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6
de marzo de 2005
4o Domingo de Cuaresma [Ciclo A]
Evangelio según San Juan 9:1-9, 13-17, 34-38
En aquel tiempo, al pasar, Jesús se encontró con un ciego de
nacimiento… hizo un poco de lodo con tierra y saliva. Untó con
él los ojos del ciego y le dijo: “Anda a lavarte en la piscina
de Siloé” [que quiere decir: El Enviado]. El ciego fue, se lavó,
y cuando volvió veía claramente. Sus vecinos y los que lo habían
visto pidiendo limosna, decían: “No es éste, acaso, el que venía
a sentarse y pedía limosna?” Unos decían: “Es él”. Otros decían
que no, sino que era parecido. El decía: “Sí, soy yo”… Era
sábado cuando Jesús hizo lodo y abrió los ojos al ciego. Los
judíos, pues, llevaron ante los fariseos al que hasta entonces
había sido ciego, y otra vez, los fariseos le preguntaron cómo
había sanado de la ceguera. Contestó él: “Me puso barro en los
ojos, me lavé y veo”. Algunos fariseos decían: “Ese hombre no es
de Dios porque trabaja en día sábado”. Pero otros se preguntaban:
“¿Cómo puede ser pecador un hombre que hace signos como éste?”
“Y tú,¿qué piensas de él, puesto que te ha abierto los ojos?” El
contestó: “Es un profeta”… Le contestaron ellos: “Desde tu
nacimiento estás en pecado ¿y vienes a darnos lecciones a
nosotros?” y lo expulsaron. Jesús supo que lo habían expulsado,
y al encontrarlo le dijo: “¿Crees tú en el Hijo del Hombre?”
Éste le contestó: “¿Quién es, Señor, para que crea en él?” Jesús
le dijo: “Tú lo estás viendo. Soy yo, el que habla contigo”. El
dijo: “Creo, Señor”, y se arrodilló ante él.
Comentario breve:
El pasaje de hoy se centra en el tema de la luz y la
oscuridad. A través de todo el tiempo de cuaresma, la metáfora
de la luz y de la sombra refleja el camino de Jesús opuesto a
los caminos del pecado. Cuando el Evangelio fue escrito, la
relación entre los judíos cristianos y la sinagoga era tensa,
especialmente con la creciente visión cristiana de que Jesús era
el verdadero Dios. Este conflicto tuvo como resultado la
excomunión de los judíos cristianos de la sinagoga. La narrativa
de hoy refleja la crisis histórica y la ira de los judíos
cristianos. El nombre de la piscina le recordó a los lectores de
Juan “El enviado” para curar la ceguera espiritual; Juan
escribió acerca de una cura física para recordarnos la ceguera
espiritual. La lectura es rica en significados: a) Al usar la
saliva y la cal para hacer barro con ellas, y al sanar, Jesús
violó la regla del sábado; b) Los que piensan que pueden ver (en
el caso de los judíos) están en realidad ciegos; c) El que era
ciego de nacimiento corrió un riesgo al aceptar la invitación de
Jesús y terminó viendo; d) Sus padres se negaron a correr el
riesgo y permanecieron ignorantes. ¡No hay peor ciego que el que
se niega a ver!
Tres ideas importantes de la lectura:
-
Jesús es
ciertamente la luz del mundo.
-
En
nuestro bautismo fuimos sumergidos en Cristo que nos da la
luz a la cual nos llama Dios.
-
Jesús
niega el vínculo entre pecado y sufrimiento, en oposición a
la creencia judía que los pecados de los padres los
heredaban los hijos (Éxodo 20:5).
Para la reflexión:
-
¿Ve usted la enfermedad y el sufrimiento como castigos de
Dios por algo malo que usted hizo? ¿Qué puede aprender de la
historia de hoy?
-
¿Dónde radica su ceguera en esta Cuaresma? ¿En qué áreas
necesita luz? Explique.
13 de marzo de 2005
5o Domingo de Cuaresma [Ciclo A]
Evangelio según San Juan 11: 3-7, 17, 20-27, 33-45
En aquel tiempo… las dos hermanas de Lázaro mandaron decir a
Jesús: “Señor, el que amas está enfermo”. Jesús, al oírlo,
declaró: “Esta enfermedad no es de muerte, sino para gloria de
Dios, y por ella se manifestará la gloria del Hijo de Dios”.
Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin
embargo, cuando se enteró de que Lázaro estaba enfermo, se quedó
allí dos días más. Después dijo a sus discípulos: “Volvamos a
Judea”… Cuando llegó Jesús, Lázaro llevaba cuatro días en el
sepulcro… Cuando Marta supo que Jesús venía en camino, salió a
su encuentro, mientras que María permaneció en casa. Marta, pues
dijo a Jesús: “Si hubieras estado aquí, mi hermano no habría
muerto. Pero cualquier cosa que pidas a Dios, yo sé que Dios te
la dará”. Jesús dijo: “Tu hermano resucitará”. Marta respondió:
“Yo sé que resucitará en la resurrección de los muertos en el
último día”. Jesús dijo: “Yo soy la Resurrección y la Vida. El
que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá; y el que haya creído
en mí, no morirá para siempre.¿Crees esto?” Ella contestó: “Sí,
Señor, yo siempre he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de
Dios que ha de venir a este mundo”… Al ver Jesús el llanto de
María y de todos los judíos que estaban con ella, se conmovió
hasta el alma. Preguntó: “¿Dónde lo enterraron?” Le contestaron:
“Señor, ven a ver”. Y Jesús lloró. Los judíos decían: “¡Miren
cuánto lo quería!” Otros decían: “Si pudo abrir los ojos al
ciego, bien podría haber hecho algo para que Lázaro no muriera”.
Jesús, conmovido de nuevo interiormente, se acercó al sepulcro,
que era una cueva tapada con una piedra. Jesús ordenó: “Saquen
la piedra”. Marta, hermana del muerto, le dijo: “Señor, tiene
mal olor, pues hace cuatro días que murió”. Jesús le respondió:
“¿No te he dicho que, si crees, vas a ver la gloria de Dios?”
Quitaron, pues, la piedra. Jesús levantó los ojos al cielo y
exclamó: “Te doy gracias, Padre, porque has escuchado mi oración.
Yo sé que siempre me oyes. Pero digo esto por la gente que está
aquí, para que crean que Tú me has enviado”. Al decir esto,
gritó muy fuerte: “¡Lázaro, sal fuera!” Y salió el muerto. Tenía
las manos y los pies vendados, y la cabeza cubierta con un velo,
por lo que Jesús dijo: “Desátenlo y déjenlo caminar”. Muchos
judíos que habían ido a ver a María creyeron en Jesús cuando
vieron lo que hizo.
Comentario breve:
La historia de la resurrección de Lázaro es muy conmovedora
porque nos muestra el amor profundo que Jesús sentía por esta
pequeña familia. Es la narrativa más larga en el Evangelio de
Juan aparte de la Pasión, y es el culmen de los signos narrados
en la primera parte del Evangelio. Este último milagro, escrito
sólo por Juan, precede a la decisión del Sanedrín de matar a
Jesús. El tema de la semana pasada fue el de Jesús como luz. En
el evangelio de hoy, Jesús es la resurrección y la vida, y
Lázaro es el signo. María y su hermana Marta nos son conocidas
de la lectura de Lucas 10:38-42. Sus personalidades siguen
siendo las mismas. Marta es la más dominante y activa, y María
se sienta, y en este caso, se postra a los pies del Señor. Sin
embargo, las dos creen que Jesús es el Cristo y que incluso
después de la muerte lo que él le pida a Dios, Dios se lo
concederá. En su oración de gracias y petición, Jesús se dirige
a Dios como Abba, una palabra aramea que demuestra una intimidad
filial. La palabra abba no había sido usada anteriormente en las
fuentes judías contemporáneas para dirigirse a Dios.
Tres ideas importantes de la lectura:
-
Jesús es
la resurrección y la vida para todos aquellos que creen que
él es el Mesías.
-
Las
palabras de Jesús acerca de la resurrección de Lázaro
anticipan su propia resurrección en la Pascua que tendrá
lugar en sólo dos semanas.
-
El amor
sanador de Dios se revela a través de las acciones de su
Hijo.
Para la reflexión:
-
¿Amo y me preocupo por mi familia y amigos de la misma forma
que Jesús lo hizo por estos tres amigos?
-
¿Puedo llorar con los demás y acompañarles en su sufrimiento?
Explique.
20 de marzo de 2005
Domingo de Ramos [Ciclo A]
Evangelio según San Mateo 22:11-54
El
Domingo de Ramos
leemos dos evangelios. El primero es Mateo
21:1-11, el cual escuchamos durante la procesión al principio de
la Liturgia y que acompaña el ritual de la bendición de las
palmas. Destaca cómo la entrada de Jesús en Jerusalén sobre un
burro cumple la profecía de Zacarías 9:9.
El segundo evangelio se lee durante la Liturgia de la
Palabra e incluye casi el 13% del Evangelio de Mateo que es el
Evangelio del Ciclo A. Proclamar esta larga narrativa de la
Pasión es una tradición muy antigua de la Iglesia que data del
siglo IV.
La lectura comienza con la traición de Judas; continúa con
la Ultima Cena y sigue con la Agonía en el Huerto de los Olivos
que nos introduce al juicio, la crucifixión y la muerte. La
narrativa concluye con la sepultura: “Fueron al sepulcro y lo
aseguraron, sellando la piedra y poniendo centinelas”.
Comentario breve:
Mateo escribió su Evangelio cerca del año 85 y es probable
que no haya sido un testigo ocular de los eventos históricos. La
fe de Mateo surgió de su experiencia del Cristo resucitado, y
esa experiencia transformó su vida al igual que puede
transformar la nuestra. Su narrativa de la Pasión es casi
idéntica a la de Marcos y comienza sugiriendo que el motivo de
la traición de Judas fue avaricia y que las 30 monedas de plata
cumplieron la profecía de Zacarías 11:12. Más tarde cuando Pedro
promete lealtad, Jesús predijo que lo iba a negar. Podemos ver a
estos discípulos como figuras históricas con cualidades y
debilidades únicas, pero también los podemos ver como
representantes de todos los cristianos. Al escuchar este relato
podemos comparar sus reacciones y sentimientos a los nuestros en
circunstancias similares. Después del juicio, algunos personajes
inesperados se acercaron para ayudar a Jesús: Simón de Cirene,
María de Magdala, y José de Arimatea; todos son signos de que
Dios está presente y activo en los lugares más inesperados. La
lectura de la Pasión del Domingo de Ramos prepara el escenario
para todos los eventos de Semana Santa. Por ejemplo: el Jueves
Santo, cuando la Iglesia celebra la institución de la Eucaristía,
la lectura de ese día es el lavado de los pies del Evangelio de
Juan y no el relato de la Ultima Cena. La lectura de hoy termina
apropiadamente cuando cierran la tumba.
Tres ideas importantes de la lectura:
-
Jesús
tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio a sus discípulos.
Nosotros también estamos llamados a ser bendecidos, partidos,
y entregados a otros en amor y servicio.
-
Es en el
contexto de nuestra experiencia comunitaria que somos
transformados por la Pasión, la muerte, y la Resurrección de
Jesucristo.
-
En el
instante que Jesús muere, “el velo del Santuario se rasgó en
dos…” (27:51), posiblemente significando que ahora, por la
muerte de Jesús, todos tenemos acceso a la presencia de Dios.
Para la reflexión:
-
¿Con quién me identifico: con Judas, Pedro, María la Madre
de Jesús, María de Magdala, Simón de Cirene, o José de
Arimatea? Explique.
-
¿He experimentado algún a vez la agonía, el rechazo, la
traición y el abandono que sufrió Jesús? ¿Cómo me he
enfrentado a esto? ¿Puedo aprender algo de la lectura de hoy?
27 de marzo de 2005
Domingo de Pascua [Ciclo A]
Lectura del Evangelio según San Juan 20:1-9
El primer día de la semana, muy temprano, cuando todavía
estaba oscuro, María Magdalena fue a visitar el sepulcro. Vio
que la piedra de entrada estaba removida. Fue corriendo en busca
de Simón Pedro y del otro discípulo, el amigo de Jesús, y les
dijo: “Han sacado al Señor de la tumba y no sabemos dónde lo han
puesto”. Pedro y el otro discípulo partieron al sepulcro.
Corrían los dos juntos. Pero el otro discípulo corría más que
Pedro y llegó primero al sepulcro. Se agachó y vio los lienzos
en el suelo, pero no entró. Después llegó Pedro. Entró a la
sepultura y vio los lienzos en el suelo. El sudario que había
cubierto el rostro de Jesús no estaba junto con las vendas, sino
aparte y doblado. El otro discípulo que había llegado primero,
entró a su vez, vio y creyó. Aún no había comprendido la
Escritura, según la cual Jesús debía resucitar de entre los
muertos.
Comentario breve:
“La Resurrección de Jesús es la verdad culminante de
nuestra fe en Cristo, creída y vivida por la primera comunidad
cristiana como verdad central, transmitida como fundamental por
la Tradición, establecida en los documentos del Nuevo Testamento,
predicada como parte esencial del Misterio Pascual al mismo
tiempo que la Cruz: Cristo ha resucitado de los muertos, con su
muerte ha vencido la muerte. Y a los sepultados ha dado la vida”.
(Catecismo de la Iglesia Católica #638)
En el relato de hoy, Mateo nos muestra tres reacciones
diferentes ante la tumba vacía. María de Magdala pensó que se
habían robado el cuerpo. Todavía no creía. Los próximos en
llegar son el discípulo amado y Pedro. Quizás porque era el más
joven, el Discípulo Amado llega primero, pero en deferencia a la
posición de Pedro en la comunidad lo deja entrar primero a la
tumba. Ambos vieron los lienzos en el suelo y el sudario aparte
y doblado. Pedro se quedó perplejo, pero el otro discípulo: “vio
y creyó”.
Tres ideas importantes de la lectura:
-
La tumba
vacía no es en sí misma prueba de la resurrección. Sólo por
la fe podemos aceptar la Resurrección.
-
El
Discípulo Amado vio muy poco, pero creyó.
-
Los
evangelios fueron escritos varios años después de la
Resurrección, por tanto reflejaban la fe de las primeras
comunidades cristianas.
Para la reflexión:
-
¿Puedo verme a mí mismo en esta historia? ¿Quién soy?
¿María, Pedro, o el Discípulo Amado?
-
¿Cómo mi fe en la Resurrección afecta la forma en que vivo?
Explique.
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