|
Para escuchar en Semana Santa: la Misa en si menor BWV 232
de Bach

Jesús Vega / Especial para La Voz Católica
Siempre que hacemos referencia a la música que desearíamos
escuchar durante la Semana Santa, nos vienen a la mente dos
obras cumbres de Juan Sebastián Bach: La Pasión según San
Mateo, BWV 244, y La Pasión según San Juan, BWV 245 (BWV
indica la catalogación de las obras o el opus de Bach,
seguido del número específico que corresponde a cada cuerpo
creativo), e incluso el Oratorio de Semana Santa BWV 249.
Todas estas composiciones llevan en sí el espíritu de dolor y
esperanza que caracteriza a este momento crucial en el
calendario litúrgico. Sin embargo, la Misa en si menor BWV
232 es otra incursión en la música sacra del genio de
Eisenach que no puede pasar inadvertida, si deseamos apartarnos
un poco del camino trillado de lo tradicional.
¿Por
qué digo esto? Porque la Misa en si menor BWV 232 viene a
ser como una especie de antología, una colección de “lo mejor”
de la música sacra que Bach compuso en los últimos años de su
vida. En el período transcurrido entre 1730 hasta bien entrada
la década de 1740 (Bach falleció en 1750), el maestro de
maestros creó varios kunstbücher (libros de arte,
literalmente); un grupo de obras clave donde se destacan El
Arte de la Fuga, los cuatro volúmenes del Clavier Übung,
y diecisiete corales de varios tipos. Algunas de esas antologías
fueron publicadas, o quedaron en el intento de publicación,
mientras que otras, como la Misa, no corrieron esa suerte.
Bach dejó estas composiciones menos “comerciales” a sus
herederos tanto físicos como espirituales, para que las
preservaran y diseminaran entre todos aquellos que estuviesen
interesados.
Los
estudiosos de la obra de Bach sustentan sus teorías de la
“antología” en lo siguiente: con la excepción de los cuatro
compases de apertura del primer Kyrie, parece que cada
movimiento de la Misa es un replanteo de una composición
vocal existente, ya sea sacra o profana. Y al menos uno de sus
movimientos, el Crucifixus, data de su etapa de trabajo
en la ciudad de Weimar. Por su parte, el Kyrie y el
Gloria fueron creados en 1733, como piezas de presentación
ante el Elector de Sajonia y el Rey de Polonia, ante quienes el
compositor pretendía (y logró) la valiosa posición de Compositor
de la Corte. Asimismo, el Sanctus, según los
historiadores, es una revisión cuidadosa y sutil del texto
escrito para su ejecución el Día de Navidad de 1723 en Leipzig.
Sin embargo, es preciso destacar que el Symbolum Nicenum
(la sección del Credo), y los movimientos finales de la
Misa, se añadieron a finales de la década de 1740,
cuando la visión y la salud de Bach ya estaban bastante
quebrantadas.
Si
bien es cierto que gran parte de los componentes de la Misa
pudieron haber sido interpretados en los servicios
religiosos de Leipzig, Bach jamás llegó a dirigir ninguna
presentación de la obra. Por ironías de la historia, su primera
presentación completa de esta colección de lo mejor de su musica
vocal, no se produjo aparentemente hasta después de un siglo de
la muerte del músico.
Pero, a pesar de lo anterior, sí hubo un gran interés entre los
conocedores que vivieron con posterioridad al fallecimiento de
Bach, así como después del redescubrimiento general de la música
bachiana, que despertó la interpretación de La Pasión según
San Mateo BWV de Félix Mendelssohn-Bartholdy, con la
orquesta y coro Berlin Singakademie en 1829. Por su parte, Carl
Philipp Emanuel Bach (uno de los hijos del compositor) estuvo al
frente de la ejecución de Symbolum Nicenum en la ciudad
de Hamburgo en el año 1784, ocasión en que la obra fue precedida
por una breve introducción musical de su propia cosecha. Además,
el propio Franz Joseph Haydn poseía una copia de la Misa,
mientras que, según se cuenta, Beethoven trató infructuosamente
de obtener una.
¿Qué cualidades motivaron la reverencia de todos estos músicos
por esta gran obra sacra? Independientemente de la fuerza
espiritual de las “Pasiones”, la Misa en si menor viene a
ser un recuento en la distancia de la obra vocal de Juan
Sebastián Bach, una recopilación bien analizada de piezas
preferidas por su profundidad y potencia. Este material creado a
partir de un grupo heterogéneo de obras de varios períodos, se
recompone en un cuerpo orgánico en el cual el texto y el acto
musical se reconocen. Está, en definitiva, entre las
composiciones de Bach que manifiestan más abiertamente, en su
monumentalidad casi exagerada (lo que dificulta su uso
litúrgico) la coordinación de ideas, la armonía gestual y la
alianza que existe secretamente entre cada contradicción
interna.
No
hay dudas de que la Misa en si menor BWV 232 es un
componente indispensable en esta instancia de recogimiento, de
espiritualidad, de misterio y revelación, que es la Semana
Santa. Recomiendo especialmente una grabación de la casa
discográfica Harmonia Mundi (HMX 2908110.12), a cargo de
las agrupaciones Collegium Vocale y La Chapelle Royale,
respectivamente, que viene acompañada de un interesante disco
compacto interactivo, dedicado a la vida y obra de Bach.
|