La vocación de la Iglesia
no es administrar lo temporal
ACI
En un mensaje dirigido el 14 de febrero al presidente de la
Conferencia Episcopal Francesa (CEF) y Arzobispo de Burdeos,
Mons. Jean-Pierre Ricard, el Papa Juan Pablo II aseguró que “el
principio de laicidad, correctamente entendido, pertenece
también a la Doctrina Social de la Iglesia”.
Este principio, agregó, “recuerda la necesidad de una justa
separación de poderes en la que resuena la invitación de Cristo
a sus discípulos: ‘Dad al César lo que es del César y a Dios lo
que es de Dios’. La Iglesia no tiene vocación de administrar lo
temporal, pero, al mismo tiempo, es necesario que todos trabajen
en pro del interés general y del bien común”, añadió el
pontífice.
En su carta –escrita a la luz del centenario de la promulgación
de la ley de separación entre la Iglesia y el Estado francés–,
el Papa explicó que “el cristianismo ha desempeñado y desempeña
todavía un papel importante en la sociedad francesa, tanto en el
ámbito político, como filosófico, artístico o literario”; y
agregó que “no se puede olvidar el lugar fundamental de los
valores cristianos en la construcción de Europa y en la vida de
los pueblos del continente. El cristianismo ha modelado en gran
parte el rostro de Europa”, señaló, “y toca a los hombres y
mujeres de nuestros días edificar la sociedad europea sobre los
valores que han presidido su nacimiento y que son parte de su
riqueza”.
Asimismo, se refirió a las relaciones entre la Iglesia y las
autoridades civiles francesas, y pidió que “los valores
religiosos, morales y espirituales que son parte del patrimonio
de Francia, que han modelado su identidad y forjado generaciones
desde los primeros siglos del cristianismo, no caigan en el
olvido”.
El Santo Padre recordó que “la ley de separación de 1905, que
denunciaba el Concordato de 1804, fue un acontecimiento doloroso
y traumático para la Iglesia en Francia, ya que regulaba la
forma de vivir francesa según el principio de laicidad y
relegaba al mismo tiempo el hecho religioso a la esfera privada,
sin reconocer ni a la vida religiosa ni a la institución
eclesial un lugar en el seno de la sociedad”.
“Sin embargo, desde 1920 el gobierno francés ha reconocido de
alguna forma el lugar del hecho religioso en la vida social”,
afirmó el Papa, y agregó que, a lo largo del siglo pasado, se
estableció el diálogo entre Iglesia y Estado, se instauraron
relaciones diplomáticas y se firmó un acuerdo en 1924,
permitiendo así “la superación de diversas dificultades”.
“Francia tiene que regocijarse de contar con hombres y mujeres
que se basan en el Evangelio para servir a sus hermanos en la
humanidad y difundir armonía, paz, justicia, solidaridad y buen
entendimiento entre todos”, continuó.
Asimismo, el Santo Padre se refirió a “la crisis de valores y la
falta de esperanza que se difunde en Francia y en general en
todo Occidente”, y que “forma parte de la crisis de identidad
que atraviesan las sociedades modernas actuales”.
“La Iglesia”, subrayó el pontífice, “se interroga sobre esa
situación y desea que los valores religiosos, morales y
espirituales que son parte del patrimonio de Francia, que han
modelado su identidad y forjado generaciones desde los primeros
siglos del cristianismo, no caigan en el olvido”.
El Papa exhortó a los fieles franceses a “apoyarse en su vida
espiritual y eclesial para conseguir la fuerza de participar en
la vida pública”, e instó a la colaboración y no al antagonismo
entre el ámbito religioso y el civil. “En razón de vuestra
misión estáis llamados a intervenir con regularidad en el debate
público sobre los grandes temas de la sociedad”, afirmó el Papa
a los obispos.
“Sé que estáis muy atentos a la presencia de la Iglesia en los
lugares donde se plantean los interrogantes grandes y terribles
del sentido de la existencia humana”, especialmente en los
hospitales y escuelas. “El Estado debe garantizar a las familias
que lo deseen la posibilidad de que sus hijos reciban la
catequesis necesaria”, afirmó.
El Papa concluyó su carta manifestando su “confianza en el
futuro de un buen entendimiento entre todos los componentes de
la sociedad francesa.¡Que nadie tenga miedo del testimonio
religioso de las personas y de los grupos sociales! Si se vive
respetando, una sana laicidad es fuente de dinamismo y promoción
del ser humano”.
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