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Diócesis
peruana emprende gran misión evangelizadora
P. Alfonso Obando Manayay
Especial para La Voz Católica
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Catequistas campesinos en cursillo de formación doctrinal. Foto
cortesía del P. Alfonso Obando Manayay |
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La diócesis de Chiclayo, en la costa norte del
Perú, ha asumido un gran reto en este año 2005, Año de la
Eucaristía, al inicio del Tercer Milenio, como preparación de
sus Bodas de Oro y del cuarto centenario de la muerte de Santo
Toribio de Mogrovejo, gran Arzobispo misionero en los inicios de
la fe en el territorio peruano.
El asesoramiento general de la Misión lo tiene a
cargo Mons. José Ignacio Alemani, director del Movimiento
“Evangelización Siempre”
Se ha formado un equipo llamado la Comisión
Central Diocesana, conformada por cuatro sacerdotes, una
religiosa y tres laicos. Luego se han formado otras comisiones
secundarias para las diferentes necesidades: económica, prensa y
propaganda, concursos, preparación de guiones… Y otras
comisiones surgirán a continuación.
Esta misión está organizada en tres etapas: La
Pre-Misión, que dio inicio el mes de noviembre pasado; cada
parroquia ha conformado sus Comisiones Parroquiales, que han
tenido a su cargo la realización del censo parroquial, familia
por familia, con el fin de conocer mejor la realidad religiosa y
social de su comunidad.
Se tuvieron varias reuniones en cuatro zonas
pastorales de la diócesis con las Comisiones Parroquiales para
animarles, explicarles y ayudarles en todas las actividades que
se realizarán con motivo de la Misión Diocesana.
Pronto estarán censados los 1’230,000 habitantes de la diócesis
en cuatro provincias: Lambayeque, Chiclayo, Ferreñafe y Santa
Cruz.
Durante estos meses, todas las parroquias están
convocando a quienes quieran convertirse el Laicos Misioneros;
se espera contar con 10,000 voluntarios, y desde el mes de abril
hasta agosto recibirán en sus mismas parroquias la debida
preparación, con un cuadernillo de guiones que les capacitará
para dar a conocer, defender y estar seguros de la fe católica;
además, recibirán un curso para ser visitadores o
evangelizadores casa por casa.
Ya en el mes de septiembre, todos los laicos
misioneros saldrán casa por casa a visitar las familias,
compartiendo con ellos sus conocimientos, inquietudes y
soluciones a las situaciones que los files de la comunidad les
presenten. Se tiene que repartir abundante material para ayudar
a la formación y preparación de los católicos. Además de las
casas, se tiene que visitar instituciones, grupos humanos,
centros comerciales y todo lugar; por ejemplo, los lugares de
recreación, de reuniones deportivas o sociales, y las famosas
cabinas de internet en donde siempre hay gran cantidad de gente.
Ya en el mes de octubre se está en el tiempo
central de la Misión: Los primeros quince días serán dedicados a
la Misión en la zona urbana, iniciando la primara semana con las
asambleas familiares, por barrios, calles, zonas, en las cuales
se compartirá temas-guiones especiales para cada día, y en
conexión con la radio se tendrán buenas conclusiones. En la
semana siguiente se organizarán jornadas con grupos humanos como
niños, jóvenes, adultos, enfermos, autoridades, etc. Durante
este tiempo, los casi 100 sacerdotes de la diócesis serán
intercambiados entre las distintas parroquias.
En las dos semanas siguientes tendrá lugar la
Misión en la Zona Rural: los misioneros irán a los rincones más
alejados de la comunidad para allí también compartir su fe,
agruparlos, animarlos, celebrar y motivarles a la vivencia de
los sacramentos, la oración y la caridad.
Claro está que toda la Misión tiene como fin
animar a los cristianos a vivir su fe, la cual nos da la
felicidad y, más aún, la vida eterna; nos da los medios para ser
mejores. Por tal razón se motivará la recepción de los
sacramentos, la participación mayor en la Santa Misa dominical (Sólo
el 10% de la población va a misa los domingos, pero, cuando hay
misa de difuntos, las iglesias está repletas, pero sin más
compromisos), para que así todas las parroquia crezcan en su
vida pastoral y aumenten las vocaciones y el número de los
laicos que se decidan a trabajar en misión en otros países en
misión.
El Obispo de la Diócesis de Chiclayo, Mons. Jesús
Moliné Labarta, es el primer misionero que anima a todos los
responsables de la pastoral diocesana a asumir la Misión con el
espíritu que animó a San Pablo, y a llevar el mensaje de Jesús a
todos, a tiempo y a destiempo; de esta manera se hará realidad
la tan deseada Civilización del Amor.
Desde noviembre se realizará la Post Misión, con
la constitución oficial de las Asambleas Familiares y otros
grupos o movimientos de Iglesia que surjan como fruto de la Gran
Misión Diocesana.
Se espera que la Comunidad Católica asuma con
seriedad su compromiso cristiano, y que así, en el 2006, se
celebre con gozo los dos acontecimiento que marcan la historia
de la Iglesia en esta zona del Perú: los 50 años de la diócesis
y los 400 años de la muerte de Santo Toribio en tierras
chiclayanas.
Secretario Ejecutivo de la Misión
Diócesis de Chiclayo – Perú
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