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Una madre va de maestra suplente
a Directora del Año

Ana Rodríguez-Soto
The  Florida Catholic

Betty Furmanick.
Foto por Ana Rodríguez-Soto.

Betty Furmanick recuerda su primer día de clases en la escuela St. John the Apostle. Era simplemente una de las madres, a quien se le había dicho el viernes que hacía falta una maestra para enseñar una clase de octavo grado el lunes.

“Cuando entré al aula, las rodillas me temblaban. Me habían dicho: ‘no sonrías hasta Navidad’. Aquello duró tres días”, recuerda Furmanick.

Ese día comenzó su carrera profesional de 26 años en St. John: los primeros siete años como maestra; los nueve siguientes como subdirectora, y los últimos 10 como directora, cargo en el que acaba de ser reconocida como Distinguished Principal (Directora Distinguida) de 2005 por la National Catholic Educational Association (Asociación Nacional Católica de Educación), un premio nacional que compartió con once colegas de todo el país. Es la tercera vez que esta distinción es conferida dentro de la arquidiócesis desde el año 2000.

“Dios me impulsó a este lugar. Yo ni siquiera me había graduado en educación”, dijo Furmanick, que en la época en que fue contratada se encontraba en su casa ocupándose de sus dos hijas, las que ahora cuentan 36 y 31 años de edad. En el transcurso de esos años, Furmanick adquirió una licenciatura en educación y una maestría en administración. Ella y su esposo viven aún en Hialeah, adonde se mudó de su natal Massachussets con su familia cuando era estudiante de secundaria, y dice que nunca ha pensado en marcharse de allí, como tampoco de su escuela.

“Amo absolutamente el ambiente de St. John The Apostle”, afirmó. Y el amor es mutuo.

“Es un ser humano tremendo”, afirmó Denia Izquierdo, administradora de la oficina de la escuela, que trabaja allí desde hace 21 años, y cuya hija tuvo a Furmanick como maestra de quinto grado.

“Los recuerdos que mi hija tiene de ella son maravillosos”, señaló Izquierdo. “Además de ser la directora, es nuestra amiga, la persona con quien se puede hablar cada vez que sea necesario. Todos los maestros piensan lo mismo”.

Furmanick practica la misma política de puertas abiertas con los estudiantes. “Quiero que todos puedan entrar en mi oficina, sentarse y decirme qué les pasa”.

Su “filosofía” como directora es igualmente sencilla: “Creo mucho en no decirle a la gente lo que tiene que hacer. Cuando la gente se siente involucrada, asume su responsabilidad. Yo estoy aquí para servirlos a ellos”.

Furmanick “no actúa como si tuviera todas las respuestas; al contrario: pide opiniones sobre cómo ocuparse mejor de las necesidades de la escuela y de los estudiantes”, escribió Pete Cabrera, padre de uno de ellos, en una carta para recomendar la designación de Furmanick como directora distinguida.

Entre las innovaciones que ella ha aportado a St. John se encuentran: el programa Very Involved Parents (Padres Muy Comprometidos), para incrementar la participación de los padres en la vida de la escuela; las competencias de elocución, para que los niños de kindergarten a octavo grado desarrollen la habilidad de hablar en público, y la Author’s Always Writing Academy (Academia de los Autores que Escriben Siempre), un programa para fomentar la capacidad literaria de los estudiantes más avanzados en la lengua inglesa. Estos alumnos, a su vez, ayudan a otros estudiantes en sus ensayos de escritura; también escriben e ilustran sus propios libros, que después leen a toda la escuela.

Furmanick expresa su admiración por los padres de sus estudiantes, muchos de ellos trabajadores “que se sacrifican para enviar a sus hijos aquí”.

La Directora Distinguida del Año no se concibe a sí misma fuera del sistema católico de educación. “En St. John puedo practicar plenamente lo que creo. Puedo vivir mi fe en mi trabajo. Y puedo estar con los niños”, dijo Furmanick. “Soy una mujer muy dichosa. He recibido una bendición de Dios: hacer lo que amo”.