias, Señor”, la cual cumplió, en febrero, 46 años de compuesta.

Ferrer compuso esta canción en Cuba, el 13 de febrero de 1959, un mes y medio después de haber sobrevivido a un grave accidente automovilístico. El día que escribió la canción, fue a misa por primera vez después del accidente. Durante la misa, en la iglesia de Madruga, se encontró muy emocionada, y llena de alegría de vivir.

Cuando salió de la misa, y vio el cielo azul y “esa patria tan bella”, dijo: “gracias, Señor”, y allí empezó a sentir las palabras. Detuvo el auto, le pidió un lápiz a un campesino, tomó un papel y, sobre el capó del auto, escribió la letra.

“Esa canción es mi legado al mundo”, dijo Ferrer. “Hay testimonios de personas y sacerdotes que me han dicho que he ganado almas para el Señor con esta canción. No tengo nada, pero tengo tanto… Gano almas para Dios, y soy millonaria”.

 

Orlando Ponce

Orlando Ponce

Orlando Ponce pertenece a un grupo de oración llamado Ágape, de la parroquia St. John Neumann. Una parte integral del grupo es la música de alabanza al Señor y los cantos de meditación. Por esto, Ponce lanzó su producción Tuyo hasta la eternidad, una compilación de cantos de adoración y alabanza, junto con varias canciones de su autoría.

“Es una gran ayuda para todos los que tienen círculos de oración pero no tienen música”, indicó Ponce. “La primera canción, por ejemplo, es un popurrí de alabanzas de casi 22 minutos, para adoración y meditación. Con ese CD, cualquier grupo tiene la música que necesite”.

Tuyo hasta la eternidad es su tercera producción. La primera se llama Momentos, y fue concebida para diferentes fiestas y celebraciones litúrgicas, como el Domingo de Ramos, Pentecostés, el día de las madres y el día de los padres. La segunda producción es Salmos, que consiste de doce salmos con un arreglo musical moderno.

Ponce ha sido ministro de música en St. John Neumann por 17 años. Llegó a Miami de Managua hace 18 años y, sin trabajo, empezó a cantar en restaurantes y fiestas. En una de estas ocasiones, una señora le pidió su tarjeta. Ponce se la dio, pensando que era para que cantara en algún evento. La señora le pidió que cantara en St. John Neumann, y Ponce le dijo que no, pero la señora se apareció en su casa con una cesta de provisiones y comida para él y su familia. Aceptó ir a la parroquia –pero decidió ir sólo una vez. En ese primer día, un miembro de la parroquia le ofreció trabajo, y por no dar la impresión de que era malagradecido, siguió yendo a la iglesia para ayudar al coro. Diez y ocho años después, Ponce sigue siendo ministro de música y está muy involucrado en su parroquia.

“Conocí al Señor, y anexo a mi familia, en esta parroquia”, expresó Ponce.

 

Alma de Rojas

Alma de Rojas

Aunque nació en Pennsylvania, Alma de Rojas lleva a Cuba en su alma. Este amor a la patria de sus abuelos se refleja en su nueva producción, I Lift My Soul / Levanto mi alma, un CD bilingüe de música católica clásica y contemporánea.

De Rojas, que estudió literatura y música en la universidad, se mudó a Miami hace dos años para cursar una maestría en estudios latinoamericanos y del Caribe en Florida International University. Ha viajado a Cuba tres veces en los últimos cinco años para hacer investigaciones sobre la Iglesia Católica de Cuba.

“Desde la primera vez que visité a Cuba en 1999, cuando tenía 18 años, Cuba ha estado en mi mente”, dijo De Rojas, de 24 años. “Es una pasión de mi vida. No paro de pensar en la lucha con que se enfrenta el pueblo cubano diariamente”. Como expresión de esta preocupación, el 50% de las ganancias de la venta del CD irán a beneficio de Cáritas Cuba.

Cubierta del CD de Alma de Rojas

Actualmente, De Rojas es la coordinadora del Cuban Research Institute (Instituo de Investigaciones Cubanas), de FIU, y está escribiendo un libro sobre sus experiencias en Cuba, titulado, tentativamente, Alma de Cuba. También canta en la parroquia de St. Agatha.

“Estoy apasionada por Cuba”, expresó De Rojas. “Siento que este CD refleja las tres pasiones que sirven como los fundamentos de mi vida y mi identidad: mi interés en Cuba, mi música y mi fe”.

 

Los discos de estos cantantes pueden comprarse en las parroquias respectivas de cada músico, o en librerías católicas.